domingo, 24 de octubre de 2010

Los hombres que no amaban a las mujeres - Stieg Larsson

domingo, 24 de octubre de 2010

8 floritos
Vargas Llosa y Suecia han estado en boca de todos estos días. Y una de las novelas más comentadas de ese país pude descubrirla, como muchos, gracias a un emocionado comentario de nuestro flamante premio Nobel, publicado en el 2009. Ante tamaña muestra de entusiasmo, la curiosidad era inevitable. Y ahora, un año después, he podido disfrutar de la trilogía Millenium.

La vida del protagonista Mikael Blomkvist da un vuelco, mas o menos, también en un año. Los 365 días comprendidos entre dos navidades son el tramo que recorre la primera novela de la serie: Los hombres que no amaban a las mujeres. Y en este relato, en el que transcurren innumerables aventuras y personajes de todo tipo, destaca la imagen de la otra protagonista: Lisbeth Salander, un personaje inolvidable.

Respecto al lenguaje, este es bastante sencillo y hasta un poco pobre, con demasiadas repeticiones, donde la parquedad del estilo queda supeditada a privilegiar la acción y el desarrollo de la trama, que casi no para y esta repleta de acción, disparos, sexo, sorpresas, sadomasoquismo y esas cosas (ya falta poco para el estreno, con bastante retraso, de la película por estos lares). En esto de las limitaciones del lenguaje y la acción imparable me hizo acordar un poco a El Código Da Vinci de Dan Brown. Cierto también que se pierden un montón de páginas, tomando cafe, comiendo Billy Pan Pizzas y describiendo la ropa de los personajes (pero Murakami también y nos encanta ¿no?).

Millenium no es solo una novela policial o negra. Creo que busca ser una novela total (eso se nota más en las siguientes partes de la saga), donde se refleje toda la sociedad sueca en general y muchas de sus instituciones: prensa, empresa privadas, policía, instituciones estatales etc. Y además, es una obra que trata de reinterpretar parte del legado de la literatura sueca o al menos, de dos de sus personajes. Al menos según el autor, Lisbeth Salander sería la versión moderna de
Pippi Calzaslargas, la niña rebelde y Michael Blomkvist, al que no en vano le dicen Kalle Blomkvist, una versión actualizada del niño detective del mismo nombre.

Hay referencias a otras autoras de novelas de misterio como Val McDermid, Elizabeth George, Sue Grafton. Y en general, se nota que el autor es un apasionado por las novelas policiales. En el capítulo 15 describe la biblioteca del lugar donde se encontraba:
Allí habría unos cincuenta libros. Aproximadamente la mitad eran novelas negras, edición de bolsillo, pertenecientes a la serie Manhattan de la editorial Wahlström. Mickey Spillane aparecía en títulos como No esperes ninguna clemencia, con la clásica portada de Bertil Hegland. También encontró media docena de libros Kitty, algunos ejemplares de Los cinco de Enid Blyton y un volumen de Los detectives gemelos de Sivar Ahlrud: El misterio del metro. Mikael sonrió con nostalgia. Tres libros de Astrid Lindgren: Los niños de Bullerbyn, El superdetective Kalle Blomkvist y Rasmus, y Pippi Calzaslargas.

Creo que no es casualidad que muchos de los autores mencionados sean mujeres. Y es que el libro tiene un enfoque, no diré feminista, pero que tiene como punto central a la mujer y la violencia que se ejerce contra ella que se inicia desde el título, encabeza los epígrafes de cada una de las 4 partes en las que esta dividida el volumen y atraviesa todo el texto.

Y uno de los libros que se me vino a la mente mientras leía éste, era la monumental 2666 de Roberto Bolaño. Ambas son dos novelas póstumas, publicadas el mismo año (2004), terminadas cuando sus autores contaban con 50 años, voluminosas, con muchísimos personajes, con bastante violencia y crímenes contra mujeres, pero sobretodo ambas son un fresco de la sociedad moderna, globalizada y salvaje, que serán recordadas en los recuentos de las novelas de la última década.
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jueves, 7 de octubre de 2010

¡¡Gracias Mario!!

jueves, 7 de octubre de 2010

11 floritos
Es curioso, hace un año (again) comentábamos que Vargas Llosa "matemáticamente" podía ganar el Nobel. Y es que él mismo y muchos otros, ya casi le habían echado tierra al asunto. Hasta que el día llegó. Ahora podemos decir que ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2010. Así como lo leen. Por fin.



Primero que nada debo decir que no me considero un hardcore fan de Mario Vargas Llosa. Mi escritor peruano favorito es y será Julio Ramón Ribeyro. Y esto es algo que viene desde que tengo memoria. Recuerdo que, cuando estaba en el colegio, leí una antología de La Palabra del Mudo, con relatos excepcionales como "Alienación" o "Silvio en el Rosedal" y, al poco tiempo, leí un cuento de Vargas Llosa: "Día domingo". No me fue muy difícil elegir el que más me gustó.

Sin embargo, con el correr de los años fui leyendo varias de sus obras, no todas, solo algunas, pero que han impactado profundamente en mí, por su extraordinaria calidad, su exquisito manejo de la técnica y sobretodo por la enorme credibilidad y empatía que generan sus personajes. Pocas veces me he sentido tan identificado con alguien como en dos de sus novelas: La ciudad y los perros y Conversación en la Catedral: La primera la leí cuando, como el protagonista, estaba en el último año del colegio; la segunda, al igual que Zavalita, cuando ya estaba fuera de la Universidad, trabajando en el Centro de Lima. En ambas sentí que esas ficciones me importaban más que cualquier otra cosa, que es lo que suelen producir los buenos libros.

Y claro, me he reído con Pantaleón y las visitadoras, admirado con La casa verde, horrorizado con la dictadura descrita en La fiesta del Chivo, conmovido con Travesuras de la niña mala, disfrutado con Los cachorros, aprendido con Cartas a un novelista. Mención aparte merece El pez en el agua, uno de los primeros libros de memorias que leí y por el que, en gran medida, surgió mi pasión por el género autobiográfico.

Ahora que ha ganado el Nobel, muchas cosas pasarán. Esperaremos su nueva novela El sueño el celta (pueden leer aquí un adelanto), los libreros querrán vender más, los militares que quemaron sus libros ahora le harán un homenaje, el presidente que lo maleteó hasta el cansancio ahora lo elogia, etc. Pero lo importante es que una vez más, gracias a este ilustre hincha del mejor equipo del Perú, tenemos motivos para sonreir, para estar orgullosos y para responderle a Zavalita que el Perú no está del todo jodido, al menos en Literatura.

Gracias Mario, por todos los buenos libros. Y que vengan muchos más.
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