lunes, 25 de mayo de 2015

Premios Nobel de Literatura que también vinieron al Perú

lunes, 25 de mayo de 2015

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Me imagino que los mismos que le creyeron a Iván Thays (si, Mónica, tú no fuiste la única) que vendría Paul Auster hace unos años y los que creyeron que Stephen King iría a la Feria de Huancayo, y Sasha Grey a la FIL y Tarantino al Festival del Cine PUCP, se ilusionaron pensando que vendría el Premio Nobel de Literatura 2012, el chino Mo Yan a dar una conferencia en San Marcos. Lamentablemente, se canceló por decisión de la embajada china. Sin embargo, sí llegó a venir y estuvo en el Museo en Pueblo Libre

Además de él, y obvio, del Premio Nobel 2010, otros galardonados también han visitado estas tierras. No perdamos la esperanza. Quizás algún día, como aquicito nomás en Colombia, lleguen Coetzee o Le Clezio.

1. Ernest Hemingway (Premio Nobel 1954): Es bastante conocido que el escritor norteamericano, que además fue soldado en la Primera Guerra Mundial, cazador y fanático de los toros e incluso tiene su propia figura de acción, arribó a Cabo Blanco, Piura, el 16 de abril de 1956, cuando ya había ganado la famosa distinción de la Academia Sueca. Creo que fue el único que no dio ninguna conferencia ni nada de esas cosas. Solo vino para pescar algunos merlines, tomar whisky y pasarla chilling, los que eran algunos de sus tantos hobbies. Se quedó 36 días acá y le regalaron un pisco que se lo chupó ahí mismo.

2. Pablo Neruda (Premio Nobel 1971): El poeta chileno llegó a Lima en 1966, gracias a las gestiones de Ciro Alegría y estuvo en la Universidad Nacional de Ingeniería. Fue condecorado con la Orden del Sol por Fernando Belaúnde. De él dijo, en su libro de memorias titulado Confieso que he vivido: "(...) el presidente peruano de ese tiempo, Fernando Belaúnde, era mi amigo y mi lector sigo creyendo que el arquitecto fue un hombre de intachable honestidad". Y claro, no podía dejar de visitar el Cuzco, especialmente Machu Picchu, que le inspiraría una de sus más célebres obras.

3. Gabriel García Márquez (Premio Nobel 1982): El novelista colombiano nos caería al poco tiempo, del 5 al 7 de setiembre de 1967, y también estuvo en a la Universidad Nacional de Ingeniería, en la cual daría una conferencia junto a Mario Vargas Llosa. La revista Amaru de dicha universidad había publicado algunos extractos de Cien años de soledad. De la conversa entre los dos ex-amigos se publicaría el libro La novela en América Latina. Diálogo, que fue reeditado el año pasado.

4. José Saramago (Premio Nobel 1998): El narrador portugués llegó a Lima el 15 de diciembre de 2000 y también se dio tiempo para visitar Machu Picchu y opinar de la difícil situación política, donde "valientemente" el ¿presidente? de la época renunció por fax y se refugió muy lejos del Perú, en vez de afrontar los problemas que dejaba en el país. Algunas de las preguntas que le hicieron en su conferencia, y sobre todo las respuestas, fueron muy curiosas. Diez años después, le diríamos adiós.   
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lunes, 18 de mayo de 2015

¿Vale la pena hacer campañas a favor de la lectura?

lunes, 18 de mayo de 2015

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Ya habíamos hablado antes de Mónica Cabrejos en este blog. De como nos sorprendió verla en el stand de Perú -pagado con dinero de todos- en la última FIL Guadalajara, a pesar que deben haber varias personas con más experiencia y libros bajo el brazo. Qué suerte tener amigos en Promperú. De Iván Thays sí creo que nunca habíamos hablado.



Sin embargo, plumas más alturadas que las hormonadas de esta humilde ave de corral, seguramente se pronunciarán con mayor elegancia y precisión respecto a su ventilado affaire. Nosotros trataremos de seguir con el tema de la semana pasada.

A veces me pregunto si la relación entre estos próceres de nuestras letras  no será una jugada mediática para promover la lectura (?) digna de la maquiavélica mente de algún Favre librero que aún desconocemos.

¿Exagero? Para nada. Las campañas para difundir/ promocionar la lectura son innumerables, algunas ingeniosas y otras algo lisérgicas. Así tenemos desde algunas con la participación directa de estrellas de Hollywood como Nicole Kidman, otras con la participación de dos integrantes de Combate y hasta otras que, bueno, mejor véanla ustedes mismos:




La campaña "Perrea un libro" finalmente fue anulada por la UNAM, que terminó retractándose. Si lo que querían era relacionar el sexo con libros, quizás debieron ser más directos, no sé, chicas en topless leyendo, ah, no, eso ya se hizo. O, para que no digan que soy sexista, debieron poner chicos guapos leyendo, ah perdón, eso también se hizo.

El problema de estos intentos es que se parte de la premisa que la lectura de libros es aburridísima y que solo se aguanta con gente atractiva al costado. Pero en general, debo confesar que nunca he entendido las campañas o promociones “a favor de la lectura”. Me parecen mal enfocadas y hasta innecesarias. No entiendo porque habría que “difundirla”. Creo que todo el mundo sabe que existe. Si a pesar de eso no la practican, por algo será ¿no? ¿Por qué se publicita entonces? En todo caso habría que difundir también el gusto por la música, el cine, la pintura y otras manifestaciones culturales igualmente válidas.

La insistencia en frases como “el libro es cultura” o “read to achieve” (como se usa en USA) solo va a provocar actitudes similares a la de la Chilindrina, el Chavo y los demás alumnos del salón en ese capítulo en el que el profesor Jirafales les dijo que lean. Y no sólo, como muchas veces se malentiende, se produce esta reacción en los sectores socioeconómicos más bajos o de menor acceso a la educación. Lo mismo pasa entre personas que han tenido mejores oportunidades, no sólo en nuestro país, sino incluso en el extranjero. Un buen ejemplo de esto fue el artículo publicado en El País –uno de los periódicos más prestigiosos de España–  con el rótulo “Yo no he leído el Ulises ¿y qué?”[1].

Como vemos, la sacralización de algo, en este caso de leer, tiene como correlato exactamente lo contrario de lo que se busca y despierta cierta vocación iconoclasta hacia lo defendido como positivo. Este problema se incrementa si los partidarios de las campañas pro-lectura no articulan una política coherente o, al menos, comparten ciertos criterios en común respecto al por qué la lectura es saludable. Es decir, todos asumen que la lectura es positiva y es por eso que hay que difundirla. Pero, antes de asumirlo, previamente habría que tener algo claro: ¿por qué la lectura es positiva?

La respuesta, quizás, la próxima semana.



[1] El País, 15 de mayo de 1993. Extraído de García Tortosa, Francisco. “Introducción” en Joyce, James. Ulises. Madrid, Cátedra, 1993, p. XXII.

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lunes, 11 de mayo de 2015

¿En el Perú se lee (libros)?

lunes, 11 de mayo de 2015

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Hace dos semanas, comentábamos como, en muchas ocasiones, cuando se estaba aparentemente difundiendo o promoviendo la lectura, en realidad solo se estaba promoviendo un tipo particular de lectura, que es la lectura de libros.



Al respecto, existen estadísticas que señalan que, al menos en Lima, el 79% de la población lee periódicos, de hecho según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), somos el país que más lee diarios en Latinoamérica

Sin embargo, respecto a la lectura de libros, no solo estamos lejos de la cima en la región sino que, de acuerdo a otra investigación, un 26% de peruanos nunca en su vida ha leído un libro.

Este tipo de datos son importantes en el tema de la difusión de la lectura. Parece lógico que, antes de iniciar cualquier acción a favor de algo, sería pertinente preguntarnos cual es la situación al respecto en nuestro país. Partimos del supuesto que, si una actitud es moneda corriente en la población, es probable que no sea necesaria su difusión masiva. Es decir, así como en ciertos países nórdicos se fomenta la natalidad entre las parejas, este tipo de promociones serían impensables en  nuestro país por razones obvias. Si en el Perú se lee, entonces no es necesario difundir la lectura. Quizás no sería necesario tampoco escribir esto.

Creo que en nuestro país adolecemos al respecto de un claro “estado de la cuestión”. En términos generales, los números nacionales al respecto son bastante desalentadores, como comenté en este post. Según los resultados obtenidos por el estudio “Hábitos de lectura y ciudadanía informada en la población peruana-2004” (Biblioteca Nacional del Perú-Universidad Nacional de Ingeniería) del total de población en capacidad de leer (alfabetos), 26% manifiesta no hacerlo. El resto (74%) alcanza a leer en promedio poco más de un libro al año. Un libro al año es nada comparado con los promedios internacionales. Este 74% de "lectores" se reduce a 55% de acuerdo a los criterios de CERLALC. Estamos en los últimos puestos en libros leídos por persona (click en el capítulo 2). Y eso, asumiendo que la gente entiende lo que lee, porque estamos antepenúltimos en eso.

En resumen, estamos en la cola. Ojo que los datos son sobre lo que la gente lee, no sobre lo que compra, y es que si hay una diferencia.  

Sin embargo, a pesar de la desfavorecedora estadística, un gran número de editores, especialistas o vendehumo postulan lo contrario. A su favor mencionan la mayor producción de libros, el aumento en las ventas y la cantidad de piratería.  “¡Pero, claro que se lee!” me responde un amigo “si no, no existirían Quilca o Amazonas”.

Otro ejemplo que se suele mencionar es el de las promociones de los periódicos. Son baratos y de regular calidad, por lo que se venden como pan caliente (la tirada a veces bordea los cuarenta mil ejemplares). Además se presentan como colección, por lo que muchas personas compran libros que originalmente no les interesaban, para tener el listado completo. Resumiendo: se compran un montón de volúmenes. ¿Cuántos se leen? He ahí la cuestión.

Creo que el error radica, como mencionamos en otro post, en confundir el comprar un libro con leerlo. Son dos cosas muy distintas y no necesariamente relacionadas. Muchas veces se compra libros porque se considera un buen regalo, porque nos han obligado en la universidad o el colegio, porque lo necesitamos para la oficina. Pero no quiere decir que lo leamos. Probablemente sólo consultemos una parte y luego lo olvidemos. Algunas personas hasta consiguen obras por motivos estéticos: “¡Qué linda se vería la sala si en esa repisa ponemos algunos libros!”.

Y es que parecería difícil para algunos pensar en leer como una diversión popular e incuestionable con la extraordinaria gama de opciones para distraernos que tenemos en la actualidad. Internet, playstation, películas y series, música en todos los formatos, televisión por cable, etc., ventajas de las que no gozaban los lectores de hace cincuenta años.

Pero si nos vamos a la otra posición –la que indica que en nuestro país la lectoría de libros es bajísima o inexistente– el dilema se mantiene. No se puede afirmar tan fácilmente el rechazo a la lectura. Por ejemplo, en los colegios, más de un alumno podría callarse o mentir ante una encuesta para evitar las burlas de sus amigos y quedar como nerd (en otro contexto alguien podría mentir en una encuesta para “no quedar mal”). Y al margen de las encuestas, y a diferencia de los que compran libros, una persona que nunca compra y nunca ha sido encuestada podría leer muchísimo simplemente prestándose de amigos o yendo a una biblioteca, sin dejar mayores rastros de su proceder con lo que no habría manera de contabilizarlo en las filas de lectores. Y si a esto le sumamos la escasez  en nuestro país de espacios de diálogo sobre estos temas podemos concluir que es difícil saber, con total certeza, si nuestra nación es lectora de libros o no.

Hay que tener en cuenta que incluso las estadísticas y encuestas en esta materia son bastante desactualizadas, lo que demuestra que el estado de la cuestión sigue siendo poco claro.

En resumen, es relativamente arbitrario inclinarse por una respuesta o la otra. En la actualidad, no podemos todavía afirmar algo al respecto con total seguridad. Esperemos que en el futuro se puedan hacer investigaciones rigurosas que nos lleven a mejor puerto. Al margen de esto, aun en el caso en que en el Perú se lea bastante, en teoría siempre se podría alentar más esta conducta. La pregunta sería ¿para qué?

La respuesta, tal vez, la próxima semana.
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lunes, 4 de mayo de 2015

May the 4th be with you

lunes, 4 de mayo de 2015

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Seguro ya todos, más un día como hoy, han visto las recientes imágenes exclusivas del futuro episodio VII de Star Wars: (cortesía de Vanity Fair)



¿Para qué sirven los blockbusters o las películas palomiteras? puede preguntarse alguien. ¿Tienen alguna utilidad además del mero entretenimiento? O en vez de estar concentrando nuestros esfuerzos en The Force Awakens ¿deberíamos estar viendo alguna cinta de Aki Kaurismäki?

Extrapolando lo anterior al caso de los libros, podríamos preguntarnos algo similar de los best sellers. Sobre todo ahora que las sagas parecen haber tomado el control de buena cantidad de las lecturas.

¿Es malo que muchos de los adolescentes de ahora lean y se obsesionen con lecturas de dudosa calidad como las sagas de Los juegos del hambre, Maze runnerDivergente o Cincuenta sombras de Grey?

Creo que no necesariamente. De hecho, la relación entre cine y literatura puede ser productiva porque es un gran impulso para empezar a leer. Cuando una película, te gusta o impresiona mucho, una excelente fuente para conocer más de la historia y satisfacer tu curiosidad es el libro del film. Puedes encontrar el nombre de un personaje secundario o repetir un diálogo con calma  (ahora también se puede con imdb por ejemplo, pero antes no teníamos eso).



Yo empecé a leer con La guerra de las galaxias. De hecho, ese fue mi primer libro sin dibujitos. Puede parecer una tontería, pero para mí, lo que define a un potencial lector, de alguien que no lo será, es el momento en que uno puede leer un libro sin dibujitos (mientras más joven, mejor).

Como dije, empecé a leer gracias a La guerra de las galaxias. Pocos lo recuerdan pero, a diferencia de muchos libros basados en películas, lo que conocemos como el Episodio IV una novela antes que un film (se publicó en 1976, un año antes del estreno de A new hope). Dicen que George Lucas tenía tantas ideas que explicar, como por ejemplo definir a un wookie o describir a R2D2 que decidió ordenar todos los esquemas y borradores y plasmarlos en un texto orgánico.

Como muchos de mi generación, lo leí en la colección de Best Sellers de Oveja Negra, esa editorial de la que ya hablamos en otro post, y que además también publicaría El imperio contraataca, El regreso del Jedi y una multitud de libros basados en películas o viceversa: Los cazadores del arca perdida, Tiburón, King Kong, Rambo, Desde Rusia con amor y un largo etcétera. 

Creo que lo mismo sucedió en una generación posterior con la saga de Harry Potter y a mí me ocurriría algo parecido con Lord of the Rings, la que probablemente nunca hubiera leído de no haber sido por la versión de Peter Jackson. Quizás a alguien le pasó lo mismo con libros como Los hombres que no amaban a las mujeres y toda la saga de Millenium. Incluso ahora, hasta El profeta de Kahlil Gibran tendrá versión fílmica

Por eso es que creo que cada generación puede ir teniendo su best seller/blockbuster sin que sea algo necesariamente malo, de hecho algunas de estos libros motivan a leer más que cualquier Plan LectorLo único malo sería que te quedas leyendo solo eso y no vayas más allá. Porque si esperas que todo lo que leas tenga película nunca disfrutarás Cien años de soledad, Rayuela o Ulises. Y ahí sí que serías parte del lado oscuro. 

Esa es una de las razones por las que le estaré eternamente agradecido a La guerra de las galaxias. Porque gracias a esa saga, empecé a descubrir parte del placer de la lectura, placer que, como la Fuerza, es difícil de explicar y exige mucha práctica. En esta eterna batalla no hay que desanimarse, estimado lector. Y que la fuerza te acompañe. 
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