miércoles, 4 de mayo de 2011

Sábato

miércoles, 4 de mayo de 2011

Como dijo Cortázar en Un tal Lucas, "empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes". Morimos un poco cuando mueren las personas que nos inspiraron. A mi no me pasaba mucho eso, total, casi todos los autores de los que soy hincha estan muertos hace rato. Aunque sí me pasó con Saramago. Y yo de todas maneras iba a escribir esto, pero el 24 de junio, cuando hubiera cumplido cien años.

Creo que muchos de mi generación descubrimos a Sábato de manera similar. Con El Túnel (1948) el se iniciaba como novelista y nosotros como sus lectores. En mi caso, el libro me lo prestó una chica con la que nos unía algo que quizás por momentos se hubiera parecido a lo de Juan Pablo Castel con María Iribarne, aunque en ese momento no me daba cuenta aún. No recuerdo mucho la primera impresión que me causó esta novela, y la leí distraído, más pensando en su propietaria. Recuerdo que ella se deshacía en elogios de la obra y me preguntaba mi opinión, pero yo preferí limitarme a contemplarla. Cuando la vida es hermosa y sencilla, uno prefiere no atormentarse. Curiosamente, luego me prestó No me esperen en abril de Alfredo Bryce (qué tal cambio), e increíblemente me la terminé (eso es amor) y conversamos, nos reímos, seguramente tirados en el pasto, entre gestos empalagosos, pájaros y árboles. 

Años después, luego de un doloroso alejamiento y ahora si concentrándome en los libros, me volvería a encontrar con ella. O mejor dicho con Sábato. Era la época del ridículo precursor del no menos ridículo facebook: el hi5. Para esos tiempos, yo ya había perdido mi condición de semihippie y en vez de deambular por el césped, tecleaba furiosamente en una "editorial" del centro de Lima. Ya no aspiraba la delicada fragancia de las flores, ni retozaba entre ardillas, venados y pajaritos. Mas bien esquivaba los nauseabundos efluvios de la calle, deambulando entre prostitutas, pirañitas y drogadictos. No miento si digo que realmente me volví adicto a la citada red social, pero no para escribir cual era "mi cita ideal" ni cojudeces por el estilo, sino para espiar en los perfiles ajenos y cagarme de la risa leyendo como se describían a sí mismos y como, sin ningún asomo de vergüenza, colgaban las fotografías más infames (el photoshop aun no se había vuelto tan popular). Pero lo que más me gustaba era escudriñar lo que colocaban en la sección de "Libros favoritos". Así, me la pasaba confirmando cuales eran las obras preferidas del 90% de mis contactos (Mi planta de naranja lima, El principito y Cien años de soledad), desternillándome cuando la gente elegía libros que no existían ("Los cachorros hambrientos" wtf?) o poniéndome picón cuando veía que habían leído libros que aun yo no (¿este idiota ya se leyó La montaña mágica? ah,no ¡mañana mismo empiezo!).


¿En qué estábamos? Ah, cierto, Sábato. La cosa es que buscando y buscando sucedió lo inevitable. Lo encontré. Encontré su hi5. No el de Sábato naturalmente, pues, aunque otra de las cosas hilarantes de esa web era poder encontrar páginas fake de Melcocha o de Tongo, sería muy difícil que alguien haga una sobre Sábato. Me refiero a que encontré el hi5 de la chica presta-libros. Juro que no lo busqué (si, cuñau) sino que lo encontré en el perfil del amigo del amigo del amigo etc. La verdad es que ver sus ojos, aunque sea pixeleados me dejaron helado, sentí casi lo mismo que sintió Martín cuando vio a Alejandra hablando en un restaurante con su padre. Y es que no solo me sorprendió verla sino, sobretodo, me sorprendio que tuviera hi5 con fotos y todo, sí, ella que adoraba a los chicos pelucones que tocaban guitarra y que se burlaba de mi cuando le decía que quería revisar mi latinmail diciéndome que la computación es para nerds. Por lo visto, no era el único que había cambiado, aunque, sin duda, ella se excedió.

Hice click a su página, como ya había hecho click antes con su dueña. Bajé a la inevitable sección de "libros favoritos". Sólo había uno: Sobre héroes y tumbas. Quizás ahí estarían las respuestas a esas dudas que me habían atormentado desde que dejamos de hablarnos. Este si era realmente un "must read".

¿Qué puedo decir de Sobre Héroes y tumbas (1961)?. Primero, que debí prestar más atención a El túnel. Segundo, que "El informe sobre ciegos" es la cosa más terrorífica que he leído en mi vida. Es de esos textos que uno lee lívido, angustiado, en un permanente estado de exaltación, inseguro de todo, hasta del asiento donde se está leyendo. Sensación similar a la producida con El Corazón de las Tinieblas, pero llevada hasta el límite del paroxismo. Debo admitir que ni con Poe he sentido el pavor que experimenté mientras repasaba las páginas de este capítulo que, además de ser de los más perfectos estilísticamente (por momentos son tan alucinados que son casi prosa poética), nos entregan un razonamiento digno de la mejor literatura policial.

Podría hablarse de los paralelismos entre la huída de Martín (hacia el sur) y la del joven capitán Olmos (hacia el norte) arrastrando junto a 175 desdichados el cadáver de Lavalle. Podría hablarse de eso y muchas cosas más porque estamos ante una gran obra que no solo proporciona placer estético, sino que además se interroga subyugantemente sobre la realidad de la condición humana y el sentido de la vida. Podría hablarse de la fuerza de los personajes, de las digresiones regadas por todos lados. Pero más fácil es decir que esa noche había concluído quizás una de las mejores 10 novelas que han caído en mis manos. 

Luego de ese tremendo shock, no me importó mucho que me despidieran del trabajo, no sé si por pasármela leyendo o por entrar tanto al hi5. Así que me lancé con furia a la lectura de Abbadón el Exterminador  (1974). Aunque muy relacionadas entre sí, creo que sus novelas no deben verse como una especie de trilogía, me parece que eso hace que a muchos no les haya gustado tanto esta última obra. Libro muy chévere, con escenas fuertes, ciegos, angustia existencial y todos los ingredientes del autor platense. Esa escena en la que encuentra a una mujer que tiene un ojo en cierta parte de su cuerpo es escalofriante. Y díganme si no les gustó la lista con recetas para escribir una "novela de vanguardia". Vale la pena leerlo.

Sin embargo, como todo romance, este tuvo que terminar. Busqué por todo sitio Hombres y engranajes (1953), que tanto menciona en Abbadón... pero nada. Luego vinieron otros autores. Quizás, como dice Roberto Bolaño en Entre paréntesis, aún no nos resignamos a que Sábato solo haya escrito tres novelas. Y recién ahora, que por fin me compré sus libros , que ya puedo escribir estas líneas y darme cuenta que la groupie que me hizo leerlo por primera vez tenía razón, ya no se lo puedo decir. Es demasiado tarde. Y es que "La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse". Así que por ahora, prefiero recordarlo con una canción de los Cadillacs.

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