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12 sept 2018

Las 5 librerías que más me han gustado

12 sept 2018

2 floritos
Tantos lugares. Me gustan las librerías de viejo, de libros usados, donde todo es más barato y la atención más personal. Por eso en esta lista no estará ninguna sucursal de cadenas grandes. Son mis gustos :). Creo también que no es lo mismo una "buena librería" o la mejor librería que la librería "más bonita". Esto último a veces me suena algo superficial, como si lo importante es que salga bien para la foto aunque los libros que tenga sean una desgracia, el ambiente incómodo y los precios un robo. Existen criterios menos frivolones y de, hecho, el premio a la mejor Librería del Mundo. Por eso, reconociendo mi subjetividad solo haré un Top de gustos personales. Para que sea más democrático, y de paso darle un sonrojante intento de cosmopolitismo, no repetiré dos de un mismo país.

5. La ciudad - Buenos Aires: Seguramente se esperaban aquí El Ateneo Splendid. Pues no. Es muy difícil elegir una librería en Buenos Aires. De las innumerables que tiene me quedo con la impresión que me causó La ciudad. Encontrarse medio metida en una galería, como con cierto pudor y, a la vez, lucir sus puertas de vidrio, haciendo alarde de exhibicionismo le dan un aire más de tienda indie de vinilos que de librería (esto me ha hecho notar que en todas las demás tiendas que escogí ninguna tiene una una vidriera, todas son cerradas, como si los libros son algo que debe cuidarse y protegerse, no mereciendo ser posados por los ojos de los no iniciados). También me agradó que sentí que había un poquito menos de bulla y multitud que en las librerías de Corrientes o Florida. Llámame pacato o elitista, me da igual. Además era una de las favoritas de Borges, que vivía al frente y aquí celebró sus Dialógos con Sábato. Decidido: me convenció esa mixtura de tradición con frescura.



4. Galileo - Lima: No cuento el Centro Cultural Quilca porque era un conjunto de tiendas y no una librería, además ya no existe. Pero en Galileo, que estaba ubicada en Jirón Camaná antes de mudarse a su actual ubicación, encontré varias primeras ediciones de Ribeyro, Arguedas y otras que nunca más he vuelto a ver a precios que hasta daban ganas de pagar un poco más. Fue la primera librería "grande" o que me pareció así, en la cual sabía que no podría ojear todos los libros ni siquiera en varias visitas. Además creo que es la única librería de viejo en Lima en la que vendían partituras. Aunque haya tenido que reducir su magnificencia desde el cambio de domicilio y tener que ocultar sus tesoros en un rincón medio oscuro y húmedo, siempre tendrá un amplio y fresco espacio en mi corazón. Otras menciones honrosas de mi ciudad: Daniel Rivera (el librero frente a la PUCP) y el local de Abelardo en el pasillo A de Amazonas.







3. Las tres cruces - México D.F: Esos días recorrí las laberínticas extensiones de la FIL de Guadalajara por gusto. La feria de libros en español más grande del mundo no tenía un simple recopilatorio de un conocido autor mexicano vivo que me habían encargado. Y lo mismo me paso en todo tipo de tiendas, en ambulantes del centro y grandes cadenas. Hasta que llegué a Las tres cruces. La primera vez quedé tan impactado - era la librería de libros usados más grande que había visto hasta entonces y eso que había visto otras en esa extraordinaria ciudad- que pensé: "tengo que examinarla con calma". Así que me fui a otro lado, y cuando traté de regresar, me perdí en ese simpático laberinto de chalets de apariencia inofensiva pero llena de historias que es Coyoacán. No podía dejarla. Volví, otro día, era un poco tarde y, tal vez fue mejor porque la tuve enteramente para mí. Y claro, encontré el libro requerido (de hecho dos ejemplares) y bueno, es la única librería en la que he visto que metan una camioneta dentro, como para que se den una idea de su extensión. 


2. Shakespeare and company - París: Poco puedo decir de un lugar del que se ha escrito bastante. De visita obligada para cualquier joyceano que se respete. Mentiría si digo que me parecieron excelentes las ofertas o la atención (cuando entré solo tenía dinero para almorzar el Mcdonald's más barato). Lo que me sobrecogió de esta librería es que es más que eso, su carácter casi divino, como si estuviera nuevamente en Sacre Coeur. Esa sensación de estar en una iglesia donde la gente entra en silencio, está prohibido tomar fotos y casi se puede tocar el amor por la literatura, pisar un suelo donde los que peregrinan hasta allá exudan fe al arte de las palabras. Una experiencia prácticamente religiosa.



1. Merlín - Bogotá: Seguro piensas que exagero, porque solo he ido tres veces pero es la única librería en la que retrocedí a mi infancia y volví a sentir lo mismo que cuando entraba a una juguetería de niño: la magia, la alegría, ese momento en que parecía entrarse a un mundo nuevo y se cruzaban las fronteras entre las realidad y la fantasía. Una auténtica casa tomada de libros, donde hay volúmenes en todas las habitaciones, las escaleras y hasta el baño, existen salas enteras de géneros que ni siquiera se te habían ocurrido, a precios razonables y sabes que puedes obviar el cartel de "prohibido tomar fotos" porque estás como en casa. Una vez le pregunté a un amigo bogotano, que vive lejos del centro, y me dijo que no conocía esta maravilla bibliográfica. Me di cuenta que había encontrado un sitio especial.



Finalmente, supongo que la mejor librería es aquella en la que no tienes que gastar ni un centavo para sentir que eres feliz dentro. O aquella que aún no conozco y está esperando a ser descubierta.
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28 sept 2015

Viajar libros (13): Bogotá y sus librerías

28 sept 2015

0 floritos
En Bogotá, muchas de las calles tienen algún libro que las recuerde o rememore, como se puede ver en la guía literaria de la ciudad

Aquí, las avenidas (o carreras) y las calles en su mayoría solo están denominadas por números. Aunque existen algunas excepciones como la avenida Jiménez en las que se encuentra una estatua de Ricardo Palma y, a unos cinco cuadras, una de las mejores librerías de la ciudad: Lerner.


Sin embargo, la cadena de librerías más conocida debe ser Panamericana, que también tiene varios locales por el centro y por toda la ciudad:



Pero a mi no me interesan mucho las predecibles y estandarizadas cadenas de librerías  Pregunto y me dicen que es un poco más allá, en la carrera octava, donde se encuentran la mayoría de librerías de viejo y tiendas de libros usados. Una de ellas es La Torre de Babel, amplia, de techos altos y escaleras corredizas para subir hasta lo más alto de sus estantes.



Cerca de la carrera octava en el pasaje de la Carrera 8 A, lo prometido se cumpliría en exceso. No solo hay varias librerías, sino también galerías enteras con múltiples stands que ofrecen variedad en serio (hasta libros de medicina), por ejemplo en el Centro Cultural del Libro, una especie de Quilca mezclado con Wilson.





Y es en la siguiente calle, la calle 16, donde la oferta es aún mayor, no solo hay galerías, sino que la parte de la calle que es un pasaje peatonal está repleta de librerías pequeñas y de ambulantes que venden desde ejemplares usados y piratas hasta películas y discos.





Pero la tienda más alucinante es sin duda Merlín, una auténtica casa tomada de libros, es increíble, me voló el cerebro creo que ni en Buenos Aires o México DF hay algo así (o al menos no lo visité), probablemente la única librería de viejo donde uno se puede perder entre sus innumerables pasadizos, cuartos, habitaciones y escaleras, donde los libros están en los estantes, en vitrinas, en las gradas y hasta en pequeñas torrecitas en el suelo. A pesar de ello, los múltiples carteles, flechas y señalizaciones no solo guían perfectamente sino que te dan una idea de que prácticamente ninguna rama de del arte y el conocimiento humano está ausente en ese monumento a la bibliomanía. Toda una urbanización de libros.

   





Después de todo esto ¿A alguien le queda la duda de que Bogotá es una justa capital mundial del libro? A mi no.

Más fotos:



 

 


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13 jul 2015

10 consejos/recomendaciones para ir a la FIL

13 jul 2015

0 floritos
Encuentre las siete diferencias:


Sí, hasta el slogan es el mismo del año pasado ("Leer está en tus manos"). Lo bueno de tener una Feria del Libro tan predecible como la de Lima, es que uno no necesita ni siquiera ir para más o menos imaginar y pronosticar, con bastante acierto, que es lo que hallará. Y como procastinando en una página bastante penosa como peru.com, encontré un "artículo" con 4 cosas que debes tener en cuenta para ir a la FIL (básicamente el mismo artículo del año pasado, aunque antes eran solo 3 cosas), pensé que también podría yo mandarme con algunos tips para pasarla bien en el tradicional evento. Total, ya son casi diez años yendo y como la página oficial no tiene el programa ni la lista de expositores, a pesar que ya empieza en cuatro días (este viernes 17) habrá que hacer algo ¿no?

1. Hay que ir el primer día, máximo el segundo. Hay ofertas que solo duran o se encuentran los primeros días. A veces los expositores recién están instalando los stands y como andan medio desorganizados pueden rematar algo por error. Además que los otros días son los que se llenan de gente porque van escritores renombrados como Pedro Suárez Vertiz o el ex-novio de Bayly.

2. No pierdas tu tiempo en el sorteo ese. Todos los años con tu entrada te dan un ticket para el sorteo de una biblioteca/canasta de libros/algo así. Y en la puerta se ve a un montón de virgos parados, incómodos tratando de llenar todos su datos en un papel del tamaño de un boleto de ómnibus. Es sabido no solo que no vas a ganar, sino que probablemente nunca nadie ha ganado. Una vez me quedé hasta las 10 de la noche esperando el resultado del sorteo (que es el día del cierre de la feria) y el ganador no se apareció. ¿Casualidad? 

3. Hay dos lugares a los que TIENES que ir: Uno es Riguse y el otro es El Aleph. Son los únicos lugares donde podrás encontrar libros buenos (y a veces hasta nuevos) desde 5 soles. Y son ediciones, sobretodo en El Aleph, que difícilmente encontrarás en otro stand. Ahí si vale la pena invertir tiempo y paciencia en revisar uno por uno todos sus productos. Además, no es tan fácil visitarlos cuando no hay ferias. Si quieres perder tu tiempo en Crisol, Ibero, Zeta, SBS, etc. y otros lugares que tiene tiendas por todo sitio, a las que puedes ir todo el año, y que todas venden los mismos libros al mismo precio, allá tú. 

4. No te emociones con todas las ofertas: Libros "baratos" (o aparentemente) hay en varios sitios: BCR, Congreso, etc. Que sean buenos, es otra cosa. Disbook tiene una gran variedad de libros que van desde los 10 soles creo, pero lo cierto es que te los dará mas barato en su local del Quilca (y no te cobran entrada por mirar). Los remates de 2 x 20 de PEISA, pueden ser una opción, aunque temo que casi todo lo bueno ya se lo llevaron (hace como siete años que existe la misma oferta).

5. Pero tampoco seas tan lento con las ofertas. Porque sino se te van a escapar. Hay ofertas que sí valen la pena como algunas de Santillana, donde se encuentran buenos Alfaguara y Puntos de Lectura. Supongo que es una especie de compensación por todo lo que ganan en concertación con los directores de colegio por los libros de texto durante la época escolar (de hecho por eso los sacaron de la FIL 2012) Ese puede ser un tercer lugar al que tienes que ir. También hay algunas ofertas de Salamandra en el stand de Época creo.

6. Hay un evento que vale la pena, a veces hasta dos. Aunque nuestra FIL no se caracterice por traer mega estrellas, viendo el vaso medio lleno suele haber por lo menos una buena presentación y a veces más si se lee con calma la programación. El 2013 fue Claudia Ulloa, el 2014 fue Antonio Skármeta. Y no, no vendrá Paul Auster, ni Stephen King, ni Sasha Grey, confórmate con Mónica Cabrejos.

7. Ten cuidado si vas a robar: Aunque ante el robo de algunos precios, den ganas de pagarles a ciertos stands con la misma moneda, teniendo en cuenta que no hay sensores en la feria, hay que pensarlo dos veces. Sobre todo en Crisol: aunque parezca que no hay nadie, a veces hay vigilantes vestidos de civil que se hacen pasar por clientes. Ten cuidado  si quieres robar, además piensa que es la librería de Alan y Chang ¿en serio crees que sabes más de robar que ellos?

8. Trata de meterte gratis. Teniendo en cuenta que es estúpido pagar y hacer la cola varias veces cuando quieres ir más de un día (lo que podría solucionarse con un simple abono) puedes intentar meterte gratis algún día. Aunque no lo creas todos tenemos algún conocido en la FIL: es solo cuestión que te preste su carnet o que entres cargando algunas cajas haciéndote pasar por trabajador. Meterte por el baño de atrás donde están las canchitas de fulbito ya no funciona.

9. El mito del último día. Es cierto que hay más remates los dos últimos días. Por ejemplo, los descuentos de Océano (Anagrama) llegan al 50% el último día, cuando los días anteriores están en 20-30%. Pero si te esperas al último día puede ser que el libro que querías ya se lo hayan llevado. En todo caso tienes que revisar si hay varios ejemplares del mismo. Si hay solo uno, mejor asegúrate o escóndelo bien. Además que hay tanta gente el último día que no dan ganas ni de entrar.

10. Anda a Quilca antes que se la bajen (dizque este mes es el desalojo). En días de feria suele estar vacía. Es mi mejor consejo.

Me cuentan como les fue.
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29 jun 2015

Viajar libros (11): Arequipa

29 jun 2015

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¿Qué es ser patriota? Como comentábamos en un post anterior, no es alentar a la selección en los partidos de la Copa América o pensar que el país siempre tiene la razón frente a tribunales internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ahora que ha salido la sentencia sobre el caso Chavín de Huántar. Para ser patriota hay que querer a un país, y para eso primero hay que conocerlo.

Y ante tanto barullo mediático, a veces es mejor viajar para despejar la mente. Aunque ya habíamos estado en algunos lugares como Cuzco, Apurímac o Piura, esta vez fui a la ciudad más librera del país, después de la capital: Arequipa. Mi opinión quizás no sea la más objetiva (3 de mis 4 abuelos son de ahí) y además esta es la quinta vez que llego a la Ciudad Blanca, pero la pasé muy bien.

Arequipa tiene algo que no tiene Lima y que es ideal para los libros: el clima. La falta de humedad hace que se conserven muy bien. Y es probablemente la ciudad peruana con más librerías, descontando Lima, que recuerde.

De la Plaza de Armas, camino por la calle San Francisco y encuentro los locales de la SBS y de la librería El lector, que solo tiene sede en esta ciudad. Cara, pero simpática. 



Me dirijo a la Biblioteca del Gobierno Regional, llamada como el arequipeño más célebre de todos: Mario Vargas Llosa. 


Es un local con gran variedad de ejemplares y un ambiente muy acogedor, mucho mejor que la deprimente sede de la Biblioteca Nacional, entre el smog y la bulla de la Avenida Abancay en Lima.





Desde el año pasado, el autor de Conversación en La Catedral, ha ido donando paulatinamente varios de los 30 mil libros de su biblioteca personal que pasarán a este local. Me pregunto si esta donación no se verá afectada por el divorcio del escritor, ahora que se repartirán varios de sus bienes. Estos libros se trasladaron a una casona, que está al costado de la Biblioteca, para que puedan ser de acceso público. Sin embargo, hasta ahora no pueden ser disfrutados. Y aparentemente no lo serán pues, parece que la biblioteca será virtual, es decir, no habrá acceso físico a los ejemplares.


  

Hay muchos otros lugares más para conseguir buenos ejemplares, como la librería Aquelarre, o las librerías de viejo de la calle Tristán, que me hicieron recordar las de Quilca. Incluso fui a merodear un poco por La Cachina Arequipeña, donde se pueden encontrar algunas cosas interesantes.

Todo esto gracias a un amigo arequipeño que usa un nick de una célebre novela de ciencia ficción (Neuromancer), el que, al igual que Vargas Llosa, ha sido muy generoso con parte de su biblioteca, de la cual ha regalado varios ejemplares no solo a mí, sino a otros amigos. Saludos si lees estas líneas y la próxima vez que vaya por allá, espero quedarme más tiempo.

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2 feb 2015

Viajar libros (10): México D. F. (2)

2 feb 2015

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"México, para intentar  comprenderlo –porque es imposible hacerlo- hay que verlo. Para el caso de Nueva York o de París o de Londres, incluso las simplificaciones del Hollywood más ingenuo y banal te alcanzan para darte una noción de estas ciudades. No para el D.F."

Regresé al DF. Camino por el Centro Histérico. Ahora estoy en el Zócalo y voy en dirección a la Alameda Central. Paso por la Cámara de Diputados o algo así. Encuentro cerca este cartelito:


Pero estaba pensando más en otra novela de Carlos Fuentes y en otro lugar: Donceles 815, la dirección de la casona de Aura, que aparece en el primer párrafo de su celebre novela. No encontré la casona o, mejor dicho sí lo hice pero de otra forma: encontré una librería llamada precisamente "La casona de Aura", una de las más grandes librerías de viejo que he visto. Al costado había otra con un nombre digno de un bar: "La última y nos vamos".  







En realidad, hay muchísimas librerías más en toda la zona del Centro, fácil unas 20, principalmente en esa calle. ¿Donceles=Quilca? Puede ser, pero en ninguno de los locales encontré los libros que me habían encargado y que tampoco encontré en la FIL Guadalajara: uno era un libro en inglés y el otro una primera (y única edición) nunca reeditada.

Giré a la derecha cerca del Correo Postal y llego al pasaje Condesa, donde se encuentra la gente de Libros rodantes. Muy buenas ofertas, libros de todo tipo, incluso Anagrama o Mondadori a precios muy baratos. Pero tampoco encontré lo que estaba buscando. 



Tampoco los encontré en las sucursales de El sótano, Gandhi o Porrúa de la Avenida Juárez frente a la Alameda Central. Incluso encontré la galería de cómics más grande que he visto, pero de los encargos nada. Cansado y frustrado me senté frente al Palacio de las Bellas Artes. 


Al día, siguiente traté de despejarme un poco, en el Bosque de Chapultepec. Nada mejor que visitar el zoológico gratuito, ver al oso panda y caminar cerca de las lagunas para no tener que pensar en libros, ni encargos.



Lo curioso es que incluso en el parque también hay librerías. Y en el Museo de Antropología ver los antiguos códices mayas y aztecas me hizo pensar de nuevo en mis encargos.
En México, la cantidad de libros es asfixiante, creo que nunca había visto un lugar donde puedas encontrar tantos.




La tercera es la vencida así que fui a Coyoacán. Entré a otra sucursal de Gandhi (debe haber más Gandhis que Mcdonalds en el DF) y encontré que tenían hasta el 80% de descuento. Y mejor aún, encontré uno de los libros que me encargaron. 


Caminando sin rumbo llegué hasta la librería de viejo más alucinante que he visto en mi vida, mejor que cualquiera de las de Donceles: la librería Las Tres Cruces. Y no defraudó: encontré el otro libro que me habían encargado.





Habían motivos para celebrar y por Coyoacán sobran. Me hizo acordar a Barranco, por la plaza, los bares, la honda hipster. Debe ser por eso que ahí vivió Frida Kahlo y murió Trotsky. Y también Octavio Paz dirigió su revista Vuelta.


Era de noche, cuando estaba por regresarme y, cerca de la Avenida Quevedo, por el Jardín de La Bombilla, encontré frente al parque (¡qué novedad!) varios puestos ambulantes de libros. Casi no me acerco, total, ya había cumplido los encargos. Y ahí estaban, uno junto a otro Memorial del convento y Lucien Leuwen, dos libros que vengo buscando hace ¿cinco? ¿siete años?. Como si me hubieran estado esperando toda la vida. Naturalmente, no dejé que se me note la emoción y apliqué los tips para comprar libros. Precio regalado.


Regresé tranquilo a casa.

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