lunes, 2 de febrero de 2015

Viajar libros (10): México D. F. (2)

lunes, 2 de febrero de 2015

"México, para intentar  comprenderlo –porque es imposible hacerlo- hay que verlo. Para el caso de Nueva York o de París o de Londres, incluso las simplificaciones del Hollywood más ingenuo y banal te alcanzan para darte una noción de estas ciudades. No para el D.F."

Regresé al DF. Camino por el Centro Histérico. Ahora estoy en el Zócalo y voy en dirección a la Alameda Central. Paso por la Cámara de Diputados o algo así. Encuentro cerca este cartelito:


Pero estaba pensando más en otra novela de Carlos Fuentes y en otro lugar: Donceles 815, la dirección de la casona de Aura, que aparece en el primer párrafo de su celebre novela. No encontré la casona o, mejor dicho sí lo hice pero de otra forma: encontré una librería llamada precisamente "La casona de Aura", una de las más grandes librerías de viejo que he visto. Al costado había otra con un nombre digno de un bar: "La última y nos vamos".  







En realidad, hay muchísimas librerías más en toda la zona del Centro, fácil unas 20, principalmente en esa calle. ¿Donceles=Quilca? Puede ser, pero en ninguno de los locales encontré los libros que me habían encargado y que tampoco encontré en la FIL Guadalajara: uno era un libro en inglés y el otro una primera (y única edición) nunca reeditada.

Giré a la derecha cerca del Correo Postal y llego al pasaje Condesa, donde se encuentra la gente de Libros rodantes. Muy buenas ofertas, libros de todo tipo, incluso Anagrama o Mondadori a precios muy baratos. Pero tampoco encontré lo que estaba buscando. 



Tampoco los encontré en las sucursales de El sótano, Gandhi o Porrúa de la Avenida Juárez frente a la Alameda Central. Incluso encontré la galería de cómics más grande que he visto, pero de los encargos nada. Cansado y frustrado me senté frente al Palacio de las Bellas Artes. 


Al día, siguiente traté de despejarme un poco, en el Bosque de Chapultepec. Nada mejor que visitar el zoológico gratuito, ver al oso panda y caminar cerca de las lagunas para no tener que pensar en libros, ni encargos.



Lo curioso es que incluso en el parque también hay librerías. Y en el Museo de Antropología ver los antiguos códices mayas y aztecas me hizo pensar de nuevo en mis encargos.
En México, la cantidad de libros es asfixiante, creo que nunca había visto un lugar donde puedas encontrar tantos.




La tercera es la vencida así que fui a Coyoacán. Entré a otra sucursal de Gandhi (debe haber más Gandhis que Mcdonalds en el DF) y encontré que tenían hasta el 80% de descuento. Y mejor aún, encontré uno de los libros que me encargaron. 


Caminando sin rumbo llegué hasta la librería de viejo más alucinante que he visto en mi vida, mejor que cualquiera de las de Donceles: la librería Las Tres Cruces. Y no defraudó: encontré el otro libro que me habían encargado.





Habían motivos para celebrar y por Coyoacán sobran. Me hizo acordar a Barranco, por la plaza, los bares, la honda hipster. Debe ser por eso que ahí vivió Frida Kahlo y murió Trotsky. Y también Octavio Paz dirigió su revista Vuelta.


Era de noche, cuando estaba por regresarme y, cerca de la Avenida Quevedo, por el Jardín de La Bombilla, encontré frente al parque (¡qué novedad!) varios puestos ambulantes de libros. Casi no me acerco, total, ya había cumplido los encargos. Y ahí estaban, uno junto a otro Memorial del convento y Lucien Leuwen, dos libros que vengo buscando hace ¿cinco? ¿siete años?. Como si me hubieran estado esperando toda la vida. Naturalmente, no dejé que se me note la emoción y apliqué los tips para comprar libros. Precio regalado.


Regresé tranquilo a casa.

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