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15 jun 2018

¿Pensaban muy distinto Vargas Llosa y Ribeyro?: La llamada de la tribu

15 jun 2018

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Aunque no soy muy aficionado a los libros de crítica especializada, disfruté El flaco Julio y el escribidor: Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa cara a cara, larga serie de ensayos del español Ángel Esteban, el cual contiene nuevas perspectivas y datos de la obra ribeyriana y además, un interesante análisis y contrapunto con la figura de Vargas Llosa. Si bien por momentos se repite, pues parece una compilación de artículos publicados anteriormente, valió la pena por muchos datos que desconocía. Una idea central del trabajo es la gran diferencia existente entre ambos autores, por lo menos en su estilo de narrar y en su bibliografía en general.

Esta distinción podría ampliarse a su manera de pensar o posición política, en la que, sin duda, existieron discrepancias. Julio Ramón, un poco siguiendo su estilo teñido de escepticismo, nunca escribió una obra orgánica sobre su forma de ver el mundo. Pero tenemos sus Prosas apátridas en el cual encontramos buena parte de su filosofía de vida, por llamarlo de alguna manera.

Mario, por su lado, si ha sido muy enfático en su ideología, la cual es bien conocida, puede definirse como liberalismo y rastrearse a varios autores. Este año ha publicado La llamada de la tribu, conjunto de textos en el cual, a través de las ideas de siete pensadores liberales, refleja sus propias creencias.

Sin embargo, luego de leer los libros mencionados, me quedé pensando que, involuntaria y quizás hasta irónicamente, ambos autores terminaron coincidiendo en algunos puntos, llegando a conclusiones similares, por distintos caminos.



1. Popper y la falta de reglas de la historia

El premio Nobel 2010 refiere, en el capítulo sobre Karl Popper, que para este autor "(...) la historia no tiene orden, lógica, sentido y mucho menos una dirección racional que los sociólogos, economistas o ideólogos podrían detectar por anticipado, científicamente" (p. 174). Aquí se describe el grave error del historicismo. Por eso, afirma Popper, y Vargas Llosa con él: "History has no meaning" (p. 175).

Esto es muy similar a lo que expresa Ribeyro en una de sus prosas apátridas (la 12):

"La historia es un juego cuyas reglas se han extraviado. Filósofos, antropólogos, sociólogos y poIíticos las buscan, cada cual por su lado, de acuerdo a sus intereses o a su temperamento. Pero solo encuentran retazos de ellas (...) Lo terrible sería que después de tantas búsquedas se llegue a la conclusión de que la historia es un juego sin reglas o, lo que sería peor, un juego cuyas reglas se inventan a medida que se juega y que al final son impuestas por el vencedor".

Se advierte como, por dos vías distintas, el liberalismo y el escepticismo, los narradores peruanos obtienen el mismo resultado para determinar su postura frente a las reglas de la historia.

Como precisión, en la cita completa, Ribeyro postula que el marxismo es "una tentativa" de explicación, pero "no la única ni la definitiva". Esta sería una diferencia a lo planteado por Vargas Llosa, aunque este ultimo también confió, en una época, de las bondades de esta doctrina.

2. Raymond Aron y El opio de los intelectuales

Vargas Llosa también relata como Raymond Aron ironizaba sobre ciertos intelectuales que "(...) no habían visto un obrero en su vida, difundiendo el mito del proletariado luchador y revolucionario en países donde la mayoría de los obreros aspiraba a cosas menos trascendentes y más prácticas: tener casa propia, un coche, seguridad social y vacaciones pagadas, es decir, aburguesarse" (p. 215).

Esta ironía es compartida por Ribeyro, en su prosa apátrida 11, en la que relata como se ha encontrado a ese tipo de personajes:

"(...) En los pasillos del metro, el primero de mayo, millares de obreros endomingados, jóvenes y viejos, con sus familias se desbordan alegres, despreocupados, rumbo a la feria de París, al Campo de Marte o al Bois de Boulogne, todos con su ramillete de muguet en la mano. Están felices, han almorzado bien, es su feriado, su festividad. Sentados en el suelo de un corredor, dos estudiantes hirsutos y barbudos con guitarras, cantan un aire marcial y revolucionario, del que sólo percibo al pasar esta estrofa: “Obreros, levanten sus barricadas”. Los proletarios, sin detenerse, les pasar una mirada de reprobación, se sienten chocados, casi ofendidos. Nada más fuera de lugar que esos mozalbetes hablando de barricadas, luchas y conflictos en un día de esparcimiento entre tantos días de trabajo (...)". 

Este desfase entre los que estudian la historia y los que la sufren, este aparentemente insalvable abismo entre la ideología y la realidad es luego desarrollado también por el arequipeño en la sección dedicada a Jean-François Revel.

Pero, además, hay un tópico de Aron que se destaca: el capítulo de El opio de los intelectuales titulado "Hombres de iglesia y hombres de fe" que estudia al comunismo como una religión secular, con sus ortodoxias y heterodoxias, sus sectas, sus desviaciones y su inquisición. En esta parte se justifica los juicios estalinistas "(...) en nombre de la "verdad esencial" de la lucha de clases" (p. 216).

Este paralelismo entre discusiones heréticas pretéritas y políticas presentes también fue esbozado por Ribeyro en su prosa apátrida 132:

"Emerjo de mis lecturas sobre el Jansenismo para hojear los diarios del día y me pregunto qué relación puede haber entre esas querellas teológicas que duraron siglos, imbricándose cada vez más con problemas políticos y económicos y lo que pasa en el mundo actual: Portugal, Angola, Líbano, Argentina, etc. Y me digo que hay un lazo secreto entre las luchas antiguas y las presentes, que estas no son sino la continuación de las pretéritas, bajo diferentes nombres, ideales y pretextos. A priori podrá decirse que los problemas de la gracia, del libre arbitrio, de la predestinación no tienen ahora ninguna vigencia. Pero, ¿la tendrá dentro de algunos siglos conceptos como libre empresa, lucha de clases, sistema parlamentario, medios de producción, elecciones democráticas? Probablemente sí, pero dentro de un contexto tan diferente que habrá que ser adivino para darse cuenta que el combate sigue siendo el mismo". 

Aquí, incluso, el cuentista limeño va más allá y compara los debates teológicos con la ideología de la democracia liberal la cual, aunque predica la tolerancia, tiene también algunos márgenes no negociables. 

3. Isaiah Berlin y las verdades contradictorias

El autor de La casa verde enfatiza que para Berlin es falso que los más nobles ideales que inspiran a la humanidad (justicia, libertad, paz, placer) sean compatibles unos con otros. Por eso, no existe un solo valor que sea el más importante, por eso la existencia de diversos valores no implica la armonía entre ellos (p. 246-249). Tomando en cuenta esto "(...) debemos aceptar la posibilidad del error en nuestras vidas y ser tolerantes para con el de los demás" (p. 250).

Esta apología de la tolerancia con los errores de los demás, pero a un nivel de las relaciones personales más que de las posiciones políticas, fue defendido por el autor de Los gallinazos sin plumas en la prosa apátrida 31:

"No hay que exigir en las personas más de una cualidad. Si les encontramos una debemos ya sentirnos agradecidos y juzgarlas solamente por ella y no por las que les faltan. Es vano exigir que una persona sea simpática y también generosa o que sea inteligente y también alegre o que sea culta y también aseada o que sea hermosa y también leal. Tomemos de ella lo que pueda darnos. Que su cualidad sea el pasaje privilegiado a través del cual nos comunicamos y nos enriquecemos".

Aquí Ribeyro no solo se da cuenta del problema que conlleva que los valores que consideramos importantes puedan ser contradictorios entre sí, sino que además nos da una posible solución a ese dilema: no asumir como primordial un valor sobre otros, sino apreciar el que cada persona tenga.

Parte de la tolerancia es, no solo reconocer que nuestros actos pueden estar equivocados, sino que los valores que defendemos o deseamos encarnar pueden también estar errados. Y, como consecuencia de ello, entender que no se le puede exigir al resto que sigan nuestros valores.

Estas similitudes ¿convierten a Ribeyro en un liberal? En lo absoluto, aunque ya lo quisieran varios de los defensores de estas doctrinas. Pero sí permite descubrir que las ideas liberales son tan amplias que bien uno puede coincidir con algunas de ellas y negar otras. Incluso, alguien podría afirmar que cree en el liberalismo "a su manera". Como con el cristianismo, en suma. 
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30 nov 2017

Cartas a Luchting (1960-1993) - Julio Ramón Ribeyro

30 nov 2017

2 floritos
La ausencia de Ribeyro se siente más en días como estos, cercanos a la fecha de su partida. Esta sensación aumenta cuando parecería que no queda nada más por leer de él, ante la improbable idea, al menos a corto plazo, de que se publiquen las partes faltantes de sus diarios, cartas u otros escritos póstumos.



Sin embargo, de vez en cuando se puede encontrar algo. Por ejemplo, sus Cartas a Luchting (1960-1993) editadas el año pasado por una universidad mexicana. En ellas encontramos opiniones de diversos personajes de la época. Así, a Juan Velasco Alvarado lo califica de "muy limitado intelectualmente" (p. 162), a Scorza de "pastiche de García Márquez y Vargas Llosa" (p. 191) y al sicólogo Jorge Bruce de "dogmático" (p.265). Cuando se entera que Salazar Bondy no le cree que publicará con Gallimard, Julio Ramón escribe que es "(...) capaz de enviarle una copia fotostática del contrato para taparle la boca" (p. 31). 

Las opiniones de obras tampoco faltan. Por un lado, se burla de El sexto de Arguedas (p. 33), comenta Rayuela ("cursilería latinoamericana llevada a la tercera potencia, por ser argentina" p. 87), maletea a Reynoso (p. 111 y 113), alaba La casa verde (p. 120), recuerda El lobo estepario (p. 123), critica Cien años de soledad (p. 147), y Confieso que he vivido (p. 202), califica de "geniales" los roman noirs de James Ellroy como Luna sangrienta o La dalia negra (p. 282). Sobre La guerra del fin del mundo dice que "(...) para escribir una novela de ese peso, literal y figurado hay que tener huevos"(p. 241). Y no se queda en ese único elogio hacia Vargas Llosa sino que pronostica, en 1982, que será el premio Nobel (p. 242). 

También hay interesantes revelaciones sobre su obra. Me sorprendió la existencia de ocho inéditos cuentos europeos, incluido uno de lesbianismo y otro de un doble caso de violación (humano y animal) titulado "La perra de la señora Weber" (p. 90). También el verdadero final de Los geniecillos dominicales (p. 108), las referencias en "Por las azoteas" (p. 166) y "La juventud en la otra rivera" (p. 244), además que odia el cuento "El banquete" (p. 136). De hecho noté que muchos de sus cuentos favoritos son los que también más me gustan.

¿Se acuerdan de esto?

                                    25 

"Un autor latinoamericano cita cuarenta y cinco autores en un artículo de ocho páginas. He aquí algunos de ellos: Hornero, Platón, Sócrates, Aristóteles, Heráclito, Pascal, Voltaire, William Blake, John Donne, Shakespeare, Bach, Chestov, Tolstoi, Kierkegaard, Kafka, Marx, Engels, Freud, Jung, Husserl, Einstein, Nietszche, Hegel, Cervantes, Malraux, Camus, etc. A mi juicio la mayoría de estas citas eran innecesarias. La cultura no es un almacén de autores leídos sino una forma de razonar. Un hombre culto que cita mucho es un incivilizado".

¿Quién fue ese autor latinoamericano chamullero en Prosas apátridas?: Sábato (p. 161). Pero más allá de la literatura, también se deslizan algunas de las oportunidades que tuvo: cuenta que el Apra le ofreció el Ministerio de Cultura (p. 270) y Fujimori lo nombró Embajador después del autogolpe (p. 289). En resumen, como siempre que leemos a Ribeyro, hay muchas sorpresas y la garantía de una prosa exacta, tan intensa como relajante.

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28 oct 2015

"Nuevos juguetes de la Guerra Fría" - Juan Manuel Robles

28 oct 2015

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Este no será un comentario, reseña, crítica, opinión o resumen de Nuevos juguetes de la Guerra Fría. Sería difícil hacerlo, porque es complicado ser objetivo con este libro. No es común, al menos para mí que no manyo a nadie del mundillo literario peruano (?), comentar el libro de alguien que uno conoce (solo me paso una vez con el libro de cuentos de mi ex-jefe). Aunque decir que conocemos verdaderamente a alguien es mentir. Como recordar.

Así que empezaré de nuevo, no conozco a Juan Manuel Robles, bueno, conversé con él algunas veces de casualidad, mientras cada uno esperaba a sus respectivas enamoradas que eran amigas. Una vez fuimos los cuatro a tomar algo, no estoy seguro si esa vez contó su historia del pionero. Probablemente no pero, después de leer esta novela, quiero creer que sí. Así de mentirosos son los recuerdos.

Aunque también es difícil comentarlo porque es una novela que juega con la memoria de muchos de (¿mi? ¿nuestra?) generación, tiene un feeling que es difícil de resistir. Los que vivimos, o al menos recordamos algo de los años 80, podemos sentir por instantes algunos de los recuerdos de la obra. Yo también adoraba a los G.I. Joe, creo que tuve como una docena, me asustaba V. Invasión Extraterrestre, probablemente el "primer contacto" con los aliens (al menos en la ficción). Me encantaba también el KFC y usé sus juegos (era el único lugar de comida rápida en esa época: Mcdonald's y Burguer King llegarían en 95-96, Starbucks, Dunkin, etc. mucho después). A Lápiz y Tornituerqui no los ubico ¿no seré tan viejo? ¿o seré demasiado? El tiempo también es ilusorio.

Al MRTA sí lo recuerdo y la relación de su símbolo con otro no fue tan sorprendente, pero sí muy efectiva. En la novela nos damos cuenta que los terroristas no son invasores ni extraterrestres, son como nosotros, son nosotros, pueden ser más cercanos de lo que te imaginas. Y eso es mucho más monstruoso. Y difícil de aceptar.

Lo interesante, como lo dijo también José Carlos Yrigoyen, es que no exagera con los referentes ni con la nostalgia, ni cae en la cursilería barata. La novela tiene la dosis exacta de elementos que contraponen "lo infantil" con "lo adulto" y están bien relacionados. Y no, no aparecen sables láser como se menciona en la publicidad de la contraportada, lo que parece más bien un deseo inconsciente, quizás producto de la cercanía del estreno de The Force Awakens.

Ya lo dijo Ribeyro en una de sus Prosas Apátridas (la N.° 23): "Es falso, pues, decir que los niños imitan los juegos de los grandes: son los grandes los que plagian, repiten y amplifican, en escala planetaria, los juegos de los niños". Esta obra lo confirma.

Y esos juegos, se mezclan en nuestro recuerdos, que a veces son pequeños y escurridizos como un caballito de mar, como un hipocampo, pero a la vez están dentro de nosotros, como el otro hipocampo, el del cerebro, que nos permite recordarlos.

Pero recordar no es cualquier juego, puede ser muy peligroso. Si la memoria es un conjunto de habitaciones con imágenes, hay que tener cuidado y avanzar cauteloso, como en Doom, y mejor si uno está armado con una Makarov, no vayamos a encontrar algo que hubiéramos preferido no descubrir nunca.

(Recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre probablemente sea Iván Morante) otra "Prosa apátrida" sobre esto (la N.° 56): "(...) no somos dueños de nada, ni siquiera de nuestro pasado. Todo lo que hemos vivido y que tendemos a considerar como una adquisición definitiva, inmutable, está constantemente amenazada por nuestro presente, por nuestro futuro (...)").

Eso le pasa al protagonista: su pasado se transforma radicalmente, luego de descubrir algo, y la historia da un giro a lo Dan Brown (?) con hartos códigos para descifrar, tumbas, huesos, sótanos, espías, conspiraciones y hasta la CIA.

El título de la novela, que un principio no me gustaba, luego de concluir la lectura me parece mejor, resume varias dicotomías: los juegos y la guerra, lo novedoso y algo tan aparentemente "de museo" como la Guerra Fría y, claro, la infancia y la adultez.

Y así, de La Habana a La Paz, de Lima a Nueva York, esta novela se suma a otras que se basan en la memoria y lo autobiográfico y que vienen siendo publicadas en años consecutivos: Contarlo todo (2013) de Jeremías Gamboa y De noche andamos en círculos (2014) de Daniel Alarcón. Pero esta es mejor. 
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31 ago 2015

Top 5 errores sobre Julio Ramón Ribeyro

31 ago 2015

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Hoy, como todos los días, cundió una noticia que, para variar "remece las redes sociales"(?). En resumen, harto trolleo por los garrafales errores que cometió la Municipalidad de Lima tratando de homenajear por su cumple al maestro Julio Ramón. 



Lo extraño de esto no son estos fails, sino que la gente se siga sorprendiendo de estas patinadas pues, cualquier hincha de Ribeyro que se respete sabe que durante toda su vida sufrió una interminable lista de erratas. Incluso lo dice en una de sus Prosas apátridas (la 198): "Quedarás tú, como tus libros, lleno de erratas, nadie te comprenderá".

Ahí les van:


1. En Las botellas y los hombres: En su tercer libro de cuentos, publicado por Populibros, el título salió al revés y fue publicado como "Los hombres y las botellas". Parece una tontería, pero queda mucho mejor como estaba previsto. Incluso, hasta hubo una errata en su pago: "El dinero de Populibros llegó finalmente a Cannes aunque con Ribeyro escrito con V." (Carta a Juan Antonio del 22 de julio de 1964).

2. En Tres historias sublevantes: Su siguiente libro de cuentos también tiene hartos roches. En la contraportada también se equivocan con su fecha de nacimiento diciendo que es 1930 cuando en realidad fue 1929. Luego vuelven a regarla cuando mencionan que Los gallinazos sin plumas se publicó en 1959 cuando realmente fue en 1955: 
"Mi libro tiene muchas erratas, algunas verdaderamente graves que vuelven incomprensibles ciertos párrafos" (Carta a su hermano Juan Antonio, 8 de junio de 1964)

3. En Los geniecillos dominicales: Ese mismo año publicó su segunda novela ganadora de un concurso organizado por un periódico que no sé como sigue existiendo ("Expreso"): el libro tenía 24 páginas cortadas y otras 24 repetidas: "Su edición es infecta (...) con una letra enana una diagramación demencial y un cúmulo de errores (omisiones, repeticiones, etc.) (...) No puedo presentar libros plagados de erratas o mutilados(Carta a su hermano Juan Antonio, 1 de julio de 1965).

4. En Prosas Apátridas: En la segunda edición (Milla Batres, 1978) hay pliegos que salen duplicados (por lo menos en la que tengo a la vista) y la carátula (al menos para su autor) tenía algunos defectos de impresión: "La carátula me parece pésima, chata, sin relieve, insípida (...) tengo la impresión que se han olvidado de imprimir un color" (La tentación del fracaso, Diario, 21 de agosto de 1978).

5. En La juventud en la otra rivera: Sin comentarios.

Y hay muchos ejemplos más, como el caso de una edición francesa en que apareció la fotografía de un hombre negro en lugar de la suya en la contraportada del libro. Incluso, hasta ahora la editorial Gallimard se equivoca cuando dice que solo publicó dos novelas, cuando en realidad publicó tres. Así, que no nos arañemos tanto. 

¿Quieren más ejemplos? Varias veces reemplazaron La palabra del mudo por "La palabra del mundo" (aquí hay un ejemplo). En Perú 21 se equivocan con el año de la publicación de Los gallinazos sin plumas y peor es lo que pasa en Universia (sí, esa página que se supone que representa a las universidades y la investigación) que en un artículo lo "mata" en un año y lugar errados (dicen que murió en París en 1993).

Hoy también el centro cultural de Petroperú mató a Ribeyro antes de nacer, pero pasó más caleta.

Debe estar sonriendo, si es que aún se encuentra en algún lugar. Feliz cumpleaños, maestro.

Algunos memes que salieron en respuesta:


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17 ago 2015

Hudson el redentor, una introducción a Diego Trelles

17 ago 2015

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Entre los muchos autores peruanos que no he leído (y que leería si me prestaran sus libros, porque sinceramente no pienso gastar un sol más, menos por algo que ni sé si me gustará) se encuentra Diego Trelles. Ahora que lo veo tampoco se encuentra en la convocatoria a la Selección peruana de Estruendomudo, que ya comentaremos otro día. Mientras tanto, demos un vistazo a su primera obra: Hudson, el redentor.

Los cuentos de este libro son básicamente historias de aprendizaje o de crecimiento, de la ingenuidad y de la juventud que tratan de formar un conjunto que parezca novelesco. Es decir, intenta un efecto similar al de otros libros de cuentos peruanos, también operas primas, como Casa de Islandia de Luis Hernán Castañeda, Lecciones de Origami de Augusto Effio o Los inocentes de Oswaldo Reynoso. Aunque el mejor libro que leído de este estilo debe ser Historia Argentina de Rodrigo Fresán.

Curiosamente los textos escritos en Lima, me parecen mucho mejores que los pergueñados en Austin. De los siete los más recomendables son: "El ritual del cómputo", "Memorias de Laura" y "Los muertos no hablan". 

El lenguaje en general está muy bien trabajado, se nota que hubo esfuerzo, por los menos en algunos de los relatos. Si hubiera seguido así, le hubiera puesto 4 estrellas en goodreads, pero le puse 3 por lo forzado de tratar de crear estructuras "originales" (diario, carta, narración de partido de fútbol, etc.) en los cuentos, lo que aporta poco. Hay que ser ingenuo para creer que todo ello es novedoso (aunque, quien sabe, quizás si lo era en el 2001). "Historia de Melvin y una mujer que espera" sería genial si se le quitara la parte de la radio, que no aporta casi nada y parte en dos la historia por gusto.

Otra razón para el puntaje fue insistir en el tema del sexo, yerba, coca, trago, etc. etc., ese realismo sucio tan común, que ya aburre y hasta parece que mucho de lo que se le critica al cine peruano se podría aplicar a la literatura también.

Otra ingenuidad es la aplastante influencia de Vargas Llosa: usar diálogos de distintos tiempos, como hace el Nobel en la La casa verde o en Conversación en La Catedral, no creo que sea la mejor idea para un cuento corto. Y eso se ve en "Los muertos no hablan" o "Jauría". No es que lo haga mal, al contrario, creo que le sale. La pregunta es si vale la pena usar esa técnica en un cuento breve y, para empezar, si vale la pena copiarse tanto otro estilo. 

Algo similar sucede con los diálogos seguidos de comas y nombre del personaje (apodo más bien), otro clásico de MVLL. Muy al estilo Los cachorros, como de alguna forma lo reconoce en esta entrevista. Ese probablemente debe ser el libro al que le debe más Hudson... junto al ya mencionado Los inocentes. No es casualidad, que la literatura peruana sea tan adolescente, como comentamos hace tiempo. Este problema de las influencias muy marcadas se ve también en otro cuentista peruano: nos referimos a Gustavo Rodríguez y su Trece mentiras cortas.

Creo que es más agradable una influencia sutil, que no se note (al menos de forma tan evidente). Un ejemplo de ello para este libro sería Ribeyro. Al igual que en La palabra del mudo, en estos cuentos se ve el aprendizaje de jóvenes de la clase media de Lima, personajes sórdidos, el mar etc. donde Magdalena es casi igual a Barranco, todo impregnado por esa sensación de fracaso que empieza desde el título. Una influencia que queda bien porque pasa desapercibida, aunque al final la malogra diciéndolo textualmente en el último cuento, cuando menciona a la higuerilla, pero bueno.

Sin embargo, el tema central, el fracaso, está bien trabajado. Incluso el personaje que termina mejor, el Chato, solo es un profesional que trabaja en un diario, casi un Zavalita que se quedo sin la chica que amaba (otra similitud con MVLL). El fracaso es otro tema muy ribeyriano y, como comentamos hace un tiempo, Ribeyro y Joyce son muy parecidos para explicar la parálisis de los personajes y como reaccionan al fracaso. En este libro pasa algo similar, quizás no sea casualidad que el último cuento de Dublineses sea "Los muertos", y en Hudson..., "Nosotros los muertos". Y ambos se supone que engloban toda la temática anterior y son el cierre del libro, aunque en el caso de Hudson... creo que el último cuento no fue el mejor.

Luego de los pro y contra, siempre queda una pregunta que puede resumir cualquier reseña: ¿Leerías otro libro de Diego Trelles? Y la respuesta es sí, si lo haría porque es muy difícil que el primer libro de un autor, publicado a los 24 años, no tenga imperfecciones y porque los aspectos positivos de este libro nos generan curiosidad para descubrir como evoluciona el autor. Así que allá vamos El círculo de los escritores asesinos y Bioy. ¿Alguien me lo presta?
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10 ago 2015

Selección peruana 1990-2005

10 ago 2015

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Selección peruana 2000-2015, fue una de las novedades más destacadas de la FIL. Algo que inicialmente llamó mi atención fue el cambio en comparación con el equipo que salió hace diez años, la llamada Selección peruana 1990-2005. Antes de comentar la más reciente "alineación", quizás sería bueno partir de ahí donde empezó todo esto de las convocatorias (además que no voy a volver a caer en comprar el libro actual, al igual que ya no compro entradas para ver las Eliminatorias). 

Curioseando entre papeles viejos encontré mi ¿comentario? ¿crítica? de la primera Selección peruana. Parecerá ingenuo y hasta oportunista pues es fácil comentar con una década de ventaja, pero me limito a transcribir exactamente lo que puse ese día del 2006 (si me creen o no, no importa). El puntaje y el desempeño están circunscritos al cuento presentado en esa ocasión, no a toda su obra. 



Mario Bellatin (7): Realmente impredecible, pero eficiente. Sabe tomar riesgos inteligentes y productivos. Es un referente, su experiencia lo respalda.

Luis Hernán Castañeda (7): Pareciera que tuviera muchísimos partidos jugados. A pesar de su juventud tiene gran técnica y habilidad. Todavía puede mejorar su capacidad de definición.

Alexis Iparraguirre (4): Sin duda tiene recursos, pero le falta ritmo, rapidez, explosión ¿Será porque está muy gordo? De cal y arena. Irregular, en suma.

Sergio Galarza (6): Bien en lo suyo: la jugada práctica y corta, sin artificios innecesarios, que lo ayudan a mantener el aburrimiento lejos de su área. Es uno de los experimentados del equipo.

Jorge Eduardo Benavides (5): Esperábamos al jugador de anteriores jornadas. Predecible, sin sorpresas, un pobre desempeño más de un calichín que de un hombre de su recorrido. 

Fernando Iwasaki (7): Aunque lleve varias temporadas en Europa, no tiene nada de "pecho frío". Muy técnico y con un concepto férreo de la estrategia. Podría salirse un poco del libreto pensando en el público. 

Ricardo Sumalavia (4): Un primer tiempo soso y para el bostezo, dio paso a una segunda mitad con más emociones, pero al final se mantiene en el limbo. Intrascendente.

Ivan Thays (2): De lo más bajo del combinado bicolor. Sin explosión ni fantasía. Soporífero. Abusa de lo personal, sin éxito. Raro para alguien que ha pisado el Viejo Continente. Ojalá mejore.

Santiago Roncagliolo (6): Sin la picardía de Pudor, tuvo un par de pinceladas que bastaron para mantener despierto el lado ofensivo. Esta vez parece que no tuvo un desempeño al 100%.

Enrique Planas (4): No es un mal jugador, pero definitivamente no es un goleador. No es de los que "gana por K.O.". Hizo varias jugadas de más. No nos convence.

Daniel Alarcón (8): La gran promesa peruana, junto con Castañeda. Tremenda garra, confianza en si mismo, técnica, mística con el público. Algunas imprecisiones que no afectaron un gran partido.  

Disculparán lo intrascendente y arcaico de mi texto. El intento de querer parecer gracioso u original. Suele pasar con los blogs... y también con las antologías.
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20 jul 2015

5 presentaciones a las que ir en la #FilLima2015

20 jul 2015

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Es un poco pesado leerse todo el programa de la Feria Internacional del Libro de Lima para buscar las actividades y presentaciones más interesantes. Pero bueno, ya lo hicimos, así que para evitar que ustedes lo tengan que hacer nuevamente, les comento 5 presentaciones que me llaman la atención de esta #FilLima2015:


1. Mesa redonda Renovación de la Ley del Libro (Viernes 24, 20:00 - Sala José María Arguedas): Después que Vargas Llosa choteó a Luciana León el día de una firma de autógrafos en Larcomar, porque ella le pidió apoyo por el tema de la Ley del Libro, el debate  no parece haber avanzado mucho. Han pasado 10 años desde que se promulgó la norma y es momento del balance para decidir si este régimen debe continuar o no.

2. Presentación de libros de Vallejo y Arguedas en braille (Sábado 25, 15.00 - Sala Eielson): Hay tan pocos libros en braille en el Perú, que este tipo de iniciativas en beneficio de gente con discapacidad visual, son de las que más se necesitan. Quizás algún día los principales autores peruanos puedan estar disponibles en este sistema. Como lo dijimos antes, la falta de visión no es excusa para no poder disfrutar de la buena literatura.

3. El Mox en la FIL (Sábado 25, 18:00 - Sala César Vallejo): El popular Mox de What da faq show, debuta como escritor presentando su libro titulado "Historia del Internet según el Mox", todo un hito en lo que a libros (que provienen del mundo virtual) se refiere. Aunque ya existen algunos precedentes, como el libros del blog de Claudia Ulloa, Séptima madrugada, esto es algo completamente diferente. Y si no lo sabes... ahora lo sabes!!!

4. Presentación de Marginalias de Carlos Yushimito (Domingo 26, 19:00 - Sala José María Arguedas): El año pasado me perdí la presentación de Los bosques tienen sus propias puertas. Este año no pasará. Y es mejor que este tipo de eventos se den en la FIL y no solo en una librería, porque estamos hablando de una los mejores exponentes jóvenes de la literatura peruana actual. Participan Victor Ruiz y Juan Pablo Mejía.

5. Mesa redonda Booktubers en Perú (Martes 29, 16:00 - Sala Blanca Varela): El boom de las video-reseñas en Youtube ya no es nada nuevo. Pero es interesante que se siga consolidando como una alternativa en la difusión de libros, aunque parezca paradójico que la mejor forma de incentivar la lectura sea con medios audiovisuales.
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18 may 2015

¿Vale la pena hacer campañas a favor de la lectura?

18 may 2015

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Ya habíamos hablado antes de Mónica Cabrejos en este blog. De como nos sorprendió verla en el stand de Perú -pagado con dinero de todos- en la última FIL Guadalajara, a pesar que deben haber varias personas con más experiencia y libros bajo el brazo. Qué suerte tener amigos en Promperú. De Iván Thays sí creo que nunca habíamos hablado.



Sin embargo, plumas más alturadas que las hormonadas de esta humilde ave de corral, seguramente se pronunciarán con mayor elegancia y precisión respecto a su ventilado affaire. Nosotros trataremos de seguir con el tema de la semana pasada.

A veces me pregunto si la relación entre estos próceres de nuestras letras  no será una jugada mediática para promover la lectura (?) digna de la maquiavélica mente de algún Favre librero que aún desconocemos.

¿Exagero? Para nada. Las campañas para difundir/ promocionar la lectura son innumerables, algunas ingeniosas y otras algo lisérgicas. Así tenemos desde algunas con la participación directa de estrellas de Hollywood como Nicole Kidman, otras con la participación de dos integrantes de Combate y hasta otras que, bueno, mejor véanla ustedes mismos:




La campaña "Perrea un libro" finalmente fue anulada por la UNAM, que terminó retractándose. Si lo que querían era relacionar el sexo con libros, quizás debieron ser más directos, no sé, chicas en topless leyendo, ah, no, eso ya se hizo. O, para que no digan que soy sexista, debieron poner chicos guapos leyendo, ah perdón, eso también se hizo.

El problema de estos intentos es que se parte de la premisa que la lectura de libros es aburridísima y que solo se aguanta con gente atractiva al costado. Pero en general, debo confesar que nunca he entendido las campañas o promociones “a favor de la lectura”. Me parecen mal enfocadas y hasta innecesarias. No entiendo porque habría que “difundirla”. Creo que todo el mundo sabe que existe. Si a pesar de eso no la practican, por algo será ¿no? ¿Por qué se publicita entonces? En todo caso habría que difundir también el gusto por la música, el cine, la pintura y otras manifestaciones culturales igualmente válidas.

La insistencia en frases como “el libro es cultura” o “read to achieve” (como se usa en USA) solo va a provocar actitudes similares a la de la Chilindrina, el Chavo y los demás alumnos del salón en ese capítulo en el que el profesor Jirafales les dijo que lean. Y no sólo, como muchas veces se malentiende, se produce esta reacción en los sectores socioeconómicos más bajos o de menor acceso a la educación. Lo mismo pasa entre personas que han tenido mejores oportunidades, no sólo en nuestro país, sino incluso en el extranjero. Un buen ejemplo de esto fue el artículo publicado en El País –uno de los periódicos más prestigiosos de España–  con el rótulo “Yo no he leído el Ulises ¿y qué?”[1].

Como vemos, la sacralización de algo, en este caso de leer, tiene como correlato exactamente lo contrario de lo que se busca y despierta cierta vocación iconoclasta hacia lo defendido como positivo. Este problema se incrementa si los partidarios de las campañas pro-lectura no articulan una política coherente o, al menos, comparten ciertos criterios en común respecto al por qué la lectura es saludable. Es decir, todos asumen que la lectura es positiva y es por eso que hay que difundirla. Pero, antes de asumirlo, previamente habría que tener algo claro: ¿por qué la lectura es positiva?

La respuesta, quizás, la próxima semana.



[1] El País, 15 de mayo de 1993. Extraído de García Tortosa, Francisco. “Introducción” en Joyce, James. Ulises. Madrid, Cátedra, 1993, p. XXII.

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20 abr 2015

¿Qué tienen en común James Joyce y Julio Ramón Ribeyro?

20 abr 2015

4 floritos
En este blog nos encanta hacer asociaciones tiradas de los pelos como por ejemplo comparar un libro (Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson) a la vez con Dan Brown y con 2666 de Bolaño o hacer un símil entre la última novela en vida de Saramago (Caín) y ese aburrido anime bíblico llamado La casa voladora. Esta vez trataremos de hacerlo menos obvio.



En un principio, además de que el nombre de ambos autores empieza con "J", parecería que poco los une. Uno es quizás el escritor más grande del siglo XX, que cambió la literatura para siempre. Y el otro, lamentablemente, es probable que sea sobre todo conocido en Perú y que pocos lectores de otras latitudes lo hayan leído. Al menos de lo poco que he visto en México y Argentina las librerías sólo tienen en sus estantes a Vargas Llosa y a Santiago Roncagliolo, por ahí algo de Bryce y Daniel Alarcón, nada más. El resto casi no existe.

Pero incluso en el Perú, cuando se habla de la generación del 50, suele mencionarse la influencia de Joyce en las técnicas y en el desarrollo de la literatura de este grupo de escritores peruanos, menos en el caso de Ribeyro, a pesar de ser un destacado miembro de esta generación, al que se le considera alejado de la influencia joyceana[1] y muchos críticos lo relacionan más relacionado a escritores como Poe, Chejov, Maupassant[2] o Henry James[3]; por lo que ha sido catalogado burlonamente como “el mejor escritor peruano del siglo XIX”. Sin embargo, se equivocan.

Es cierto que Ribeyro no mostró mayor entusiasmo por la tremenda revolución estilística que causó el autor irlandés. De alguna manera hasta mostró cierto desdén por la obsesión con el tema de la técnica[4]. Ni siquiera lo cuenta entre sus escritores favoritos[5]. Pero la influencia muchas veces es inconsciente y al margen del tema de los gustos personales, Ribeyro era un gran lector y definitivamente había leído a Joyce y supo apreciar su gran calidad narrativa[6].

Teniendo en cuenta que el aspecto más relevante en la literatura de Ribeyro fue el cuento, vamos a centrarnos en esto y su contraparte joyceana: Dublineses. A primera vista, la estructura narrativa en ambos autores también presenta parecidos. Son historias donde transcurren diferentes etapas de la vida: niñez (como en “Araby” y “Los merengues”) adolescencia (“Después de la carrera” y “Un domingo cualquiera”), adultez (“Una nubecilla” y “El jefe”) y madurez (“Un caso doloroso” y “Una aventura nocturna”). El escenario suele ser la ciudad (siempre en el caso de Joyce y en la mayoría de veces en Ribeyro).

La “parálisis”

Un elemento clave para entender el célebre libro de cuentos del irlandés es el concepto de “parálisis” que articula, en gran medida, la narrativa breve ribeyriana.

Es conocido que Joyce tuvo como temática principal de Dublineses la lucha contra la “parálisis” de su ciudad natal.[7] Esta parálisis es moral, intelectual y social y se entiende como la impasividad ante una realidad que los supera y que está plagada de impotencia, frustración, represión y muerte, toda una colección de “horrores particulares”[8]. Es una parálisis también basada en la situación de la urbe y la rutinaria vida de los sus habitantes. En ese sentido, por el enfoque que se la da a la ciudad[9], Dublín y Lima tendrían puntos en común[10], en su vocación paralizante.

Es interesante la relación que se da entre la parálisis y la clase media como su principal víctima, hecho sintomático si tenemos en cuenta que la mediocridad de la clase media es un tema recurrente en los cuentos de Ribeyro. Al respecto Vargas Llosa menciona que Joyce es “uno de los escasísimos autores contemporáneos que ha sido capaz de dotar a la clase media –la clase sin heroísmo por excelencia- de un aura heroica y de una personalidad artística sobresaliente” realizando una “dificilísima hazaña: la dignificación artística de la vida mediocre[11]. No debe extrañarnos entonces que el autor de La casa verde afirme refiriéndose a las particularidades de la obra de Ribeyro, que “todos sus cuentos y novelas son fragmentos de una sola alegoría sobre la frustración fundamental de ser peruano: frustración social, individual, cultural, psicológica y sexual[12].

Todos los cuentos que analizamos a continuación (y que son significativos en la obra del cuentista miraflorino) presentan el mismo proceso basados en la idea de la parálisis. Proceso que tiene tres pasos: 1. Situación inicial de parálisis. 2. Elemento imprevisto que amenaza romper la situación de parálisis. 3. Resultado final.

Situación inicial de parálisis: se refleja como el estado primario contra el que los personajes tratan de luchar y que los mantiene en situación de inmovilidad (en términos de Oquendo[13]) en sus deseos de darle un nuevo rumbo a su vida condenándolos a mantenerse perennes en la misma situación opresora (familiar, social, económica etc.).

Elemento imprevisto que amenaza romper la situación de parálisis: puede ser cualquier proyecto, posibilidad o situación, a veces buscado por el personaje y a veces surgido de repente que parece mostrar la posibilidad de algo nuevo. Este elemento sorpresivo, revelador puede relacionarse con el concepto de epifanía joyceana.[14]

Resultado final: es normalmente el fracaso, en ocasiones por culpa de los personajes o por una causa externa, la causa no importa porque el final es el mismo, elemento recurrente en la narrativa breve ribeyriana que más de un crítico ha resaltado.[15] Este esquema de tres pasos también ha sido percibido por Higgins[16] y por Irene Cabrejos[17], que lo denomina “proceso temático” o “proceso gnoseológico de reconocimiento” (sí, usamos estos términos solo para impresionar un poco :D).

Hemos elaborado un pequeño cuadro que muestra este proceso en algunos relatos:

Cuento
Situación de “parálisis”
Elemento que trata de remover la parálisis
Situación final
Los gallinazos sin plumas
Pobreza, explotación de los personajes
Muerte de Don Fermín
Éxito

El primer paso
“Ladronzuelo” mediocre

Posibilidad de un “gran golpe”
Fracaso
Los merengues/
Por las azoteas
Niño oprimido en un mundo de adultos
Robo del dinero/ Presencia del hombre de la azotea
Fracaso
De color modesto

Joven marginado social y económicamente
Affaire desaprobado socialmente
Fracaso
El banquete
Pareja marginada social y económicamente
Banquete para mejorar posición económica y social
Fracaso
Explicaciones a un cabo de servicio
Hombre marginado económicamente (desempleado)
Proyecto de empresa para mejorar su situación
Fracaso
El profesor suplente

Hombre marginado social y económicamente
Posibilidad de nuevo trabajo como profesor suplente
Fracaso
La piel de un indio no cuesta caro
Hombre de clase media
Posibilidad de denunciar injusticia
Fracaso
Una aventura nocturna
Hombre marginado, solitario de clase media
Posibilidad de affaire
Fracaso
El jefe
Hombre de clase media que quiere pedir un aumento
Borrachera con su jefe
(posibilidad de aumento)
Fracaso
Tristes querellas en la vieja quinta
Hombre de clase media de vida monótona
Aparición de nueva vecina (Doña Pancha)
Fracaso
Espumante en el sótano
Hombre de clase media
Aniversario de trabajo (posibilidad de un aumento o reconocimiento)
Fracaso
Un domingo cualquiera
Joven de clase media
Conoce una chica de clase alta
Fracaso
La juventud en la otra ribera

Hombre maduro de clase media
Affaire con una francesa
Fracaso
  
La columna denominada “situación final” trata de resumir escuetamente si se tuvo “éxito” o “fracaso” en la empresa de acabar con la parálisis que sumía a los personajes. Es decir si su situación cambió (éxito) o permaneció igual (fracaso) después de la irrupción en sus vidas del elemento “desparalizante”.

Sólo hemos tomado en cuenta algunos cuentos que parecen emplear este esquema. Esto se da más en los relatos de corte realista, no en los cuentos fantásticos ("La insignia", "Doblaje", "Ridder y el pisapapeles", "Demetrio", "El carrusel") ni en los evocativos ("Los eucaliptos", "Sólo para fumadores" y toda la saga de Relatos Santacrucinos). En Ribeyro, esto es sólo referencial, no afirmamos que siguen esquemas idénticos, sino que existe una influencia joyceana ineludible que muchos críticos se han empeñado en negar.

Este proceso se repite en la obra de Joyce, como vemos a continuación:

Cuento
Situación de “parálisis”
Elemento que trata de remover la
 parálisis
Las hermanas
Niño confundido
Muerte del sacerdote Flynn
Un encuentro
Niños oprimidos por un colegio estricto
Escape de clase para irse de paseo
Araby
Niño oprimido en mundo de adultos
Se enamora de una chica y trata de comprarle un regalo
Eveline
Joven sin futuro

Posibilidad de huir con un marino
Después de la carrera
Estudiante marginado de clase media
Posibilidad de juntarse con amigos de clase social alta
Dos galanes
Estafadores de poca monta

Intento de robarle dinero al patrón de una empelada
La casa de huéspedes
Madre e hija de baja clase socio-económica

Posibilidad de matrimonio forzado de la hija
Una nubecilla
Abogado mediocre
Encuentro con un amigo exitoso
Contrapartidas
Oficinista mediocre
Trata de divertirse y salir con sus amigos

Arcilla
Sirvienta de vida mediocre
Fiesta de Halloween
Un caso doloroso
Solterón mediocre
Posibilidad de encontrar el amor
Día de la patria en la oficina del partido
Miembros mediocres de un partido
Día conmemorativo de la muerte del fundador
Una madre
Madre e hija de carrera artística menor
Posibilidad de concierto
Una gracia
Borrachín reincidente
Grupo de amigos trata de reformarlo
Los muertos
Joven confundido
(Gabriel)
En una fiesta se entera del antiguo amor de su novia.

Sólo que aquí el resultado siempre es el mismo: en todos los cuentos los personajes se dan cuenta, toman autoconciencia de su propia parálisis, al margen de lo que les pase después.

Haciendo una comparación podemos notar que, por ejemplo, tanto en “Las hermanas” de Joyce como en “Por las azoteas” del cuentista miraflorino contemplamos a un niño que queda impactado por la presencia de un adulto misterioso y su posterior muerte, lo que rompe la parálisis en la que vive el menor, llevándolo a la “pérdida de la inocencia”, es decir al autoconocimiento. Un esquema similar, con algunas diferencias, notamos en “Los gallinazos sin plumas” y “Página de un diario”.

Lo “no dicho”

Otro punto en común en el estilo narrativo de ambos autores es la presencia de innumerables silencios y elementos “no dichos” en los cuentos, estilística muy coherente con la idea central de los relatos: la parálisis. Así, es más apropiada una narración tímida, callada y poco activa para describir unas vidas abrumadas por la desesperanza de ver repetida una existencia sin sentido. Los silencios son un tema estudiadísimo en la obra joyceana[18] y esta insistencia en lo “no dicho” ha sido también reconocida por varios críticos sobre Ribeyro[19]. El autor siente predilección por este estilo, como la ha dicho varias veces en entrevistas, en su “Decálogo” y en su diario[20].

Este elemento se aprecia más profundamente en un cuento como “Arcilla” donde está implícita la idea de la muerte cercana de la protagonista. O, en el caso de Ribeyro,  en “Noche cálida y sin viento” donde se llega al extremo bien apuntado por Irene Cabrejos- de lo “no escrito”.

¿No me creen aún?

Bueno, pasemos a lo que dice el propio autor entonces. Conversando respecto a la concepción de su primer libro, Los gallinazos sin plumas, le preguntan a Ribeyro:

“Esta norma, esta concepción ¿a ti se te ocurrió o la tomaste de una escuela, la aprendiste de alguien?
 
Fue influencia de Dublineses, el libro de James Joyce. Si uno lee con detenimiento encuentra que todos los cuentos que lo componen son episodios que ocurren en pocas horas. Incluso, el último, que es el más largo, un cuento imperecedero que se llama “Los muertos”. Es sólo la descripción de una fiesta, de una cena en la que todo transcurre. Sí, fui influido por ese libro que había leído unos años antes. Se me ocurrió que era la técnica que convenía para una colección de relatos sobre Lima[21]

Y en el prólogo de la primera edición (1955) del mismo Los gallinazos sin plumas, señala sobre las razones por las cuáles eligió los cuentos para su primer libro:
"El criterio que he adoptado para su selección ha sido el de afinidad. Afinidad de estilo, afinidad de técnica, pero sobre todo afinidad de tema y afinidad de intención (...) En este sentido, los Dublineses de Joyce son un ejemplo característico."

Más claro ni el agua. Aunque quizás, después de todo, lo afirmado por el propio autor, sólo sea un elemento a tomar en cuenta y no algo definitivo ya que, con algo de escepticismo ribeyriano, no podemos llegar a verdades o certezas sobre algo y, sobre todo, como ya lo han dicho escritores como Vargas Llosa[22] y el propio Ribeyro[23], un escritor muchas veces se equivoca sobre su propia obra.






[1]  Así  Washington Delgado (“Julio Ramón Ribeyro en la generación del 50” en: Tenorio Requejo, Néstor. Julio Ramón Ribeyro: el rumor de la vida. Lima: Arteidea, 1996, p. 115.) dice textualmente: “Sus modelos no fueron Proust ni Joyce”. De igual parecer es Peter Elmore que afirma que “A diferencia de Flaubert y Joyce, que retrataron al autor como un pequeño dios, JRR opta por una imagen secular…”. Elmore, Peter. “Las voces del silencio. Los relatos de Julio Ramón Ribeyro” en: Tenorio Requejo, Néstor. Op. cit. p. 216.
[2]   Como señala, por ejemplo,  José Miguel Oviedo (“Ribeyro o el escepticismo como una de las bellas artes” en: Tenorio Requejo, Néstor. Op. cit. p. 165.)) al afirmar que Ribeyro “seguía los patrones más clásicos (Sthendal, Balzac, Maupassant, Chejov)”. También Julio Ortega (“Presentación” a Luchting, Wolfgang. Julio Ramón Ribeyro y sus dobles. Lima: INC, 1971) e incluso su amigo Alfredo Bryce que menciona que “la entonación de estos relatos podría evocar el prolijo registro de Chejov, ese soliloquio intenso, breve e íntimo. Solo que la variedad episódica evoca a Maupassant”. Bryce Echenique, Alfredo. “Una pasión gratuita de Ribeyro”  en: Tenorio Requejo, Néstor. Op. cit. p. 105. La lista podría seguir.
[3] Luchting, Wolfgang. Estudiando a Julio Ramón Ribeyro. Frankfurt : Vervuert, 1988, p. 163.
[4] Como se  puede deducir de la prosa apátrida número 72.
[5] Apunte del diario del 27 de enero de 1978. La tentación del fracaso. Diario Personal 1975-1978. Tomo III. Lima: Campodónico, 1995, p. 196
[6]  Como lo menciona en su decálogo del cuento “Al leer cuentos de Kafka, Joyce (…) descubrí nuevas probabilidades y goces en el relato breve; la lógica del absurdo, la habilidad técnica, el arte de lo no dicho”. Ribeyro, Julio Ramón. La palabra del mudo. Cuentos 1952-1993. Tomo I. Lima: Campodónico, 1994, p. 7. Del Ulises, tuvo siempre opiniones favorables, sin llegar al entusiasmo. Así, en su artículo “Las alternativas del novelista” lo menciona positivamente. Opiniones apocadas si las comparamos con las de narradores como Vargas Llosa, Zavaleta o Miguel Gutiérrez que incluso, esto dos últimos, han llegado a escribir críticas sobre Joyce.
[7] En una carta a su editor Grant Richards, del 5 de mayo de 1906, Joyce escribió: “Mi intención era escribir un capítulo de la historia moral de mi país y escogí Dublín para escenificarla porque esa ciudad me parecía el centro de la parálisis”. The letters of James Joyce, vol. II, editado por Richard Ellman, Londres: Faber and Faber, 1966, p. 134. Citado por Fernando Galván en su Introducción a Dublineses, 3ª edición, Madrid, Cátedra, 2002, p. 22.
[8] Tindall, William York. A Reader’s Guide to James Joyce. Nueva York, Farrar, Straus & Giroux, 1959, p. 6. Citado por  Fernando Galván, op. cit. p. 60.
[9]  Al respecto Valero, Eva María. La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Valencia: Universidad de Alicante, 2003, 303 pp.
[10] Un indirecto esbozo de esto se da en el artículo “Lima: ciudad sin novela” en: La caza sutil, Lima: Milla Batres, 1976.
[11] Vargas Llosa, Mario. “Prólogo” a Dublineses. Barcelona: Círculo de lectores, 1988, p. viii.
[12] Carta al crítico y traductor alemán Wolfgang A. Luchting, del 24 de octubre de 1966.
[13] Este concepto de inmovilidad ha sido también detectado por José Miguel Oviedo que postula que “Ribeyro sabía narrar a través  de esos pasajes de la vida humana en los que no ocurre nada, en los que parece que la existencia se estanca y pudre en la inmovilidad”.  Oviedo, José Miguel. “Ribeyro o el escepticismo como una de las bellas artes” en: Tenorio Requejo, Néstor. Op. cit. p. 163.
[14] Morris Beja, “Epiphany and the Epiphanies” en Zack Bowen y James F. Carens (eds.), A Companion to Joyce studies, Westport, Connecticut: Greenwood Press, 1984, págs. 707-725.
[15] Por ejemplo Alejandro Losada resume que “Los cuentos de Ribeyro son la historia reiterada de un fracaso”. Antonio Cornejo Polar, en su Historia de la literatura en el Perú Republicano opina que “En la obra de Ribeyro actúa un a priori inconmovible, definido por la certidumbre del fracaso final”. Ambas citas extraídas de Gutiérrez, Miguel. “La narrativa del 50” en  Tenorio Requejo, Néstor. Op. cit. p. 129.
[16] “Otro modelo narrativo que Ribeyro emplea con frecuencia refleja su escepticismo respecto a la capacidad de los hombres para cambiar sus circunstancias existenciales. Esta estructura es circular, en cuanto presenta una insatisfactoria situación inicial, de la cual el protagonista procura escaparse, pero tal intento se ve frustrado, generalmente tras una breve ilusión de éxito, que sirve para acentuar su conciencia de estar atrapado.” Higgins, James. Cambio social y constantes humanas: la narrativa corta de Ribeyro. Lima: PUCP, Fondo Editorial, 1991, p. 95
[17] Irene Cabrejos señala que “Los temas que mencionaremos a continuación están imbricados unos con otros y se encuentran presentes a través de etapas sucesivas en la estructura profunda de los relatos. Se trata de un proceso temático que puede definirse así: el protagonista, generalmente un marginal solitario y nocturno (…) posee una primera conciencia de sí mismo al inicio del relato, identidad que no siempre corresponde a lo que realmente es. De pronto, en su existencia rutinaria y sin esperanzas, irrumpe por azar una circunstancia imprevista que podría cambiar, aunque sea momentáneamente, la vida del personaje principal pero que pone a prueba su identidad. Es aquí cuando se da el combate solitario (…) ente le hombre y su circunstancia, un proceso gnoseológico de reconocimiento, que permite el desarrollo de la anécdota misma del relato” (las cursivas son de la autora). Cabrejos de Kossuth, Irene. “Julio Ramón Ribeyro; poética, evolución narrativa y temática” en: Lienzo, nº 18, 1997, p. 38
[18] Por mencionar dos ejemplos: Rabaté, Jean Michel, “Silence in Dubliners”, en Colin Mac Cabe (ed.), James Joyce: New perspectives.Brighton, Sussex: The Harvesters Press, 1982, p. 65. También, Brown, Richard. James Joyce: A Post-Culturalist Perspective, Londres: Macmillan, 1992, p. 10.  
[19] Como Giovanna Minardi en Tenorio Requejo, Néstor. Op. cit. p. 149. También Irene Cabrejos de Kossuth, “Julio Ramón Ribeyro; poética, evolución narrativa y temática” en: Lienzo, nº 18, 1997, p. 38, aunque aquí, para ella, esto lo aproxima a más a Henry James.
[20]  Apunte del diario del 20 de agosto de 1975. La tentación del fracaso. Op.cit. p. 43-44.
[21] Coaguila, Jorge. Las respuestas del mudo (Entrevistas). Lima: Campodónico, 1998, p. 173.  
[22] “Las afirmaciones de un novelista sobre su propia obra no son siempre iluminadoras; pueden ser incluso confusionistas, erróneas, porque el texto y su contexto son para él difícilmente separables y porque el autor tiende a ver en aquello que hizo, lo que ambicionaba hacer (y ambas cosas así como pueden coincidir, muchas veces divergen considerablemente)”. Vargas Llosa; Mario. La verdad de las mentiras. Barcelona, Seix Barral, 1990.
[23] “Muchas veces los autores se equivocan frente a aquello que ellos mismos hacen. En este sentido, mucho más cerca de la verdad pueden estar los críticos que los autores”. Entrevista de Jorge Coaguila a Ribeyro, extraída de http://julioramonribeyro.blogspot.com/2009/04/entrevista-ribeyro-1993.html.



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