viernes, 15 de junio de 2018

¿Pensaban muy distinto Vargas Llosa y Ribeyro?: La llamada de la tribu

viernes, 15 de junio de 2018

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Aunque no soy muy aficionado a los libros de crítica especializada, disfruté El flaco Julio y el escribidor: Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa cara a cara, larga serie de ensayos del español Ángel Esteban, el cual contiene nuevas perspectivas y datos de la obra ribeyriana y además, un interesante análisis y contrapunto con la figura de Vargas Llosa. Si bien por momentos se repite, pues parece una compilación de artículos publicados anteriormente, valió la pena por muchos datos que desconocía. Una idea central del trabajo es la gran diferencia existente entre ambos autores, por lo menos en su estilo de narrar y en su bibliografía en general.

Esta distinción podría ampliarse a su manera de pensar o posición política, en la que, sin duda, existieron discrepancias. Julio Ramón, un poco siguiendo su estilo teñido de escepticismo, nunca escribió una obra orgánica sobre su forma de ver el mundo. Pero tenemos sus Prosas apátridas en el cual encontramos buena parte de su filosofía de vida, por llamarlo de alguna manera.

Mario, por su lado, si ha sido muy enfático en su ideología, la cual es bien conocida, puede definirse como liberalismo y rastrearse a varios autores. Este año ha publicado La llamada de la tribu, conjunto de textos en el cual, a través de las ideas de siete pensadores liberales, refleja sus propias creencias.

Sin embargo, luego de leer los libros mencionados, me quedé pensando que, involuntaria y quizás hasta irónicamente, ambos autores terminaron coincidiendo en algunos puntos, llegando a conclusiones similares, por distintos caminos.



1. Popper y la falta de reglas de la historia

El premio Nobel 2010 refiere, en el capítulo sobre Karl Popper, que para este autor "(...) la historia no tiene orden, lógica, sentido y mucho menos una dirección racional que los sociólogos, economistas o ideólogos podrían detectar por anticipado, científicamente" (p. 174). Aquí se describe el grave error del historicismo. Por eso, afirma Popper, y Vargas Llosa con él: "History has no meaning" (p. 175).

Esto es muy similar a lo que expresa Ribeyro en una de sus prosas apátridas (la 12):

"La historia es un juego cuyas reglas se han extraviado. Filósofos, antropólogos, sociólogos y poIíticos las buscan, cada cual por su lado, de acuerdo a sus intereses o a su temperamento. Pero solo encuentran retazos de ellas (...) Lo terrible sería que después de tantas búsquedas se llegue a la conclusión de que la historia es un juego sin reglas o, lo que sería peor, un juego cuyas reglas se inventan a medida que se juega y que al final son impuestas por el vencedor".

Se advierte como, por dos vías distintas, el liberalismo y el escepticismo, los narradores peruanos obtienen el mismo resultado para determinar su postura frente a las reglas de la historia.

Como precisión, en la cita completa, Ribeyro postula que el marxismo es "una tentativa" de explicación, pero "no la única ni la definitiva". Esta sería una diferencia a lo planteado por Vargas Llosa, aunque este ultimo también confió, en una época, de las bondades de esta doctrina.

2. Raymond Aron y El opio de los intelectuales

Vargas Llosa también relata como Raymond Aron ironizaba sobre ciertos intelectuales que "(...) no habían visto un obrero en su vida, difundiendo el mito del proletariado luchador y revolucionario en países donde la mayoría de los obreros aspiraba a cosas menos trascendentes y más prácticas: tener casa propia, un coche, seguridad social y vacaciones pagadas, es decir, aburguesarse" (p. 215).

Esta ironía es compartida por Ribeyro, en su prosa apátrida 11, en la que relata como se ha encontrado a ese tipo de personajes:

"(...) En los pasillos del metro, el primero de mayo, millares de obreros endomingados, jóvenes y viejos, con sus familias se desbordan alegres, despreocupados, rumbo a la feria de París, al Campo de Marte o al Bois de Boulogne, todos con su ramillete de muguet en la mano. Están felices, han almorzado bien, es su feriado, su festividad. Sentados en el suelo de un corredor, dos estudiantes hirsutos y barbudos con guitarras, cantan un aire marcial y revolucionario, del que sólo percibo al pasar esta estrofa: “Obreros, levanten sus barricadas”. Los proletarios, sin detenerse, les pasar una mirada de reprobación, se sienten chocados, casi ofendidos. Nada más fuera de lugar que esos mozalbetes hablando de barricadas, luchas y conflictos en un día de esparcimiento entre tantos días de trabajo (...)". 

Este desfase entre los que estudian la historia y los que la sufren, este aparentemente insalvable abismo entre la ideología y la realidad es luego desarrollado también por el arequipeño en la sección dedicada a Jean-François Revel.

Pero, además, hay un tópico de Aron que se destaca: el capítulo de El opio de los intelectuales titulado "Hombres de iglesia y hombres de fe" que estudia al comunismo como una religión secular, con sus ortodoxias y heterodoxias, sus sectas, sus desviaciones y su inquisición. En esta parte se justifica los juicios estalinistas "(...) en nombre de la "verdad esencial" de la lucha de clases" (p. 216).

Este paralelismo entre discusiones heréticas pretéritas y políticas presentes también fue esbozado por Ribeyro en su prosa apátrida 132:

"Emerjo de mis lecturas sobre el Jansenismo para hojear los diarios del día y me pregunto qué relación puede haber entre esas querellas teológicas que duraron siglos, imbricándose cada vez más con problemas políticos y económicos y lo que pasa en el mundo actual: Portugal, Angola, Líbano, Argentina, etc. Y me digo que hay un lazo secreto entre las luchas antiguas y las presentes, que estas no son sino la continuación de las pretéritas, bajo diferentes nombres, ideales y pretextos. A priori podrá decirse que los problemas de la gracia, del libre arbitrio, de la predestinación no tienen ahora ninguna vigencia. Pero, ¿la tendrá dentro de algunos siglos conceptos como libre empresa, lucha de clases, sistema parlamentario, medios de producción, elecciones democráticas? Probablemente sí, pero dentro de un contexto tan diferente que habrá que ser adivino para darse cuenta que el combate sigue siendo el mismo". 

Aquí, incluso, el cuentista limeño va más allá y compara los debates teológicos con la ideología de la democracia liberal la cual, aunque predica la tolerancia, tiene también algunos márgenes no negociables. 

3. Isaiah Berlin y las verdades contradictorias

El autor de La casa verde enfatiza que para Berlin es falso que los más nobles ideales que inspiran a la humanidad (justicia, libertad, paz, placer) sean compatibles unos con otros. Por eso, no existe un solo valor que sea el más importante, por eso la existencia de diversos valores no implica la armonía entre ellos (p. 246-249). Tomando en cuenta esto "(...) debemos aceptar la posibilidad del error en nuestras vidas y ser tolerantes para con el de los demás" (p. 250).

Esta apología de la tolerancia con los errores de los demás, pero a un nivel de las relaciones personales más que de las posiciones políticas, fue defendido por el autor de Los gallinazos sin plumas en la prosa apátrida 31:

"No hay que exigir en las personas más de una cualidad. Si les encontramos una debemos ya sentirnos agradecidos y juzgarlas solamente por ella y no por las que les faltan. Es vano exigir que una persona sea simpática y también generosa o que sea inteligente y también alegre o que sea culta y también aseada o que sea hermosa y también leal. Tomemos de ella lo que pueda darnos. Que su cualidad sea el pasaje privilegiado a través del cual nos comunicamos y nos enriquecemos".

Aquí Ribeyro no solo se da cuenta del problema que conlleva que los valores que consideramos importantes puedan ser contradictorios entre sí, sino que además nos da una posible solución a ese dilema: no asumir como primordial un valor sobre otros, sino apreciar el que cada persona tenga.

Parte de la tolerancia es, no solo reconocer que nuestros actos pueden estar equivocados, sino que los valores que defendemos o deseamos encarnar pueden también estar errados. Y, como consecuencia de ello, entender que no se le puede exigir al resto que sigan nuestros valores.

Estas similitudes ¿convierten a Ribeyro en un liberal? En lo absoluto, aunque ya lo quisieran varios de los defensores de estas doctrinas. Pero sí permite descubrir que las ideas liberales son tan amplias que bien uno puede coincidir con algunas de ellas y negar otras. Incluso, alguien podría afirmar que cree en el liberalismo "a su manera". Como con el cristianismo, en suma. 
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miércoles, 6 de junio de 2018

Los errores de la mundialitis: "Camino a Rusia" - Umberto Jara

miércoles, 6 de junio de 2018

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Falta una semana para el esperadísimo Mundial Rusia 2018 y la expectativa se puede casi tocar con las manos, más ahora que, luego de toda una vida, por fin nuestro país clasificó a la máxima competición del fútbol. Han salido tantos libros sobre el tema últimamente que hasta parece oportunismo barato. Este blog no es así, de hecho ya hemos comentado algo sobre fútbol en un mundial anterior, las últimas veces que el mejor equipo nacional salió campeón (en 2009 y 2013), hincha de que equipo eran algunos escritores y hasta en una fecha intrascendente del torneo local). 



De todos los libros publicados este año, sin duda el más popular es Camino a Rusia de Umberto Jara, no solo por ser el primero sino porque era, o al menos se vendía así, el que reflejaba el Zeitgeist del momento, la euforia y la esperanza de treinta millones de personas, sin entrar en estadísticas aburridas, ni explicaciones innecesarias. Era como el Paolo Guerrero de los libros futbolísticos, digamos.

Desconfió de los libros "de actualidad", más todavía tomando en cuenta el paupérrimo nivel del periodismo por estos lares. Sin embargo, debo admitir que tenía grandes ganas de leerlo, sobre todo porque el autor fue director de una revista que, en su época, me encantaba: O11CE. Si ese estilo se mantenía en la obra, sería un golazo. 

Lamentablemente, las expectativas no fueron cumplidas. La campaña de las eliminatorias fue super épica, existían innumerables temas por tocar como los puntos ganados en mesa contra Bolivia, la primera volteada (y victoria) de visita de la historia en Asunción, los empates agónicos contra Venezuela, las desmoralizantes derrotas contra Chile. Sinceramente esperaba un relato, sino partido a partido, por lo menos de los últimos o más importantes. 

De los protagonistas, también hay muy poco. Solo tiene la historia de cinco (Gallese, Araujo, Trauco, Cueva y, por supuesto, Gareca) que es la parte más entretenida del texto, el cual se dedica en buena parte de sus páginas al uso de la tecnología en el fútbol. En todo el libro prácticamente no hay anécdotas, ni mucho humor.

Además tiene varios errores, lo que es curioso porque se supone que el autor tiene un "equipo de investigación". Aquí algunas de las erratas:

página 51: Dice que en la Copa América 2015, el Perú tuvo "seis partidos jugados, tres triunfos, un empate y apenas una derrota". No sé a ustedes, pero a mí me suma 5. Obvio que fueron dos derrotas.

página 53: "Aquella Copa América culminó el 4 de julio de 2015, la selección fue recibida con satisfacción y aplausos. Pasaron varios meses sin competencia y la siguiente convocatoria se dio en marzo de 2016". ¿Ah? Pero si la siguiente convocatoria fue a los 3 meses, para los partidos ante Colombia y Chile y de ahí hubo otra, también en 2015, para los partidos ante Paraguay y Brasil.

página 96: Sobre Perú en las anteriores eliminatorias: "Japón-Corea 2002: antepenúltimo con 16 puntos (técnico Julio César Uribe); Alemania 2006: penúltimo con 18 puntos (técnicos Paulo Autori y Fredy Ternero)". En 2002, el popular Jeta Jeta no fue el único técnico, de hecho el primigenio fue Pacho Maturana. Además el nombre del Mundial es Corea-Japón y no al revés. El nombre de Ternero es "Freddy" con doble "d".

página 105: "se obtuvieron, en 2017, 16 puntos en partidos por eliminatorias, 10 de ellos como locales y 6 como visitantes que, sumados a los 11 logrados en 2016, dieron los 26 puntos clasificatorios". Más allá de que no le sale la suma (16+11 no es 26), los datos también están errados: fueron 11 puntos en 2016 y 12 en 2017.


¿Será que la gente se ha emocionado tanto que no se da cuenta de nada? ¿Que exijo mucho a un libro de fútbol?  ¿Soy antipatriota? ¿Perú jugará la final contra Alemania? No sé, pero a mí no me convencen tan fácil. Ojalá que la decepción se me pase viendo a la blanquirroja. Aunque lo mejor es nunca ilusionarse en demasía. Ni con los libros, ni con el fútbol.
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lunes, 28 de mayo de 2018

La semana tiene siete libros (5)

lunes, 28 de mayo de 2018

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Siempre hay un tiempo para leer. Solo que a veces hay más tiempo. Antes fueron los feriados de Semana Santa o Día del Trabajo, estar enfermo en Fiestas Patrias o viajar solo siete mil kilómetros por tierra. Esta vez fue el desempleo, la enfermedad, la soledad, la preocupación o simplemente que tenía ganas de leer. Hacía años que no tenía una de estas "maratones lectoras" y me he sentido joven de nuevo: (entre paréntesis el puntaje de cada uno)



Domingo 20: La dulce envenenadora- Arto Paasilinna: (6) Autor nuevo para mí. Novelita breve, no tan cómica como dice la contraportada, pero entretenida. Lenguaje sencillo (¿o será una mala traducción?), casi murakamiano pero sin abundar en descripciones intrascendentes como el japonés. Me quedo más con la impresión de la situación social finlandesa - primera vez que leo algo de ese país- que los equívocos chistosos, aunque debo admitir que si me daba curiosidad saber en qué acababa todo. No recordaba a una anciana tan aventurera desde Viajes con mi tía de Graham Greene.

Lunes 21: Triste, solitario y final - Osvaldo Soriano: (5) Otro autor nuevo para mí. Otra novelita corta que trata de ser entretenida. Las frases ingeniosas, las respuestas rápidas e irónicas y las situaciones absurdas son divertidas, mucho más que los continuos golpes y violencia de los protagonistas que, como en una película del Gordo y el Flaco, tratan de hacer una dupla cómica pero que por momentos es más dramática y hasta depresiva. Y como la trama es una farsa, no hay mucha emoción en averiguar el final. Tal vez, para que me guste, debí haber leído a Chandler primero. 

Martes 22: El fútbol: mitos, ritos y símbolos - Vicente Verdú (5) Para variar, otro autor nuevo. En los años 70, no estaba de moda que a alguien de izquierda le gustara el fútbol. Era el "opio del pueblo" y cojudeces por el estilo (todo lo contrario a ahora en que se trata de usar como vínculo con lo "popular"). Eso hace que este libro tenga el mérito de ser precursor en el análisis de este deporte desde la perspectiva de las "ciencias" sociales.

Como se imaginarán, el texto es en gran medida un arroz con mango de interpretaciones marxistas, palabreo, una canción de Perales y hasta citas bíblicas. Ahí les va una muestra imperdible:

"Los jugadores "conectan" sus disparos eléctricos desde sus botas o bournes fluorescentes a una pelota catódica. En torno de cada jugador se crea una campo vectorial donde debe colocarse la pelota que no busca al jugador sino al "hueco", como el jugador deberá aprender a jugar creando campos de fuerza y vacíos en el ámbito total del rectángulo magnético" (p. 49-50)

Solo le faltó mencionar la "curva diagonal". Ni Gualberto Martínez lo hubiera expresado mejor. No negaré que me he reído bastante con párrafos como ese y otros. En ese plan, se analiza "dialécticamente" desde la forma de la pelota hasta las narraciones radiales. No faltan expresiones machistas (p. 29) y hasta racistas: postula que a Brasil le fue mal en el Mundial del 78 porque había muchos rubios (?) (p. 32).

Para que no digan que soy un quejoso, además de las carcajadas, debo reconocer que son interesantes sus teorías sobre el equipo de fútbol como matriarcado (capítulo 4) y la relación entre capitalismo y evolución del fútbol (capítulo 5)

Miércoles 23: El tenis como experiencia religiosa - David Foster Wallace (8): Ajá, autor nuevo, otra vez. No sé nada de tenis y nunca había leído a Foster Wallace. Y a pesar de eso este libro me ha gustado porque tiene elegancia y gracia, a diferencia del libro sobre fútbol que leí un día antes. Metáforas agradables, descripciones acertadas, buen manejo del lenguaje y hasta pies de páginas -algunos-simpáticos. Esa es la distancia entre las ciencias sociales y la literatura. O entre un deportista de élite y el resto de los mortales. Dos artículos sobre distintas finales, épocas y personas: el US Open 1995 y Wimbledon 2006, Pete Sampras y Roger Federer, aunque a ambos los compara con una anguila (págs. 25 y 80). O escuchar y ser, a la vez, Mozart y Metallica.

Jueves 24: Facsímil - Alejandro Zambra (9) ¿Me creerían que este también es un autor nuevo para mí? Pues sí. Este es cosa seria. Se merece su propio post, aunque igual comenté algo aquí.

Viernes 25: La especulación inmobiliaria - Italo Calvino: (5) Novela breve, que más parece un cuento largo, de título no muy motivante y algunas reflexiones innecesarias. Quizás se entendería mejor si conociera más el contexto de la posguerra italiana, pero prefiero al Calvino fantasioso y atemporal de los otros libros que le he leído. Hay algo de ribeyriano, en las frustraciones de un intento condenado al fracaso, que es el centro del libro. Muy en la onda de Los geniecillos dominicales, uno va recorriendo las desgracias y frustraciones de Quinto (una versión italiana de Ludo Tótem), aunque como en la referida novela peruana, creo que falta que la historia llegue a cuajar. 

Sé que suena a exageración esto último, pero no olvidemos que ambos escritores eran muy amigos e incluso Ribeyro le tenía tanta confianza que lo colocó como referencia a contactar cuando postuló a una beca en Estados Unidos la que, por supuesto, tuvo un éxito similar al de la hermanos Anfossi. 

Sábado 26: El nido de los sueños - Rosa Montero (4): Aunque no me convencen mucho ciertas etiquetas como "literatura infantil", podría decirse que este libro es "para niños". Sin embargo, aunque el lenguaje y las situaciones sean de menor complejidad que en otra novelas de la española, mantienen varias de sus características. Por ejemplo, el mundo de fantasía de una niña, que leímos en Bella y oscura. También la protagonista femenina (Gabi) es joven, como las de la novela citada (Baba) y como personajes de otros de sus libros (Leola, Fatma). Y es acompañada por una guía mayor (la silla) que destaca por su experiencia, sus conocimientos y un aura enigmática (también como los personajes de otros de sus libros: Arelai, Nyneve, Cerebro). 

No podía faltar la mascota, un simpática can llamado Bicho. En otros de sus libros también hay de mascota un perro, un basilisco y hasta una criatura extraterrestre. En resumen, un buen libro para que un chico empiece con esta autora que se lee al toque, mientras se ve la final de la Champions.

(Bonus track: el sábado 19 acabé 4, 3, 2, 1 de Auster, la reseña aquí)
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martes, 22 de mayo de 2018

4,3,2,1 - Paul Auster

martes, 22 de mayo de 2018

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En la vida uno toma muchas decisiones. Una de ellas es qué libro elegir para leer. Puedes escuchar recomendaciones o seguir planes lectores. Incluso si eliges un libro, estos, a su vez, a veces obligan a tomar decisiones, como en Rayuela, Cien mil millones de poemas o incluso con los MultiAventura que me encantaban de niño (y que no están en goodreads!)



 He leído 7 libros de Auster y todos me han gustado. A pesar de eso, nunca me "envicié" con él. Hay autores que, por alguna razón inexplicable, uno no sigue, aunque le hayan gustado sus obras. A veces, el impacto es muy fuerte y nos deja sin reacción: me pasó con El nombre de la rosa o Crimen y Castigo que me cayó como un rayo y, a pesar de eso, no volví a leer nada de Umberto Eco o de Dostoyevski. Esto también debe ser una decisión. Como decidí arriesgarme al tremendo ladrillo de título poco llamativo que es 4,3,2,1. Y fue una buena decisión.




Lo que empieza con la historia de una familia deriva en la vida de Archibald Isaac Ferguson, primogénito/protagonista de la novela y como la situación del negocio de su padre influye en su destino y, a partir de ahí, surgen posibles futuros, vidas "que hubieran podido pasar". Nuevamente, como en La invención de la soledad, El Palacio de la Luna y, supongo, Creí que mi padre era Dios, la presencia paterna es fuerte. Sin daddy somos nobody en el mundo de Nobodaddy.

Hay en cada capítulo el desarrollo en paralelo de cada uno de los eventuales Ferguson, durante su infancia, adolescencia y juventud, más o menos con una estructura temporal que ocupa siete etapas: inicio de los años 50, finales de los años 50, 1960-62, 1963-65, 1965-66, 1966-1968 y 1969 en adelante. De hecho, hice mi cuadrito de doble entrada, pero me da flojera postearlo. PD: No está de más usar post its en cada sección cuando lean la obra.

Estos mundos alternativos se originan por las decisiones de los personajes. Decisiones como dedicarse más al béisbol, al básquet o a ningún deporte. Viajar a París durante la universidad, después de la universidad, sin ser universitario o no viajar. Escoger entre escribir cuentos, artículos periodísticos o críticas de cine. Optar por Princeton, Columbia o no ser universitario. Hacer una lista de cien libros o leer desordenadamente. Elegir entre entrar al depa del abuelo sin avisar o no. Todo es parte de la educación sentimental y artística del protagonista.

Sí, ya sé que también hay bastante azar (si no colocas esta palabra en una reseña de Auster te borran el artículo); el azar es conocer a Howard Small de niño, de joven o nunca conocerlo. O, por ejemplo, que te caiga literalmente un rayo o que: 

"Crimen y Castigo fue el rayo que cayó de los cielos y lo partió en mil pedazos (...)" (p. 392)

Sin embargo, hay cosas que se mantienen en todas las situaciones como que te guste un verso como Un polvo habitual nunca viene mal. Aunque no es lo mismo que te robes un libro de Dickens (pág. 500) y te atrapen, a que te robes un libro de astronomía (pág. 814) y no te atrapen. O que te hagan juicio por romperle la nariz a alguien (pág. 839) a comparación de que sea solo por hurto (p. 503). 

Personajes entrañables como Amy Schneiderman o Noah Marx, los diálogos sin guiones como intentos de poemas, las páginas en blanco, los juegos de palabras (Jack Lemmon vs. Harry Lime y varias parejas más), sus historias dentro de historias como "Compañeros de suelo y suela" (capítulo 2.4), Cómo Laurel y Hardy me salvaron la vida (que es básicamente el capítulo 2.3) o El cuaderno escarlata (capítulo 6.4). 

Aunque lo mejor es las variaciones en las formas de narrar, cambiando de "estilo": 1) por meses y estaciones (capítulo 6.1), 2) encabezando con participios (págs. 482-486), 3) retroceder en la historia para explicar una lista de hechos desconocidos por el niño Ferguson (capítulo 1.3), 4) argumentar "por causas", con su respectivas refutaciones la conclusión de una relación amorosa (capítulo 7.4) o 5) desarrollar ampliamente la acción "por números" que previamente ha sido comprimida de esta forma: 

"1969 fue el año de los siete enigmas, las ocho bombas, los catorce rechazos, los dos huesos rotos, el número doscientos sesenta y tres y la historia que cambia la vida". (capítulo 7.4)

Todas estas ramificaciones confirman que este libro no es común al tratar de englobar toda una vida (s). Hemos escuchado que:

"(...) la vida era como un libro, una historia que empezaba en la primera página y seguí adelante hasta que el protagonista moría en la página 204 o 926, pero ahora que el futuro que imaginaba para sí había cambiado, su concepción del tiempo también se estaba modificando. El tiempo se movía tanto hacia delante como hacia atrás, según descubrió, y como las historias de los libros solo podían moverse hacia delante, la metáfora del libro no tenía sentido" (pág. 389).

El resultado es una historia cotidiana pero no un libro común, de innumerables situaciones pero también ideas y ese optimismo y rebeldía que dicen que había en los años 60. Luego de tantas cosas, muchas de ellas tristes, en una de los universos paralelos celebran en 1969 en el Moon Palace (p. 947), como un guiño a que una de las más conocidas novelas de Auster fuera un bonus track, una continuación o una quinta historia tal vez.

Y si después de 900 páginas no te queda claro el título del libro, te lo explican textualmente (pág. 954). Hablando de textual, el juego metatextual del final, aunque predecible, se le perdona.

Quizás me equivoqué de decisión y debí leerlo "en desorden" (es decir primero los capítulos 1.1, 2.1, 3.1, 4.1 etc. y luego 1.2, 2.2, 3.2, 4.2 etc.) Tantas opciones. En una vida pienso que esta es la mejor novela de Auster, en otra que además estará entre las mejores novelas de la década, en otra que es el mejor Bildungsroman que he leído. Y en otra escribo esta crítica/comentario y tú lo lees. 
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lunes, 25 de diciembre de 2017

#QuéLibroRegalaríasPorNavidad...

lunes, 25 de diciembre de 2017

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Lo que para el jueves 21 empezó con algo de esperanza, para el domingo 24 terminó con indignación. A veces solo queda el humor para pasar el trago amargo de esta Nochemala. Aquí el resumen de los "regalos" que fuimos soltando en redes, antes de que se fueran a la mierda las fiestas.

A Keiko le regalamos el libro de David Trueba, (había que regalárselo hace rato, desde 2011 por lo menos)


A PPK, una novela de Coetzee para que sepa como lo ve el país como presidente (aunque podría ser también Desgracia)


A Ollanta y Nadine, podría regalársele uno para que asuman el futuro de su carrera política


A los angurrientos de Graña y Montero, algo para que recuerden que Odebrecht no es un juego


Al congresista Malvenido "Alzheimer" Ramírez es muy difícil regalarle un libro, quizás lo más adecuado sería este de Zambra.









A Cecilia Chacón, como no terminó sus estudios pero hizo harto billete "misteriosamente" le cae preciso este libro.


Al maestro Gareca deberíamos regalarle cualquier cosa que pida, pero lo que mejor lo resume es la penúltima novela de MVLL.



Al Congreso, aunque Bestiario de Cortázar sería quizás el más adecuado, nos inclinamos por Desgracia impeorable de Peter Handke


A Héctor Imbecerril, no sería muy difícil, También aplica para Daniel Salaburro, Karina Bestieta, Vilcatoma etc.





Aunque más idiotas somos nosotros que les pagamos el sueldo. Infeliz Navidad.

Regalos anteriores, aquí.

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jueves, 30 de noviembre de 2017

Cartas a Luchting (1960-1993) - Julio Ramón Ribeyro

jueves, 30 de noviembre de 2017

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La ausencia de Ribeyro se siente más en días como estos, cercanos a la fecha de su partida. Esta sensación aumenta cuando parecería que no queda nada más por leer de él, ante la improbable idea, al menos a corto plazo, de que se publiquen las partes faltantes de sus diarios, cartas u otros escritos póstumos.



Sin embargo, de vez en cuando se puede encontrar algo. Por ejemplo, sus Cartas a Luchting (1960-1993) editadas el año pasado por una universidad mexicana. En ellas encontramos opiniones de diversos personajes de la época. Así, a Juan Velasco Alvarado lo califica de "muy limitado intelectualmente" (p. 162), a Scorza de "pastiche de de García Márquez y Vargas Llosa" (p. 191) y al sicólogo a Jorge Bruce de "dogmático" (p.265). Cuando se entera que Salazar Bondy no le cree que publicará con Gallimard, Julio ramón escribe que es "(...) capaz de enviarle una copia fotostática del contrato para taparle la boca" (p. 31). 

Las opiniones de obras tampoco faltan. Por un lado, se burla de El sexto de Arguedas (p. 33), comenta Rayuela ("cursilería latinoamericana llevada a la tercera potencia, por ser argentina" p. 87), maletea a Reynoso (p. 111 y 113), alaba La casa verde (p. 120), recuerda El lobo estepario (p. 123), critica Cien años de soledad (p. 147), y Confieso que he vivido (p. 202), califica de "geniales" los roman noirs de James Ellroy como Luna sangrienta o La dalia negra (p. 282). Sobre La guerra del fin del mundo dice que "(...) para escribir una novela de ese peso, literal y figurado hay que tener huevos"(p. 241). Y no se queda en ese único elogio hacia Vargas Llosa sino que pronostica, en 1982, que será el premio Nobel (p. 242). 

También hay interesantes revelaciones sobre su obra. Me sorprendió la existencia de ocho inéditos cuentos europeos, incluido uno de lesbianismo y otro de un doble caso de violación (humano y animal) titulado "La perra de la señora Weber" (p. 90). También el verdadero final de Los geniecillos dominicales (p. 108), las referencias en "Por las azoteas" (p. 166) y "La juventud en la otra rivera" (p.244), además que odia el cuento "El banquete" (p. 136). De hecho noté que muchos de sus cuentos favoritos son los que también más me gustan.

¿Se acuerdan de esto?

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"Un autor latinoamericano cita cuarenta y cinco autores en un artículo de ocho páginas. He aquí algunos de ellos: Hornero, Platón, Sócrates, Aristóteles, Heráclito, Pascal, Voltaire, William Blake, John Donne, Shakespeare, Bach, Chestov, Tolstoi, Kierkegaard, Kafka, Marx, Engels, Freud, Jung, Husserl, Einstein, Nietszche, Hegel, Cervantes, Malraux, Camus, etc. A mi juicio la mayoría de estas citas eran innecesarias. La cultura no es un almacén de autores leídos sino una forma de razonar. Un hombre culto que cita mucho es un incivilizado".

¿Quién fue ese autor latinoamericano chamullero en Prosas apátridas?: Sábato (p. 161). Pero más allá de la literatura, también se deslizan algunas de las oportunidades que tuvo: cuenta que el Apra le ofreció el Ministerio de Cultura (p. 270) y Fujimori lo nombró Embajador después del autogolpe (p. 289). En resumen, como siempre que leemos a Ribeyro, hay muchas sorpresas y la garantía de una prosa exacta, tan intensa como relajante.

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martes, 17 de octubre de 2017

No soy tu cholo - Marco Avilés

martes, 17 de octubre de 2017

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Y seguimos con los libros de no ficción. Ahora que, para variar, hay otro debate en las redes sociales, esta vez por el censo que se realizará este domingo, básicamente para maletearlo, una de las razones de las críticas está enfocada a la innecesaria pregunta sobre la raza: el eterno issue del Perú.

Una amiga había comprado No soy tu cholo de Marco Avilés. Había oído críticas elogiosas de su libro De dónde venimos los cholos y quería saciar mi curiosidad, así que se lo pedí prestado.

Es un conjunto de artículos breves y algo repetitivos sobre el tema del racismo en el Perú. Específicamente, del racismo contra los cholos, no hay nada referido a negros, orientales u otros. Si bien el libro apunta a muchos hechos y situaciones innegables, como los muros en Asia, los abusos de conductores, la falta de espacios públicos, etc.; tratar de explicarlos solo desde la perspectiva del racismo es insuficiente y hasta falaz. No puede dejarse del lado el factor económico, cultural o social, que de alguna manera el mismo autor considera cuando dice que hay cosas que "blanquean" (p. 73-74), pero solo lo menciona y se queda ahí nomás.

Tan importantes son las distancias sociales y económicas que hacen la diferencia entre, por poner un ejemplo del propio libro, ingresar a la discoteca o quedarse afuera. Si el autor logró entrar es porque sus amigos lo ayudaron, por más cholo que, según él, parezca (al menos por la foto de la solapa se ve más "blanco" que yo, jeje). Créeme, yo no hubiera entrado.

Aunque la contratapa explica que el autor está harto del victimismo, de la prosa, no muy elaborada, del texto sentí lo contrario. Curioso para alguien que vive en Maine y es publicado por Random House. Me causó gracia cuando se queja de que le daban sólo 15 soles semanales para sus gastos en la universidad, a mí a veces no me daban ni eso y en la PUF las cosas son más caras que en San Marcos (sí, soy de la PUCP, y debo sentirme mal por ello, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa).

Tal vez es que mis expectativas fueron demasiado altas para esta obra y esperaba un ensayo más analítico, no solo post de facebook largos que tratan de ser graciosos y que narran vídeos que ya hemos visto o problemas por los que todos hemos pasado.

Solo espero que, si el autor lee esto, no piense que lo estoy discriminando.
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sábado, 30 de septiembre de 2017

Sendero - Gustavo Gorriti

sábado, 30 de septiembre de 2017

2 floritos
Este año, quizás por cuestiones de trabajo, he leído más libros de "no-ficción" que en otras oportunidades. Antes ya había invertido mi tiempo en libros sobre el conflicto armado interno: desde increíbles reportajes como Muerte en el Pentagonito de Ricardo Uceda hasta penosos textos como La cuarta espada de Santiago Roncagliolo, pasando por obras intermedias como En el reino del espanto de Alvaro Vargas Llosa u Ojo por ojo de Umberto Jara.

Pero en estos últimos tiempos, quizás por el contexto político, han surgido nuevas publicaciones como La hora final de Carlos Paredes o Hablan los enemigos de Antonio Zapata y se han reeditado o difundido más otros como Memorias de un soldado desconocido de Lurgio Gavilán o Los rendidos de José Carlos Agüero e incluso cómics como Rupay y Barbarie. Aunque de todos, el que me ha impactado más es, sin duda, Sendero de Gustavo Gorriti.



Si hay una "saga" que debió continuarse pero quedó estancada es esta. El plan original de Gorriti era hacer un primer tomo sobre la prehistoria de Sendero, antes que inicien la lucha armada, un segundo tomo sobre los primeros años, que es el que finalmente salió a la luz, y un tercero del avance sobre Lima. 

A pesar que el libro solo relata lo ocurrido entre 1980-1982 es interesantísimo y muy bien escrito al explicar detalladamente porque no se actuó con rapidez frente a la amenaza terrorista. En los inicios de esa década, se pensaba más en las elecciones presidenciales de 1980 y los medios cubrían con expectativa los primeros comicios en doce años. El optimismo de la vuelta a la democracia e incluso el éxito militar frente a los ecuatorianos en el "Falso Paquisha" (1981) parecía demostrar que no había porque temer a un grupo de fanáticos desconocidos, que incluso nadie creía que eran peruanos por lo absurdo de sus acciones. Belaúnde no podía concebir que compatriotas destruyeran torres de alta tensión e infraestructura que costaba mucho mantener y un congresista incluso aseguró que Sendero era un grupo de guerrilleros foráneos que venían "de un portaaviones anclado en el Caribe" (p. 250).

Debe tomarse en cuenta que, durante el primer año, sólo hubo un muerto en Ayacucho y la mayoría de atentados -quema de actas, perros colgados, apagones, pintas, robos- no solo no eran fatales, sino que no parecían indicar la sanguinaria violencia que vendría después. Un dato interesante, y que rompe un mito arraigado, es que entre mayo de 1980 y mayo de 1981 hubieron casi tantos atentados en Ayacucho (83) como en Lima (81) (p. 170). Uno de esos atentados fue el incendio a la Municipalidad de San Martín de Porres. Pero como sucedió "en el cono" sumado a los factores ya mencionados no causó mucha preocupación. Para recordar que no todo es Tarata.

Pero todo cambió el 17 de octubre de 1981, con el atentado en El Tambo, en el cual, entre otros muertos, los senderistas le metieron 6 balazos a un bebé de un año. Ahí es cuando se declara estado de emergencia en varias provincias ayacuchanas y, otro dato olvidado, el resto del año no hubo un solo atentado más, gracias a la correcta intervención de la policía lo que se logró casi sin abusos contra la población civil (muchos años después sería nuevamente la policía la que demostraría, a diferencia de las fuerzas armadas, que se podía combatir al terrorismo y derrotarlo sin torturas ni matanzas).

Todo acabaría al año siguiente, cuando Belaúnde cometería el error fatal de no renovar el estado de emergencia y, ya con el campo libre, Sendero regresaría y más fuerte todavía e incluso liberaría a una gran cantidad de presos capturados anteriormente. La falta de apoyo y la desmoralización de los efectivos iniciaría una escalada de violencia por ambos lados, con los sinchis, golpeando y aplicando "submarinos" a cualquier sospechoso detenido. Es increíble como se justificaban diciendo que eso "no era tortura" y que ellos "no hacían nada malo" porque no había ningún muerto. Al año siguiente, cuando llegó el Ejército, los habría.

El libro tiene mucho de crónica periodística y uno se siente por momentos en el lugar de los hechos:

"Tomamos un taxi en la plaza de armas, un viejo Ford que nos condujo cerro arriba a una de las barriadas que rodean Ayacucho. Después de un ascenso penoso para el motor venerable, subiendo a través de calles solitarias y sin iluminación, donde las luces de los faros del auto parecían perforar un túnel precario y cambiante en la oscuridad masiva, llegamos a un pequeño altiplano, donde el vehículo se detuvo (...) El silencio, ahora que el ruido, como de alegría embargada del motor en bajada se alejaba, era más profundo y claro. Apenas se sentían los sonidos inciertos e inseguros de nuestros pasos sobre las piedras pequeñas, el eventual cascajo. A nuestra izquierda, muy abajo, las luces del centro de Ayacucho aparecían distantes y deseables" (p. 261-262).

Pero en medio del dolor, hay muchos momentos en que se nos transmite la insanía, lo absurdo y hasta lo risible de lo que pasaba: un atentado en que Sendero no tuvo mejor idea que ultimar cientos de aves de corral, dejando todo un camino cubierto de plumas; el increíble pronunciamiento desde París de Julio Cortázar a favor de un senderista (p. 285) y un parte oficial que no tiene pierde:

"(...) policías Sinchis en estado de embriaguez jugaron al desafío de la ruleta a la rusa (sic) muriendo uno de ellos (...) un policía de la Guardia Civil embriagado (...) ha sido abaleado por miembros de la Policía de Investigaciones también embriagados (...) se proceda a la inmediata clausura de todas las discotecas de la Ciudad para evitar el plan operación-sexo-terrorista, ya que a dichos lugares cuentan muchos miembros (?) policiales (sic)".

Definitivamente en esa época no se entendía al terrorismo. Y ahora, si no leemos libros como este, quizás tampoco.

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jueves, 31 de agosto de 2017

Feria del Libro 2017: Una FIL que trae cola

jueves, 31 de agosto de 2017

0 floritos
¿Qué tanto importa la cultura en el Perú? Pareciera que poco cuando estamos en plena huelga de maestros, que hace meses ha dejado sin clase a miles de alumnos, o cuando el Ministro de Cultura Salvador del Solar cuestiona una muestra artística por ser supuestamente "parcializada" o cuando la presidente del Congreso retuitea un insulto a un escritor como Raúl Tola, que por más malo que sea no merece ese trato. Un panorama así, aparentemente, es tan desolador como el invierno o el cielo limeño en estos días.

Además de esos sucesos, este mes también concluyó la Feria Internacional del Libro de Lima, a la que casi por primera vez desde que la conozco, no tenía la más mínimas ganas de ir. Al final, asistí el último día más para acompañar a alguien. Hubieron algunas novedades, como la presencia de la librería Lancom, y después de todo puede decirse que fue una FIL histórica porque batió el récord de visitantes: las colas fueron las más largas que recuerde (y eso que este año se implementó la compra de entradas por internet) sino miren la foto:



Curiosamente en la cola casi nadie estaba leyendo (a veces en los bancos o en la combi veo más lectores) como si la lectura no fuera el objetivo final de la compra. O como si hacer cola fuera un fin en sí mismo: en esta FIL había colas para entrar, colas para comprar, colas para pagar y hasta colas para recitar, como en el caso del concurso de "Los heraldos negros" organizado por un Banco.


Creo que lo mejor de la FIL fue ese concurso (y la carrera por los libros de SBS). Una forma distinta de promocionar la declamación y que tuvo bastante éxito. Y, lo mejor, una opción para que el público pueda interactuar sin estar sentado frente a un ponente o abriendo la billetera. Un poco de calma, entre tanta bulla.    

Porque faltan más espacios para conversar sobre lo importante: la lectura, el aprendizaje, el goce estético. Quizás es ingenuo creer eso en una feria del sector privado que tiene como principal interés aumentar sus ganancias, por más que la Cámara Peruana del Libro sea supuestamente una asociación sin fines de lucro. Pero, en el fondo, ante la ausencia de espacios públicos o iniciativas estatales, seguimos creyendo que esa es "nuestra" feria y, en la práctica es probablemente el único contacto que tenga mucha gente con el libro, hasta el próximo año. Pero no debería ser ingenuo pensar que todos tenemos el mismo derecho de acceder a la cultura.

Aunque uno puede dudarlo cuando recuerda que, en la Feria, Mijail Garrido Lecca, un tipo que tiene un espacio sobre libros en un noticiero televisivo, recomendó solo un libro: "Harry Potter, sin ninguna duda, Harry Potter y sobre todo el número dos"(?). Hay hermanos, muchísimo que hacer. Y no solo colas.






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miércoles, 26 de julio de 2017

El olvido que seremos - Héctor Abad Faciolince

miércoles, 26 de julio de 2017

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Una mala decisión puede acabar con la vida de una persona, una mala decisión puede malograr nuestra percepción de un libro. Y tomé esa mala decisión al curiosear los comentarios de El olvido que seremos antes de leerlo: todos elogios y puntuaciones de cinco estrellas. Y, naturalmente, las expectativas se incrementaron innecesariamente. Esperaba una prosa arrolladora, un gran dominio técnico o una trama trepidante o, en todo caso, algo más que una historia feeling. O quizás es que no soy tan aficionado a historias autobiográficas sobre el padre del autor (que al final siempre se muere), en la onda de La distancia que nos separa de Renato Cisneros o La invención de la soledad de Paul Auster.



Pero después, cometí un segundo error: dejarme llevar mucho por las ideas, las posturas, las críticas contra todo y todos que pululan en la obra. Si no son acusaciones contra la derecha, son contra la izquierda y principalmente contra la Iglesia Católica. No en vano, Vargas Llosa dice en la contraportada que este libro es "uno de los más elocuentes alegatos que se han escrito". Y a mí personalmente no me gustan mucho los alegatos, al menos cuando leo una novela prefiero que tenga más literatura que ideas, por bienintencionadas que estas sean.

La primera parte del libro puede resumirse en el testimonio de un niño que cree que su padre es casi Supermán. Un oasis de felicidad y si hay algo aburrido en un libro es describir la felicidad, y es muy difícil también, aunque podríamos decir que el autor sale bien librado del trance, con sus capítulos breves y sencillos, que titula cuando quiere, de una niñez paradisíaca. Luego vendría la acción, y de qué manera, donde la muerte y el dolor se hacen presentes, narrados de forma serena pero emotiva y esas son la mejores páginas del libro.

Pero como dije, estamos ante un alegato. Y, como todo alegato, puede caer en contradicciones. Es un poco contradictorio que el narrador critique a la izquierda por considerar a la gente feliz como reaccionarios, por ser felices en un mundo lleno de dolor (p. 153) y que, por otro lado, el mismo narrador cuestiona la aparente alegría del obispo en la misa del velorio de uno de los personajes (p. 182), como si solo ciertos dolores nos permitan el lujo de la alegría. Es también contradictorio, o al menos curioso, que el narrador desconfíe de la bondad intrínseca del ser humano, apartándose de un Robespierre e insista en las mezquindades de la naturaleza humana (p. 188) y no reconozca que el catolicismo coincide en los mismo desde hace siglos, apartándose de la idea rousseauniana de que el hombre "es bueno por naturaleza" y, por el contrario, asumiendo que todos nacemos con el mal dentro, llamándo a esto, sino me equivoco, "pecado original".

Pero, vamos ¿no estamos todos llenos de contradicciones? De hecho, el propio libro las admite ¿Es contradictorio ser ateo y tener una cita bíblica preferida (p.219)? Quizás sea un signo, de inteligencia, de tolerancia, ir más allá de nuestras convicciones. El padre modelo de la obra es lo suficientemente tolerante para poner a su hijo en un colegio, porque es consciente que es el mejor lugar de los que hay (p. 90) y suficientemente inteligente para admitir que estaba equivocado acerca de la real situación de la URSS (p. 85). 

Y el mundo también es contradictorio. Así como hay curas depravados (p. 88) hay otros que dan su vida en la lucha contra las injusticias (p. 228). Así como los romanos martirizaron a los cristianos, luego estos martirizaron a los nativos americanos. ¿Cuál es entonces el camino a seguir? ¿Cómo vencer estas paradojas cuando todos somos incoherentes y nada consecuentes? Para el autor, tal vez la respuesta sigue siendo su padre.

Probablemente estas contradicciones son una forma de llegar a un equilibrio, como sucede con el padre y la madre del narrador, ambos bastante contradictorios, como se advierte del capítulo 20, pero felices. Quizás estas contradicciones sirvan para no caer en fundamentalismos, pues todos son perniciosos (p. 100).

En resumen, estamos ante un libro hermoso y sencillo, pero como tantos otros libros buenos, así como el señor Héctor Abad padre era un buen ser humano, como tantos otros. Igual, tanto los buenos libros, como las buenas personas, todos seremos víctimas del olvido que somos y seremos.

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martes, 28 de febrero de 2017

It- Stephen King

martes, 28 de febrero de 2017

0 floritos
Ahora que se viene la nueva película de It, será motivo para desempolvar este antigua y aterradora reseña. Tenía muchas expectativas respecto de este libro, que me tomó solo dos meses de mi vida y no toda, como a algunos de sus personajes. Las expectativas fueron cubiertas, en parte.




En primer lugar, nada de obra maestra ni cinco estrellas. Es un buen libro y ya. Excesivas las más de 1500 páginas. 

Una versión hardcore de Los Goonies (salieron ambas el mismo año), en el que un grupo de 7 amigos (Bill, Ben, Richie, Stan, Mike, Eddie y la adorable Beverly) se enfrentan, no a unos ladrones, sino a unos odiosos abusones y a un horripilante payaso. La obra tiene una estructura bien definida, con diálogos partidos entre el final y el comienzo de cada capítulo, jugando con los planos temporales (1958 y 1985). Pero si estos cambios de tiempos te parecen buenos, ¿qué serían los de Vargas Llosa, por ejemplo?




También hay "procesos" que se repiten en cada uno de los 7 personajes: (llamada telefónica, viaje a Derry, encuentro con "It" en 1958, encuentro con "It" en 1985). A pesar que es repetitivo, no aburre, y se pueden leer varias páginas sin cansarse.

Otra de las técnicas que se usan son los collage: leemos fragmentos de diario y de recortes periodísticos. Curiosamente, la obra empieza narrada en primera persona:

"El terror, que no terminaría por otros veintiocho años -si es que terminó alguna vez-, comenzó, hasta donde sé o puedo contar, con un barco de papel"

Pero luego, abandona estos comentarios y todo lo demás sigue en tercera persona, pero con la sensación de perspectiva múltiple, por la división de capítulos por cada uno de los personajes. Lo malo es que muchos de ellos solo aparecen un momento o aportan poco a la historia. 

El autor mantiene el suspenso de la historia, a pesar de su considerable extensión, y sabe hilar fino para que no decaiga. Aumenta también (SPOILER) con la llegada a Derry de algunos personajes secundarios. También funcionan las historias complementarias (lo que pasó en Derry en décadas anteriores a la de los protagonistas). 

Quizás la escena más impactante debe ser esa en que (SPOILER) todos los chicos se la comen a Beverly, nunca había leído algo así en una novela. Fuera de ello, Beverly Marsh es probablemente el personaje literario del que me enamoraría (de adulto se entiende, no soy pedobear). La parte más estremecedora se encuentra en la página 666 ¿casualidad?

Como dato anecdótico, mencionan al Perú en las páginas 107 y 688. Y en la página 717 hacen una referencia a los dibujos de las chicas de "Luis de Vargas" ¿se referirá a Alberto Vargas?

Sin duda estamos ante algo más que una historia de terror, es también una historia de amor y de como se vivía en los suburbios de USA en los 50. Pero si esta es la mejor obra de su autor, solo leeré quizás una o dos más suyas. 
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