lunes, 29 de junio de 2015

Viajar libros (11): Arequipa

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¿Qué es ser patriota? Como comentábamos en un post anterior, no es alentar a la selección en los partidos de la Copa América o pensar que el país siempre tiene la razón frente a tribunales internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ahora que ha salido la sentencia sobre el caso Chavín de Huántar. Para ser patriota hay que querer a un país, y para eso primero hay que conocerlo.

Y ante tanto barullo mediático, a veces es mejor viajar para despejar la mente. Aunque ya habíamos estado en algunos lugares como Cuzco, Apurímac o Piura, esta vez fui a la ciudad más librera del país, después de la capital: Arequipa. Mi opinión quizás no sea la más objetiva (3 de mis 4 abuelos son de ahí) y además esta es la quinta vez que llego a la Ciudad Blanca, pero la pasé muy bien.

Arequipa tiene algo que no tiene Lima y que es ideal para los libros: el clima. La falta de humedad hace que se conserven muy bien. Y es probablemente la ciudad peruana con más librerías, descontando Lima, que recuerde.

De la Plaza de Armas, camino por la calle San Francisco y encuentro los locales de la SBS y de la librería El lector, que solo tiene sede en esta ciudad. Cara, pero simpática. 



Me dirijo a la Biblioteca del Gobierno Regional, llamada como el arequipeño más célebre de todos: Mario Vargas Llosa. 


Es un local con gran variedad de ejemplares y un ambiente muy acogedor, mucho mejor que la deprimente sede de la Biblioteca Nacional, entre el smog y la bulla de la Avenida Abancay en Lima.





Desde el año pasado, el autor de Conversación en La Catedral, ha ido donando paulatinamente varios de los 30 mil libros de su biblioteca personal que pasarán a este local. Me pregunto si esta donación no se verá afectada por el divorcio del escritor, ahora que se repartirán varios de sus bienes. Estos libros se trasladaron a una casona, que está al costado de la Biblioteca, para que puedan ser de acceso público. Sin embargo, hasta ahora no pueden ser disfrutados. Y aparentemente no lo serán pues, parece que la biblioteca será virtual, es decir, no habrá acceso físico a los ejemplares.


  

Hay muchos otros lugares más para conseguir buenos ejemplares, como la librería Aquelarre, o las librerías de viejo de la calle Tristán, que me hicieron recordar las de Quilca. Incluso fui a merodear un poco por La Cachina Arequipeña, donde se pueden encontrar algunas cosas interesantes.

Todo esto gracias a un amigo arequipeño que usa un nick de una célebre novela de ciencia ficción (Neuromancer), el que, al igual que Vargas Llosa, ha sido muy generoso con parte de su biblioteca, de la cual ha regalado varios ejemplares no solo a mí, sino a otros amigos. Saludos si lees estas líneas y la próxima vez que vaya por allá, espero quedarme más tiempo.

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lunes, 22 de junio de 2015

Top 6 Mitos literarios

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Esta es de alguna forma, una versión corregida y aumentada de un post antiguo. Parte de la idea de que la literatura o las novelas tienen un fondo de "verdad" y cualquier interpretación distinta es un "mito". Pero al margen de eso, comentar estos "mitos" (como comentar los ¿errores? de diversos autores) puede ser divertido. E incluso puede servir para quedar bien con algún little known fact en una reunión/conversación. Juzguen ustedes.

1. Sherlock Holmes no era como lo pintan

En los textos de Conan Doyle nunca tuvo sombrerito raro ni
pipa. Ni dijo "Elemental, mi querido Watson". Lo más aproximado  esa frase aparece en un relato titulado “El jorobado” que se publicó en 1893. 

El sombrero de cazador de gamos tampoco se menciona  es un añadido del ilustrador de The Strand Magazine, Sidney Paget (que usó a su hermano como modelo para plasmar el aspecto final de Holmes). La pipa tan característica tampoco figura: no apareció hasta que fue usada en una dramatización de teatro de uno de los relatos en la década de 1920.

2. En La vuelta al mundo en ochenta días nunca viajan en globo

En esta novela de 1873, durante todo el viaje se usan
diversos medios de transporte, principalmente barco y tren, aunque también elefante, pero nunca globo. La confusión se debe probablemente a otro libro del mismo autor muy cercano: Cinco semanas en globo (1863) que también versa sobre un inglés sin nada que hacer que, acompañado por su criado, se dedica a viajar. Aunque es probable que también se deba a la célebre película de Cantinflas.

3. En La ciudad y los perros nunca dicen la célebre frase

"¿Qué me mira cadete? ¿quiere una fotografía mía calato?"
debe ser la frase vargallosiana más famosa junto a "¿En qué momento se jodió el Perú?" (otra frase no textual) de Conversación en La Catedral. El problema es que nunca la escribió. Tuve un amigo que se sintió estafado luego de soplarse toda la novela para no encontrar la célebre pregunta del Teniente Gamboa y que solo apareció en la versión fílmica de hace treinta años.

4. En Yawar fiesta nunca hay un cóndor encima de un toro.

La primera novela de José María Arguedas no tiene mucho
que ver con la carátula de varias de sus ediciones. Mucha gente que no ha leído la novela piensa que trata de la costumbre andina del mismo nombre en el que hay un cóndor encima de un toro. No pues. Eso nunca pasa en el libro. Si bien hay un toro (Misitu) este es toreado pero a dinamitazos (mucho más hardcore). Aunque creo que Arguedas, por su profesión, escribió un ensayo antropológico de esta costumbre con el mismo título de la obra. De ahí, tal vez, la confusión.

5. Don Quijote nunca dice "Ladran Sancho, señal que cabalgamos"

Una frase que se supone que está en Don Quijote de la
Mancha, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte del libro. El origen, según Arturo Ortega Morán es el poema Labrador (1808) de Goethe: "Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos". La adición del nombre Sancho se produjo, por error, en algún momento de la primera mitad del siglo XX. Esta frase la han usado muchos de nuestros connotados políticos, como Esther Saavedra y la hija del dictador, Keiko.

6. Frankenstein no era un monstruo verdoso medio mongo

Como muestra un botón: "La piel amarilla apenas le cubría la
musculatura y las arterias; el pelo era abundante y de un negro intenso; los dientes de una blancura perlada".

O sea que hasta tenía bonita sonrisa (?). Nada de cabeza plana ni tornillos en el cuello. Estas ideas surgieron de la adaptación cinematográfica, los cómics y las series. Aunque la película se rodó en blanco y negro, los carteles promocionales lo presentaban de color verde, al igual que en los cómics y en la serie La familia Monster.

Frankenstein tampoco era un grandote monse, a lo zombi sino ágil y rápido. Y para empezar ni siquiera se llamaba así (nunca le ponen nombre). Además podía hablar, y hasta le gustaba leer, disfruta mucho con El paraíso perdido de Milton, Werther y Vidas paralelas de Plutarco. Encantador.

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lunes, 15 de junio de 2015

Top 5 padres literarios

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Me pregunto como le celebrarán a Mario Vargas Llosa el día del padre este año. Si se siente mal, puede consolarse pensando que hubieron papis que la pasaron mucho peor. 

El primer padre importante de la literatura fue probablemente Odiseo y como buen padre, se hace buscar por su hijo, como sucedería en Pedro Páramo y en El Palacio de la Luna. Otros padres clásicos son los de los libros de Kafka.

Ya habíamos hablado de algunos libros que enfocan el tema de la relación entre hijos y sus progenitores, y también hecho un pequeño ranking de las 5 madres literarias más célebres. Así, que ahora era turno de homenajear (?) a los viejos. Con ustedes, algunos célebres padres de la literatura universal (que recordamos):



Atticus Finch - Matar a un ruiseñor: Realmente heroico soportar a dos joyitas como Jem y Scout, sin la ayuda de una esposa y encima tener que lidiar con los problemas de la chamba y que medio pueblo lo quiere linchar por defender al negrito Tom Robinson. A pesar de ello, sin perder la seriedad, pero tampoco la complicidad con sus hijos, suele aconsejarlos siempre en sus típicos problemas infantiles, con la palabra justa. Un capo realmente. La novela la comentamos aquí.

David Lurie - Desgracia: De todos los padres, el de la novela del Coetzee es el más salado. Aunque su hija ya es adulta e independiente, sucedería lo que describe el título de la obra. Lo peor no es solo descubrir que no puedes cuidar a tu hija, sino que no puedes cuidar ni de ti mismo. Y que no solo no entiendes a la niña de tus ojos, sino que no entiendes ya como funciona el mundo. Que ya no puedes enseñarle nada. Y que quizás ella te tenga que enseñar algunas cosas a ti. Quizás la novela más famosa del Premio Nobel 2003.

El Padre - La carretera: Corrección, hay un padre con más mala suerte que el anterior. Es éste, el de la novela de Cormac McCarthy. Porque peor que perder a la esposa, es perder a toda la civilización conocida. De todos los padres, es el más warrior, un auténtico padre coraje que, a pesar de la vicisitudes, se da tiempo para darle algunas lecciones a su hijo. Tan austero y sencillo, que ni siquiera necesita de un nombre propio. Hablamos algo de este libro aquí.

Fermín Zavala - Conversación en La Catedral: Si suele decirse que los libros del Premio Nobel 2010 suelen tener un rollo paterno complicado, esta debe ser su obra en la que se mezcla de forma más compleja todo el amor/odio de una relación patriarcal, porque va más allá del "padre cruel" como en La fiesta del Chivo o la vida del propio autor, que describe bien en El pez en el agua. Lo curioso es que, a diferencia del resto de padres que comentamos, tiene esposa a su lado y una familia "normal". También la reseñamos aquí. 

Jim Wormold - Nuestro hombre en La Habana: Escrita en 1958, es más antigua que todas las anteriores. Y a pesar que, como en el caso de Finch y del padre de The road, tiene que cuidar a su hij@ solo, atender su tienda y tratar de no ser descubierto por los servicios secretos de la dictadura donde vive, la novela transcurre con bastante humor, como muchas obras de Graham Greene. Y además, de todos, creo que tiene a la hija más insoportable y en el peor momento: la adolescencia, siempre tratando de comprarle cosas y pasar por alto sus comentarios.
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lunes, 8 de junio de 2015

Decálogo del lector (sí, otro más)

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Hay muchos decálogos relacionados a la escritura. Por ejemplo, el de Ribeyro, el de Quiroga, el de Bolaño, el de Monterroso, el de Onetti, entre tantos otros.


Decálogos, ya no de los escritores, sino de los lectores, no hay tantos pero también existen. El más conocido es el de Daniel Pennac, que forma parte de su libro Como una novela, aunque es bastante elemental para mi gusto, pues tiene cosas obvias como el derecho a estar callado (que es el que suelen decir lo policías cuando arrestan a alguien) y además no parece tanto un decálogo que, si nos guiamos por los 10 mandamientos, es un conjunto de 10 reglas a obedecer, más que de 10 derechos que podemos disfrutar.

Además de eso hay muchos más decálogos para obsesos de la lectura. Tenemos el decálogo del buen lector, el del mal lectorunos que dicen que no puedes saltarte páginas, otros que dicen que sí (el de Pennac), el decálogo del lector profesional que trabaja en editoriales, etc., etc.

Así que, por qué no esbozar uno ¿no?

Decálogo del lector

 1. Eres libre de leer lo que quieras.

 2. Por ende, uno es libre también de no leer si no quiere. Leer no debería ser una obligación.

3. El libro puede desaparecer. La lectura jamás.

4. Lee porque te gusta, no para “ser más culto”, “estar al día” o idioteces por el estilo.

5. Los libros siempre son un buen regalo. No tienen tallas y a todos le queda uno. Si no encuentras aún el tuyo no te desanimes.

6. El tiempo no es excusa. Hay gente que dio la vida por sus libros. Puedes dar diez minutos al día.

7. El dinero no es excusa. Hay libros más baratos que una chela. Además, siempre te puedes prestar un libro de alguien (o el dinero).

8. La profesión no es excusa. No hay trabajo que no te deje un espacio para leer.

9. La educación no es excusa. Puedes leer teniendo primaria o Doctorado. ¿Qué eres analfabeto? ¿Y cómo estás leyendo este decálogo?

10.Ser ciego tampoco es excusa. Por algo existe el sistema Braille.

Otras listas:





- Los libros de la década (2001-2010).

- Por el Día de San Valentín: 5 parejas literarias.

- Por el Día de la madre: 5 madres literarias.
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lunes, 1 de junio de 2015

¿Es buena la lectura de libros?

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Hace dos semanas, comentábamos que antes de plantear campañas a favor de la lectura, hay que tener claro porqué la lectura es buena y, para empezar, si realmente es buena. Parecería algo obvio, sobre esto, existen un montón de convencidos: hay webs que te dan 5 razones, beneficios o ventajas de leer, otras te dan 10, otras 70 y otras hasta 100. Hay de todo, para el gusto del cliente, casi.


No es necesario, sin embargo, deshacernos en loas repetitivas. Podríamos para cambiar de óptica, mostrar lo contrario. Es mejor darle una oportunidad de expresarse a los que tienen una opinión negativa, oportunidad que no siempre se da. Es decir, resaltar todo lo que se ha dicho y hecho en contra de los libros. El libro ha tenido y tiene poderosos enemigos. La biblioclastia es una práctica antiquísima [1]. Incluso, en 1995, MTV lanzó una campaña contra los libros acusándolos de provocar guerras y el exterminio de los bosques que ponen en peligro el equilibrio medio ambiental[2].

Por otro lado no podemos ocultar ciertas desventajas físicas de la lectura como el ser una actividad bastante sedentaria, que a veces quita el sueño y a uno lo vuelve (solo en ocasiones) un poco arisco en las relaciones con ciertas personas, acostumbrado como una ya está, a la silenciosa y entretenida compañía de un buen conjunto de páginas. Tema aparte es el problema visual. La miopía, que afecta a la sexta parte de la población, aumenta al 24 por ciento en el caso de los lectores y son innumerables los que dañaron su vista por nuestros adorados objetos: Aristóteles, Lutero, Samuel Pepys, Samuel Johnson, Alexander Pope, Quevedo, Wordsworth, Yeats, Unamuno, Tagore, Joyce tuvieron graves dolencias y peor es el caso de Homero, Milton o Borges que terminaron ciegos[3].

En la red he leído frases como: “leer es trabajo después del trabajo”, “leer sale carísimo”, “Stalin también leía”. Y la mejor es esta “nadie ha podido demostrar que leer hace mejor, más eficiente, más compasivo a una persona: ¿para qué leer?, ¿quién puede demostrarme que leer va a darme algo que no me dé un programa de televisión, una película de cine o la simple observación del mundo?, ¿tendremos que preocuparnos porque nadie lee o sentirnos satisfechos de pertenecer a una secta subversiva de gente que lee para que nadie pueda molestarlo durante algunas horas?, ¿no es cierto que la televisión, el cine, las canciones son literatura?”[4].

Pareciera que los libros, que siempre fueron de gran trascendencia en los cambios sociales y en las revoluciones por ser el espíritu de todo tipo de ideologías, se pueden volver perfectamente contingentes: Fidel Castro reconoce sin problemas que con las justas leyó las primeras páginas de El capital [5].

¿Leer relaja? Habría que preguntárselo a los chicos que leyeron Werther de Goethe y terminaron suicidándose. O a los que tranquilos en sus casas, escucharon la transmisión radial de la obra de H.G. Wells, La guerra de los mundos que produjo histeria colectiva.

A pesar de todos los argumentos a favor o en contra, podría decir una sola cosa: leer ficción te enseña que no eres el centro del mundo, que en realidad no debes tomarte en serio, porque no eres tan importante. Y eso, mis queridos amigos, es una lección invaluable.




[1] Bàez, Fernando. Historia Universal de la destrucción de libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak. Barcelona, Destino, 2004.
[2] Hildebrandt, César. “Balando una sola nota” en La República, 18 de abril de 1995.
[3] Mangel, Alberto. Una historia de la lectura. Bogotá, Norma, 1996, p. 377-378.
[4] http://www.ricardosilvaromero.com/htmls/noticias/lasnoticias2005.html (ya no funciona el link)
[5] Zaid, Gabriel. Los demasiados libros. Barcelona, Anagrama, 1996, p. 47.

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lunes, 25 de mayo de 2015

Premios Nobel de Literatura que también vinieron al Perú

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Me imagino que los mismos que le creyeron a Iván Thays (si, Mónica, tú no fuiste la única) que vendría Paul Auster hace unos años y los que creyeron que Stephen King iría a la Feria de Huancayo, y Sasha Grey a la FIL y Tarantino al Festival del Cine PUCP, se ilusionaron pensando que vendría el Premio Nobel de Literatura 2012, el chino Mo Yan a dar una conferencia en San Marcos. Lamentablemente, se canceló por decisión de la embajada china. Sin embargo, sí llegó a venir y estuvo en el Museo en Pueblo Libre

Además de él, y obvio, del Premio Nobel 2010, otros galardonados también han visitado estas tierras. No perdamos la esperanza. Quizás algún día, como aquicito nomás en Colombia, lleguen Coetzee o Le Clezio.

1. Ernest Hemingway (Premio Nobel 1954): Es bastante conocido que el escritor norteamericano, que además fue soldado en la Primera Guerra Mundial, cazador y fanático de los toros e incluso tiene su propia figura de acción, arribó a Cabo Blanco, Piura, el 16 de abril de 1956, cuando ya había ganado la famosa distinción de la Academia Sueca. Creo que fue el único que no dio ninguna conferencia ni nada de esas cosas. Solo vino para pescar algunos merlines, tomar whisky y pasarla chilling, los que eran algunos de sus tantos hobbies. Se quedó 36 días acá y le regalaron un pisco que se lo chupó ahí mismo.

2. Pablo Neruda (Premio Nobel 1971): El poeta chileno llegó a Lima en 1966, gracias a las gestiones de Ciro Alegría y estuvo en la Universidad Nacional de Ingeniería. Fue condecorado con la Orden del Sol por Fernando Belaúnde. De él dijo, en su libro de memorias titulado Confieso que he vivido: "(...) el presidente peruano de ese tiempo, Fernando Belaúnde, era mi amigo y mi lector sigo creyendo que el arquitecto fue un hombre de intachable honestidad". Y claro, no podía dejar de visitar el Cuzco, especialmente Machu Picchu, que le inspiraría una de sus más célebres obras.

3. Gabriel García Márquez (Premio Nobel 1982): El novelista colombiano nos caería al poco tiempo, del 5 al 7 de setiembre de 1967, y también estuvo en a la Universidad Nacional de Ingeniería, en la cual daría una conferencia junto a Mario Vargas Llosa. La revista Amaru de dicha universidad había publicado algunos extractos de Cien años de soledad. De la conversa entre los dos ex-amigos se publicaría el libro La novela en América Latina. Diálogo, que fue reeditado el año pasado.

4. José Saramago (Premio Nobel 1998): El narrador portugués llegó a Lima el 15 de diciembre de 2000 y también se dio tiempo para visitar Machu Picchu y opinar de la difícil situación política, donde "valientemente" el ¿presidente? de la época renunció por fax y se refugió muy lejos del Perú, en vez de afrontar los problemas que dejaba en el país. Algunas de las preguntas que le hicieron en su conferencia, y sobre todo las respuestas, fueron muy curiosas. Diez años después, le diríamos adiós.   
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lunes, 18 de mayo de 2015

¿Vale la pena hacer campañas a favor de la lectura?

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Ya habíamos hablado antes de Mónica Cabrejos en este blog. De como nos sorprendió verla en el stand de Perú -pagado con dinero de todos- en la última FIL Guadalajara, a pesar que deben haber varias personas con más experiencia y libros bajo el brazo. Qué suerte tener amigos en Promperú. De Iván Thays sí creo que nunca habíamos hablado.



Sin embargo, plumas más alturadas que las hormonadas de esta humilde ave de corral, seguramente se pronunciarán con mayor elegancia y precisión respecto a su ventilado affaire. Nosotros trataremos de seguir con el tema de la semana pasada.

A veces me pregunto si la relación entre estos próceres de nuestras letras  no será una jugada mediática para promover la lectura (?) digna de la maquiavélica mente de algún Favre librero que aún desconocemos.

¿Exagero? Para nada. Las campañas para difundir/ promocionar la lectura son innumerables, algunas ingeniosas y otras algo lisérgicas. Así tenemos desde algunas con la participación directa de estrellas de Hollywood como Nicole Kidman, otras con la participación de dos integrantes de Combate y hasta otras que, bueno, mejor véanla ustedes mismos:




La campaña "Perrea un libro" finalmente fue anulada por la UNAM, que terminó retractándose. Si lo que querían era relacionar el sexo con libros, quizás debieron ser más directos, no sé, chicas en topless leyendo, ah, no, eso ya se hizo. O, para que no digan que soy sexista, debieron poner chicos guapos leyendo, ah perdón, eso también se hizo.

El problema de estos intentos es que se parte de la premisa que la lectura de libros es aburridísima y que solo se aguanta con gente atractiva al costado. Pero en general, debo confesar que nunca he entendido las campañas o promociones “a favor de la lectura”. Me parecen mal enfocadas y hasta innecesarias. No entiendo porque habría que “difundirla”. Creo que todo el mundo sabe que existe. Si a pesar de eso no la practican, por algo será ¿no? ¿Por qué se publicita entonces? En todo caso habría que difundir también el gusto por la música, el cine, la pintura y otras manifestaciones culturales igualmente válidas.

La insistencia en frases como “el libro es cultura” o “read to achieve” (como se usa en USA) solo va a provocar actitudes similares a la de la Chilindrina, el Chavo y los demás alumnos del salón en ese capítulo en el que el profesor Jirafales les dijo que lean. Y no sólo, como muchas veces se malentiende, se produce esta reacción en los sectores socioeconómicos más bajos o de menor acceso a la educación. Lo mismo pasa entre personas que han tenido mejores oportunidades, no sólo en nuestro país, sino incluso en el extranjero. Un buen ejemplo de esto fue el artículo publicado en El País –uno de los periódicos más prestigiosos de España–  con el rótulo “Yo no he leído el Ulises ¿y qué?”[1].

Como vemos, la sacralización de algo, en este caso de leer, tiene como correlato exactamente lo contrario de lo que se busca y despierta cierta vocación iconoclasta hacia lo defendido como positivo. Este problema se incrementa si los partidarios de las campañas pro-lectura no articulan una política coherente o, al menos, comparten ciertos criterios en común respecto al por qué la lectura es saludable. Es decir, todos asumen que la lectura es positiva y es por eso que hay que difundirla. Pero, antes de asumirlo, previamente habría que tener algo claro: ¿por qué la lectura es positiva?

La respuesta, quizás, la próxima semana.



[1] El País, 15 de mayo de 1993. Extraído de García Tortosa, Francisco. “Introducción” en Joyce, James. Ulises. Madrid, Cátedra, 1993, p. XXII.

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lunes, 11 de mayo de 2015

¿En el Perú se lee (libros)?

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Hace dos semanas, comentábamos como, en muchas ocasiones, cuando se estaba aparentemente difundiendo o promoviendo la lectura, en realidad solo se estaba promoviendo un tipo particular de lectura, que es la lectura de libros.



Al respecto, existen estadísticas que señalan que, al menos en Lima, el 79% de la población lee periódicos, de hecho según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), somos el país que más lee diarios en Latinoamérica

Sin embargo, respecto a la lectura de libros, no solo estamos lejos de la cima en la región sino que, de acuerdo a otra investigación, un 26% de peruanos nunca en su vida ha leído un libro.

Este tipo de datos son importantes en el tema de la difusión de la lectura. Parece lógico que, antes de iniciar cualquier acción a favor de algo, sería pertinente preguntarnos cual es la situación al respecto en nuestro país. Partimos del supuesto que, si una actitud es moneda corriente en la población, es probable que no sea necesaria su difusión masiva. Es decir, así como en ciertos países nórdicos se fomenta la natalidad entre las parejas, este tipo de promociones serían impensables en  nuestro país por razones obvias. Si en el Perú se lee, entonces no es necesario difundir la lectura. Quizás no sería necesario tampoco escribir esto.

Creo que en nuestro país adolecemos al respecto de un claro “estado de la cuestión”. En términos generales, los números nacionales al respecto son bastante desalentadores, como comenté en este post. Según los resultados obtenidos por el estudio “Hábitos de lectura y ciudadanía informada en la población peruana-2004” (Biblioteca Nacional del Perú-Universidad Nacional de Ingeniería) del total de población en capacidad de leer (alfabetos), 26% manifiesta no hacerlo. El resto (74%) alcanza a leer en promedio poco más de un libro al año. Un libro al año es nada comparado con los promedios internacionales. Este 74% de "lectores" se reduce a 55% de acuerdo a los criterios de CERLALC. Estamos en los últimos puestos en libros leídos por persona (click en el capítulo 2). Y eso, asumiendo que la gente entiende lo que lee, porque estamos antepenúltimos en eso.

En resumen, estamos en la cola. Ojo que los datos son sobre lo que la gente lee, no sobre lo que compra, y es que si hay una diferencia.  

Sin embargo, a pesar de la desfavorecedora estadística, un gran número de editores, especialistas o vendehumo postulan lo contrario. A su favor mencionan la mayor producción de libros, el aumento en las ventas y la cantidad de piratería.  “¡Pero, claro que se lee!” me responde un amigo “si no, no existirían Quilca o Amazonas”.

Otro ejemplo que se suele mencionar es el de las promociones de los periódicos. Son baratos y de regular calidad, por lo que se venden como pan caliente (la tirada a veces bordea los cuarenta mil ejemplares). Además se presentan como colección, por lo que muchas personas compran libros que originalmente no les interesaban, para tener el listado completo. Resumiendo: se compran un montón de volúmenes. ¿Cuántos se leen? He ahí la cuestión.

Creo que el error radica, como mencionamos en otro post, en confundir el comprar un libro con leerlo. Son dos cosas muy distintas y no necesariamente relacionadas. Muchas veces se compra libros porque se considera un buen regalo, porque nos han obligado en la universidad o el colegio, porque lo necesitamos para la oficina. Pero no quiere decir que lo leamos. Probablemente sólo consultemos una parte y luego lo olvidemos. Algunas personas hasta consiguen obras por motivos estéticos: “¡Qué linda se vería la sala si en esa repisa ponemos algunos libros!”.

Y es que parecería difícil para algunos pensar en leer como una diversión popular e incuestionable con la extraordinaria gama de opciones para distraernos que tenemos en la actualidad. Internet, playstation, películas y series, música en todos los formatos, televisión por cable, etc., ventajas de las que no gozaban los lectores de hace cincuenta años.

Pero si nos vamos a la otra posición –la que indica que en nuestro país la lectoría de libros es bajísima o inexistente– el dilema se mantiene. No se puede afirmar tan fácilmente el rechazo a la lectura. Por ejemplo, en los colegios, más de un alumno podría callarse o mentir ante una encuesta para evitar las burlas de sus amigos y quedar como nerd (en otro contexto alguien podría mentir en una encuesta para “no quedar mal”). Y al margen de las encuestas, y a diferencia de los que compran libros, una persona que nunca compra y nunca ha sido encuestada podría leer muchísimo simplemente prestándose de amigos o yendo a una biblioteca, sin dejar mayores rastros de su proceder con lo que no habría manera de contabilizarlo en las filas de lectores. Y si a esto le sumamos la escasez  en nuestro país de espacios de diálogo sobre estos temas podemos concluir que es difícil saber, con total certeza, si nuestra nación es lectora de libros o no.

Hay que tener en cuenta que incluso las estadísticas y encuestas en esta materia son bastante desactualizadas, lo que demuestra que el estado de la cuestión sigue siendo poco claro.

En resumen, es relativamente arbitrario inclinarse por una respuesta o la otra. En la actualidad, no podemos todavía afirmar algo al respecto con total seguridad. Esperemos que en el futuro se puedan hacer investigaciones rigurosas que nos lleven a mejor puerto. Al margen de esto, aun en el caso en que en el Perú se lea bastante, en teoría siempre se podría alentar más esta conducta. La pregunta sería ¿para qué?

La respuesta, tal vez, la próxima semana.
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lunes, 4 de mayo de 2015

May the 4th be with you

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Seguro ya todos, más un día como hoy, han visto las recientes imágenes exclusivas del futuro episodio VII de Star Wars: (cortesía de Vanity Fair)



¿Para qué sirven los blockbusters o las películas palomiteras? puede preguntarse alguien. ¿Tienen alguna utilidad además del mero entretenimiento? O en vez de estar concentrando nuestros esfuerzos en The Force Awakens ¿deberíamos estar viendo alguna cinta de Aki Kaurismäki?

Extrapolando lo anterior al caso de los libros, podríamos preguntarnos algo similar de los best sellers. Sobre todo ahora que las sagas parecen haber tomado el control de buena cantidad de las lecturas.

¿Es malo que muchos de los adolescentes de ahora lean y se obsesionen con lecturas de dudosa calidad como las sagas de Los juegos del hambre, Maze runnerDivergente o Cincuenta sombras de Grey?

Creo que no necesariamente. De hecho, la relación entre cine y literatura puede ser productiva porque es un gran impulso para empezar a leer. Cuando una película, te gusta o impresiona mucho, una excelente fuente para conocer más de la historia y satisfacer tu curiosidad es el libro del film. Puedes encontrar el nombre de un personaje secundario o repetir un diálogo con calma  (ahora también se puede con imdb por ejemplo, pero antes no teníamos eso).



Yo empecé a leer con La guerra de las galaxias. De hecho, ese fue mi primer libro sin dibujitos. Puede parecer una tontería, pero para mí, lo que define a un potencial lector, de alguien que no lo será, es el momento en que uno puede leer un libro sin dibujitos (mientras más joven, mejor).

Como dije, empecé a leer gracias a La guerra de las galaxias. Pocos lo recuerdan pero, a diferencia de muchos libros basados en películas, lo que conocemos como el Episodio IV una novela antes que un film (se publicó en 1976, un año antes del estreno de A new hope). Dicen que George Lucas tenía tantas ideas que explicar, como por ejemplo definir a un wookie o describir a R2D2 que decidió ordenar todos los esquemas y borradores y plasmarlos en un texto orgánico.

Como muchos de mi generación, lo leí en la colección de Best Sellers de Oveja Negra, esa editorial de la que ya hablamos en otro post, y que además también publicaría El imperio contraataca, El regreso del Jedi y una multitud de libros basados en películas o viceversa: Los cazadores del arca perdida, Tiburón, King Kong, Rambo, Desde Rusia con amor y un largo etcétera. 

Creo que lo mismo sucedió en una generación posterior con la saga de Harry Potter y a mí me ocurriría algo parecido con Lord of the Rings, la que probablemente nunca hubiera leído de no haber sido por la versión de Peter Jackson. Quizás a alguien le pasó lo mismo con libros como Los hombres que no amaban a las mujeres y toda la saga de Millenium. Incluso ahora, hasta El profeta de Kahlil Gibran tendrá versión fílmica

Por eso es que creo que cada generación puede ir teniendo su best seller/blockbuster sin que sea algo necesariamente malo, de hecho algunas de estos libros motivan a leer más que cualquier Plan LectorLo único malo sería que te quedas leyendo solo eso y no vayas más allá. Porque si esperas que todo lo que leas tenga película nunca disfrutarás Cien años de soledad, Rayuela o Ulises. Y ahí sí que serías parte del lado oscuro. 

Esa es una de las razones por las que le estaré eternamente agradecido a La guerra de las galaxias. Porque gracias a esa saga, empecé a descubrir parte del placer de la lectura, placer que, como la Fuerza, es difícil de explicar y exige mucha práctica. En esta eterna batalla no hay que desanimarse, estimado lector. Y que la fuerza te acompañe. 
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lunes, 27 de abril de 2015

¿Difundir la lectura o el libro?

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El amor a los libros, como toda pasión violenta, está sujeta a toda clase de arbitrariedades

La caza sutil
Julio Ramón Ribeyro



¿Se acuerdan de este capítulo de “El chavo del 8”? 



La reacción de los alumnos luego del panegírico del Profesor Jirafaleses similar a la que, cuentan los cronistas, tuvo el primer peruano al que se le ofreció un libro, es decir, el inca Atahualpa.

Como vemos, promover la lectura es una tarea complicada.
De hecho, parecería que luego de casi 500 años, la reacción del promedio no cambiaría mucho. Pero en la misión, casi evangelizadora, de tratar de incentivar la lectura, surgen ciertas aseveraciones que, terminan convirtiéndose en arbitrariedades como las que se insinúan en el epígrafe de este texto.

Una de estas arbitrariedades es hablar indistintamente del libro y de la lectura como si fueran sinónimos. La segunda está referida a afirmar gratuitamente que en el país existe un gusto por la lectura o no. Otra discurre sobre la decisión casi arbitraria de promover la lectura sin preguntarnos por qué o para qué. Una hipótesis que también se suele postular arbitrariamente es la del “fin del libro”. Empezaremos con el primero de estos axiomas. 

¿Libro = Lectura?

Respecto al primero, creo que todos alguna vez hemos incurrido en este error. Sobre todo frente a la clásica pregunta: ¿Te gusta la lectura?¿Cuánto tiempo le dedicas al día? 

Es necesario separar las consideraciones que se deberían dar al libro con las que se podrían asignar a la lectura. La lectura es algo muy genérico. Descontando a los analfabetos, todos leemos, casi todo el tiempo, aunque no nos guste la lectura o los libros. Leemos cuando tomamos un bus, para verificar a que ruta va. Cuando vamos al cine, si la película está subtitulada. Cuando almorzamos en un restaurante, para elegir un platillo de la carta. Cuando esperamos a alguien y verificamos sus mensajes de texto para ver porqué se demora. Y estas actividades solo demuestran que no tenemos auto propio, nos gusta el cine, ciertas comidas o que nos han plantado; pero poco tienen que ver con el gusto por los libros.

Pero incluso en el caso de las personas que afirman tener gusto por la lectura, no leen necesariamente libros. Muchos leen periódicos, revistas, cómics etc. No en vano, Ribeyro diferencia el amor a los libros del amor a la lectura[1]

Establecidos claramente los contrastes entre ambos elementos, podemos ir más allá. Si precisamos que nos referimos sólo a una de las muchas familias de la lectura, a la lectura de libros, incluso en ese caso también la situación es ambigua. La relación con los libros presenta múltiples facetas y no sólo se limita “al placer de un buen libro” como se suele repetir. Los libros no se leen solo como acción creativa y placentera sino también por obligación académica, por necesidad laboral o “en busca de consejo” como sucede con los libros de autoayuda. Al respecto, se ha señalado que estas diferentes manifestaciones sobre la lectura de libros, puede analizarse con cuatro criterios: 1) lectura activa, 2) lectura pasiva, 3) lectura voluntaria y 4) lectura obligada. Combinando esos criterios entre sí, se llegarían a establecer cuatro tipos de lecturas de libros[2], taxonomía que consideramos presentan un espectro más grande de la realidad de la lectura de libros y con la que en líneas generales estamos de acuerdo. No sé hasta que punto se puede hablar de actividad reflexiva y crítica a pintar con un resaltador amarillo una fotocopia a las tres de la mañana. O a leer las tres primeras páginas de una novela entre rumias de descontento para luego buscar el resumen de la misma en monografías.com.

Pero precisando más aún, podemos concluir que nos referimos a una sola de las formas de la lectura, la lectura activa y voluntaria. Definición que podría ser objeto de cuestionamientos a su vez. Este subgénero de la lectura que mencionamos puede ser a su vez subdividida en otras categorías como, por ejemplo, las que usa Eliseo Verón en su libro paradójicamente titulado Esto no es un libro [3]. Estas subcategorías, para este autor serían: 1) lectura temática, 2) lectura problemática, 3) lectura ecléctica, 4) lectura ficcional por autores, 5) lectura ficcional por géneros y 6) lectura de novedades. 

Pero no es necesario adentrarnos en estas seis subespecies para responder a nuestra pregunta. Todas son parte de la lectura de libros de manera activa y voluntaria. Así, es fácil concluir que el fenómeno de la lectura es muy complejo y no solo comprende la lectura voluntaria de libros, qué es la que suele incentivarse en las campañas de promoción de la lectura. Sin embargo, por razones prácticas, suelen usarse como equivalentes. A partir de ahora, siempre que nos refiramos a “la lectura” o a “leer” nos estaremos refiriendo a la lectura de libros de manera activa y voluntaria.

Como vemos, el fenómeno de la lectura es muy complejo y existen varios "tipos" de lectura. Por eso lo que impulsaba el Profesor Jirafales, es solo un tipo de lectura en particular (lectura voluntaria de libros). Para difundir este tipo de lectura, habría que preguntarse primero cual es la situación al respecto en nuestro país, es decir: ¿existe en el Perú afición por la lectura? (entendiéndose lectura por lectura voluntaria de libros).

La respuesta, quizás, la próxima semana.






[1] “En realidad existe un amor físico a los libros muy diferente al amor intelectual por la lectura”. Ribeyro, Julio Ramón. “El amor a los libros” en La caza sutil. Lima, Milla Batres, 1976, p. 45.

[2] Sagastizábal, Leandro de; Estevez Fros, Fernando (comp.). El mundo de la edición de libros: un libro de divulgación sobre la actividad editorial para autores, profesionales del sector y lectores en general. Buenos Aires, Paidós, 2002.

[3] Verón, Eliseo. Esto no es un libro. Barcelona, Gedisa, 1997, p. 59-72.
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