jueves, 20 de septiembre de 2018

¿Cómo elegir que libro leer? (Parte 1)

jueves, 20 de septiembre de 2018

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Hemos hablado antes de los difícil que es recomendar libros y, a pesar de eso, hemos recomendado 10 libros para gente que no le gusta leer. A pesar de eso, existe algo aún más difícil: recomendarse a sí mismo, es decir, la interrogante del título.



Parece una cuestión innecesaria, y de hecho lo es cuando uno aún es joven: hay tanto por leer que lo que menos falta son obras para escoger. Pero cuando pasan los años, el tiempo se vuelve más escaso y uno toma conciencia de que no sabe cuantos libros podrá leer en su vida. Hasta cierta época, uno puede decir que ha leído libros mediocres. Pero llega un tiempo en que los libros no son mediocres, sino que uno es mediocre eligiendo.

En los inicios como lector uno lee lo más accesible, lo que tiene en su casa o lo que le prestan pues, al menos en mi caso, paraba más misio que el Chavo. Es difícil darse el lujo de elegir, se come lo que hay. Mas luego las opciones, tentadoras, nos rodean y van en aumento junto al presupuesto e Internet es un continuo proveedor de nuevos descubrimientos.

Como nadie es millonario -y menos en horas libres para la lectura- debe escogerse cuidadosamente cuáles serán los causantes de nuestros desvelos en las próximas semanas. Hablemos de métodos para elegir:

1. Mismo autor: La forma más común es seguir leyendo libros del mismo escritor que nos gusta, con el riesgo de agotar toda su producción en relativamente poco tiempo. Prefiero ir graduando para evitar sobredosis y sobre todo para no quedarme sin su voz tan pronto. Siento una profunda lástima cuando sé que estoy leyendo el último libro de aun autor y que no volveré a escucharlo nunca más.

2. Recomendaciones de amigos: Otra alternativa es guiarse por recomendaciones de amigos, aunque no todos tenemos muchos que sean lectores y menos con nuestros mismos gustos. Las referencias en la web no siempre son confiables (lo mismo pasa en las películas si nos basamos en imdb).

3. Premios: Un criterio muy común. Hay gente que se anima por los ganadores del Alfaguara, Planeta, Herralde etc. o el más clásico de todos: el Nobel. Y las librerías lo saben y ese mismo días llenan sus vitrinas con el más flamante laureado. Los que confían mucho en ese método se perderán de Joyce, Kafka, Borges y muchos más, supongo.

¿Qué hacer entonces? He usado alguna vez cada uno de esos métodos. Creo que lo mejor para inclinarse por un libro no es confiar en amateurs (es decir, no en mí) sino seguir a los expertos: los propios escritores ¿Cómo? La respuesta, la próxima semana.
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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Las 5 librerías que más me han gustado

miércoles, 12 de septiembre de 2018

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Tantos lugares. Me gustan las librerías de viejo, de libros usados, donde todo es más barato y la atención más personal. Por eso en esta lista no estará ninguna sucursal de cadenas grandes. Son mis gustos :). Creo también que no es lo mismo una "buena librería" o la mejor librería que la librería "más bonita". Esto último a veces me suena algo superficial, como si lo importante es que salga bien para la foto aunque los libros que tenga sean una desgracia, el ambiente incómodo y los precios un robo. Existen criterios menos frivolones y de, hecho, el premio a la mejor Librería del Mundo. Por eso, reconociendo mi subjetividad solo haré un Top de gustos personales. Para que sea más democrático, y de paso darle un sonrojante intento de cosmopolitismo, no repetiré dos de un mismo país.

5. La ciudad - Buenos Aires: Seguramente se esperaban aquí El Ateneo Splendid. Pues no. Es muy difícil elegir una librería en Buenos Aires. De las innumerables que tiene me quedo con la impresión que me causó La ciudad. Encontrarse medio metida en una galería, como con cierto pudor y, a la vez, lucir sus puertas de vidrio, haciendo alarde de exhibicionismo le dan un aire más de tienda indie de vinilos que de librería (esto me ha hecho notar que en todas las demás tiendas que escogí ninguna tiene una una vidriera, todas son cerradas, como si los libros son algo que debe cuidarse y protegerse, no mereciendo ser posados por los ojos de los no iniciados). También me agradó que sentí que había un poquito menos de bulla y multitud que en las librerías de Corrientes o Florida. Llámame pacato o elitista, me da igual. Además era una de las favoritas de Borges, que vivía al frente y aquí celebró sus Dialógos con Sábato. Decidido: me convenció esa mixtura de tradición con frescura.



4. Galileo - Lima: No cuento el Centro Cultural Quilca porque era un conjunto de tiendas y no una librería, además ya no existe. Pero en Galileo, que estaba ubicada en Jirón Camaná antes de mudarse a su actual ubicación, encontré varias primeras ediciones de Ribeyro, Arguedas y otras que nunca más he vuelto a ver a precios que hasta daban ganas de pagar un poco más. Fue la primera librería "grande" o que me pareció así, en la cual sabía que no podría ojear todos los libros ni siquiera en varias visitas. Aunque haya tenido que reducir su magnificencia desde el cambio de domicilio y tener que ocultar sus tesoros en un rincón medio oscuro y húmedo, siempre tendrá un amplio y fresco espacio en mi corazón. Otras menciones honrosas de mi ciudad: Daniel Rivera (el librero frente a la PUCP) y el local de Abelardo en el pasillo A de Amazonas.







3. Las tres cruces - México D.F: Esos días recorrí las laberínticas extensiones de la FIL de Guadalajara por gusto. La feria de libros en español más grande del mundo no tenía un simple recopilatorio de un conocido autor mexicano vivo que me habían encargado. Y lo mismo me paso en todo tipo de tiendas, en ambulantes del centro y grandes cadenas. Hasta que llegué a Las tres cruces. La primera vez quedé tan impactado - era la librería de libros usados más grande que había visto hasta entonces y eso que había visto otras en esa extraordinaria ciudad- que pensé: "tengo que examinarla con calma". Así que me fui a otro lado, y cuando traté de regresar, me perdí en ese simpático laberinto de chalets de apariencia inofensiva pero llena de historias que es Coyoacán. No podía dejarla. Volví, otro día, era un poco tarde y, tal vez fue mejor porque la tuve enteramente para mí. Y claro, encontré el libro requerido (de hecho dos ejemplares) y bueno, es la única librería en la que he visto que metan una camioneta dentro, como para que se den una idea de su extensión. 


2. Shakespeare and company - París: Poco puedo decir de un lugar del que se ha escrito bastante. De visita obligada para cualquier joyceano que se respete. Mentiría si digo que me parecieron excelentes las ofertas o la atención (cuando entré solo tenía dinero para almorzar el Mcdonald's más barato). Lo que me sobrecogió de esta librería es que es más que eso, su carácter casi divino, como si estuviera nuevamente en Sacre Coeur. Esa sensación de estar en una iglesia donde la gente entra en silencio, está prohibido tomar fotos y casi se puede tocar el amor por la literatura, pisar un suelo donde los que peregrinan hasta allá exudan fe al arte de las palabras. Una experiencia prácticamente religiosa.



1. Merlín - Bogotá: Seguro piensas que exagero, porque solo he ido tres veces pero es la única librería en la que retrocedí a mi infancia y volví a sentir lo mismo que cuando entraba a una juguetería de niño: la magia, la alegría, ese momento en que parecía entrarse a un mundo nuevo y se cruzaban las fronteras entre las realidad y la fantasía. Una auténtica casa tomada de libros, donde hay volúmenes en todas las habitaciones, las escaleras y hasta el baño, existen salas enteras de géneros que ni siquiera se te habían ocurrido, a precios razonables y sabes que puedes obviar el cartel de "prohibido tomar fotos" porque estás como en casa. Una vez le pregunté a un amigo bogotano, que vive lejos del centro, y me dijo que no conocía esta maravilla bibliográfica. Me di cuenta que había encontrado un sitio especial.



Finalmente, supongo que la mejor librería es aquella en la que no tienes que gastar ni un centavo para sentir que eres feliz dentro. O aquella que aún no conozco y está esperando a ser descubierta.
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lunes, 13 de agosto de 2018

Formas de dividir un libro

lunes, 13 de agosto de 2018

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Quiérase o no, se necesita orden. En la vida, en la casa, en el trabajo. Este año disfruté mucho La magia del orden de Marie Kondo, un simpático manual para exterminar a los maremagnums del hogar (sí, amigo hipster, se puede disfrutar un libro de autoayuda aunque no le hagas caso a los consejos). 

Como es predecible, en los libros también es importante el orden. No me referiré al orden de una biblioteca y si es una forma sutil de crítica. Yo ordeno por autores, casi siempre, dándoles un sitio de honor en el mejor librero a mis favoritos y colocando a los menos afortunados en unos estantes de fierro medio oxidado. Con algunas excepciones, como los libros de tapa dura, que no se dañan, ni se ensucian las hojas en repisas metálicas, a diferencia de las ediciones rústicas en que el papel entra en contacto directo con la superficie. Para ellas, la eficiencia del melamine se convierte en su más practico hospedaje.



En realidad, estaba pensando más en el orden estructural del libro, la forma en que el autor construye el "esqueleto" de la obra: una de las alternativas del novelista, de las que Ribeyro no discurrió en su artículo del mismo título en La caza sutil, pero no tocó el tema tal vez por falta de orden.

Así como el autor de Los gallinazos sin plumas relata que el escritor debe escoger primero el idioma, luego el lenguaje, el tipo de narrador, la persona gramatical, etc. cuando escribe, me pregunto si además pensará en como dividirá -ordenará- el texto ¿Por capítulos, partes, secciones? ¿Sin necesidad de estos? ¿Cómo serían estas partes?

Parece obvio, pero no lo es tanto. En algunos casos sí, cuando la novela asume ya una forma, por default, por así decirlo. Son los casos de novelas con forma  de diario (como La tregua de Benedetti) o en forma de intercambio epistolar (Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver) o una mezcla de ambos (Drácula). Pero esa ya es una decisión, también.

Una primera opción es simplemente escribir, páginas y páginas, sin ninguna división, como en Jota Erre de William Gaddis. Pero, créanme, es pesadísimo para el lector. Otra es dividirla en partes, aunque no se numeren, a lo García Márquez o Saramago. Ahí es mucho más accesible, o puede ser que se deba a la extraordinaria habilidad de los mencionados maestros.

Por eso lo más común es "repartir" un libro en partes. Pueden ser cantos (como los 24 de la Odisea) o capítulos (como los 24 de Otra vuelta de tuerca). Muchas veces se encabezan con números romanos, aunque claro también con números arábigos que pueden ser escritos en letras, como en algunos libros de Vargas Llosa, o incluso con doble numeración como en 4, 3, 2,1 de Paul Auster. A veces los capítulos tienen cada uno un título como en Redoble por Rancas y en otros casos no, como en varias obras de David Safier. O tienen título pero no número como en Libertad de Jonathan Franzen.

Estas partes o divisiones no necesariamente son arbitrarias o tienen como objetivo solo hacerle más ordenada y fácil la lectura al que está del otro lado, sino que responden a un patrón. Hay libros divididos en estaciones del año como Marcovaldo de Italo Calvino, montos de dinero como en Quien quiere ser millonario, estancias de edificio como La vida, instrucciones de uso, días de la semana como El nombre de la rosa, por entrevistas como en Guerra mundial Z o haciendo combinaciones: por ejemplo Los detectives salvajes tiene partes escritas como diario y otras por testimonios. Y hay infinidad de ejemplos más. El Ulises debe ser el libro en que cada capítulo, al menos en teoría, tiene más significados asignados.

En algunas ocasiones este patrón se va alternando. Son los casos en que, por decir, los capítulos impares corresponden a una parte del relato y los pares a otra. Ejemplo de esto lo encontramos en capítulos divididos por personajes como 1Q84, por ciudades como en Windows of the World de Beigbeder o líneas temporales como en El pez en el agua. Sé que esta última no es una novela, pero su autor suele usar esta técnica.

Pareciera que no eso fuera suficiente, pero para algunos escritores no es suficiente solo dividir una obra en capítulos, sino que se agrega una segunda categoría. Muchos libros se dividen en partes (primera parte, segunda parte, etc.) y luego en capítulos como Expiación de Ian McEwan. Otros a su vez agregan un tercera categoría, que puede estar numerada como en El Anatomista de Federico Andahazi o no estarlo, como en La ciudad y los perros. A veces me he encontrado también con un capítulo dividido en "titulares" como algunos de Las correcciones, La maravillosa vida breve de Oscar Wao o el capítulo VII de la obra más famosa de Joyce. Y el que creo que es el récord de la materia debe ser Graham Greene que en varias de sus obras "filetea" el texto en partes, secciones, libros y capítulos, y hasta más, mezclando números romanos y arábigos.

Más allá de estas múltiples posibilidades, queda pendiente la pregunta de como deben ser cada uno de estos capítulos. Aunque lo parezca, no necesariamente todos tienen la misma extensión o intensidad. Es conocida la anécdota sobre El mundo es ancho y ajeno que, aunque contaba con veinticuatro capítulos, los primeros son más largos y complejos y los últimos se van reduciendo pues, supuestamente, el autor tenía que entregar la obra a un concurso y estaba contra el tiempo.

Aunque normalmente, los capítulos suelen tener una extensión de varias páginas en que se describen escenarios, acciones y personajes, esto no tiene que ser así siempre. Hay libros en los que los capítulos son muy breves, a veces de dos hojas y tan dísimiles como Seda de Baricco o los superventas de Dan Brown.

¿Cuál es el mejor método? No existen reglas al respecto. Creo que si escribo una novela, alguna vez trataré de que los capítulos sean breves porque 1) te hacen sentir que estás avanzando rápido y eso motiva a la gente que siempre está apurada y 2) Te dejan con ganas de más, en la parte más interesante. Me parece que un cliffhanger funciona mejor en un capítulo corto que en uno extenso. Pero ese es otro tema. Es hora de ponerle fin a esta parte, capítulo o lo que sea. Para mantener el orden.
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martes, 7 de agosto de 2018

Mi FIL favorita en mucho tiempo

martes, 7 de agosto de 2018

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En realidad, ya desde hacía un par de años la Feria Internacional del Libro de Lima venía cambiando, aunque no me daba cuenta. Como comenté en 2016, el solo hecho de que venga por primera vez un premio Nobel a una, la hacía diferente. Asumir el reto de hacer algo que implique libros y a que la vez sea popular es difícil en el Perú. Novedades constantes y ventajas de acceso al público son la mejor arma para vencer la resistencia de enfrentarse a la incomodidad de las bulliciosas multitudes y la desgastante rutina repetitiva del mismo lugar, las mismas empresas y a veces hasta los mismos títulos. Este año, sin duda, se logró.

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Desde hace años propuse crear un abono que permita entrar a la Feria todos los días. Y en esta edición, mi clamor fue escuchado y, lo que es mejor, quedó demostrado que era una buena idea. Ojalá que el FanFIL se siga manteniendo ¿Será casualidad que este año es la primera vez que no escucho quejas por el precio de las entradas? Tal vez no. 

El país elegido este año fue España y la exposición "Objetos con historia (s)", una serie de efectos personales de 14 escritores nacionales y extranjeros.

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Sobre los invitados, quizás sea la mejor FIL que recuerde: traer a un escritor de la calidad y prestigio de Jonathan Franzen no es fácil y además estuvieron también Rosa Montero, Ray Loriga, Santiago Posteguillo, Paolo Giordano, Jorge Volpi, Margo Glantz entre otros. Pensar que antes los invitados más renombrados eran Pedro Suárez Vertiz o el Dr. Pérez Albela.

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Si en 2015 se destacaba la llegada de Random House al Perú, ahora no se puede menos que celebrar el regreso de El Aleph, donde suelen están las mejores ofertas y al que se aconseja ir primero.

También hubo otros momentos para recordar como el espontáneo aplauso a Gustavo Gorriti (del que comentamos Sendero); la protesta en la presentación de Gustavo Faverón (del que comentamos El anticuario) y la queja de Marco Avilés (del que comentamos No soy tu cholo) por el retiro intempestivo de su presentación, en la que incluso era ponente un congresista.

He recuperado un poco la fe en la FIL, la cual había ido perdiendo últimamente, Supongo, que habrá que hacer lo mismo con el país. Aunque a los jueces les guste hablar de otros libros.

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viernes, 15 de junio de 2018

¿Pensaban muy distinto Vargas Llosa y Ribeyro?: La llamada de la tribu

viernes, 15 de junio de 2018

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Aunque no soy muy aficionado a los libros de crítica especializada, disfruté El flaco Julio y el escribidor: Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa cara a cara, larga serie de ensayos del español Ángel Esteban, el cual contiene nuevas perspectivas y datos de la obra ribeyriana y además, un interesante análisis y contrapunto con la figura de Vargas Llosa. Si bien por momentos se repite, pues parece una compilación de artículos publicados anteriormente, valió la pena por muchos datos que desconocía. Una idea central del trabajo es la gran diferencia existente entre ambos autores, por lo menos en su estilo de narrar y en su bibliografía en general.

Esta distinción podría ampliarse a su manera de pensar o posición política, en la que, sin duda, existieron discrepancias. Julio Ramón, un poco siguiendo su estilo teñido de escepticismo, nunca escribió una obra orgánica sobre su forma de ver el mundo. Pero tenemos sus Prosas apátridas en el cual encontramos buena parte de su filosofía de vida, por llamarlo de alguna manera.

Mario, por su lado, si ha sido muy enfático en su ideología, la cual es bien conocida, puede definirse como liberalismo y rastrearse a varios autores. Este año ha publicado La llamada de la tribu, conjunto de textos en el cual, a través de las ideas de siete pensadores liberales, refleja sus propias creencias.

Sin embargo, luego de leer los libros mencionados, me quedé pensando que, involuntaria y quizás hasta irónicamente, ambos autores terminaron coincidiendo en algunos puntos, llegando a conclusiones similares, por distintos caminos.



1. Popper y la falta de reglas de la historia

El premio Nobel 2010 refiere, en el capítulo sobre Karl Popper, que para este autor "(...) la historia no tiene orden, lógica, sentido y mucho menos una dirección racional que los sociólogos, economistas o ideólogos podrían detectar por anticipado, científicamente" (p. 174). Aquí se describe el grave error del historicismo. Por eso, afirma Popper, y Vargas Llosa con él: "History has no meaning" (p. 175).

Esto es muy similar a lo que expresa Ribeyro en una de sus prosas apátridas (la 12):

"La historia es un juego cuyas reglas se han extraviado. Filósofos, antropólogos, sociólogos y poIíticos las buscan, cada cual por su lado, de acuerdo a sus intereses o a su temperamento. Pero solo encuentran retazos de ellas (...) Lo terrible sería que después de tantas búsquedas se llegue a la conclusión de que la historia es un juego sin reglas o, lo que sería peor, un juego cuyas reglas se inventan a medida que se juega y que al final son impuestas por el vencedor".

Se advierte como, por dos vías distintas, el liberalismo y el escepticismo, los narradores peruanos obtienen el mismo resultado para determinar su postura frente a las reglas de la historia.

Como precisión, en la cita completa, Ribeyro postula que el marxismo es "una tentativa" de explicación, pero "no la única ni la definitiva". Esta sería una diferencia a lo planteado por Vargas Llosa, aunque este ultimo también confió, en una época, de las bondades de esta doctrina.

2. Raymond Aron y El opio de los intelectuales

Vargas Llosa también relata como Raymond Aron ironizaba sobre ciertos intelectuales que "(...) no habían visto un obrero en su vida, difundiendo el mito del proletariado luchador y revolucionario en países donde la mayoría de los obreros aspiraba a cosas menos trascendentes y más prácticas: tener casa propia, un coche, seguridad social y vacaciones pagadas, es decir, aburguesarse" (p. 215).

Esta ironía es compartida por Ribeyro, en su prosa apátrida 11, en la que relata como se ha encontrado a ese tipo de personajes:

"(...) En los pasillos del metro, el primero de mayo, millares de obreros endomingados, jóvenes y viejos, con sus familias se desbordan alegres, despreocupados, rumbo a la feria de París, al Campo de Marte o al Bois de Boulogne, todos con su ramillete de muguet en la mano. Están felices, han almorzado bien, es su feriado, su festividad. Sentados en el suelo de un corredor, dos estudiantes hirsutos y barbudos con guitarras, cantan un aire marcial y revolucionario, del que sólo percibo al pasar esta estrofa: “Obreros, levanten sus barricadas”. Los proletarios, sin detenerse, les pasar una mirada de reprobación, se sienten chocados, casi ofendidos. Nada más fuera de lugar que esos mozalbetes hablando de barricadas, luchas y conflictos en un día de esparcimiento entre tantos días de trabajo (...)". 

Este desfase entre los que estudian la historia y los que la sufren, este aparentemente insalvable abismo entre la ideología y la realidad es luego desarrollado también por el arequipeño en la sección dedicada a Jean-François Revel.

Pero, además, hay un tópico de Aron que se destaca: el capítulo de El opio de los intelectuales titulado "Hombres de iglesia y hombres de fe" que estudia al comunismo como una religión secular, con sus ortodoxias y heterodoxias, sus sectas, sus desviaciones y su inquisición. En esta parte se justifica los juicios estalinistas "(...) en nombre de la "verdad esencial" de la lucha de clases" (p. 216).

Este paralelismo entre discusiones heréticas pretéritas y políticas presentes también fue esbozado por Ribeyro en su prosa apátrida 132:

"Emerjo de mis lecturas sobre el Jansenismo para hojear los diarios del día y me pregunto qué relación puede haber entre esas querellas teológicas que duraron siglos, imbricándose cada vez más con problemas políticos y económicos y lo que pasa en el mundo actual: Portugal, Angola, Líbano, Argentina, etc. Y me digo que hay un lazo secreto entre las luchas antiguas y las presentes, que estas no son sino la continuación de las pretéritas, bajo diferentes nombres, ideales y pretextos. A priori podrá decirse que los problemas de la gracia, del libre arbitrio, de la predestinación no tienen ahora ninguna vigencia. Pero, ¿la tendrá dentro de algunos siglos conceptos como libre empresa, lucha de clases, sistema parlamentario, medios de producción, elecciones democráticas? Probablemente sí, pero dentro de un contexto tan diferente que habrá que ser adivino para darse cuenta que el combate sigue siendo el mismo". 

Aquí, incluso, el cuentista limeño va más allá y compara los debates teológicos con la ideología de la democracia liberal la cual, aunque predica la tolerancia, tiene también algunos márgenes no negociables. 

3. Isaiah Berlin y las verdades contradictorias

El autor de La casa verde enfatiza que para Berlin es falso que los más nobles ideales que inspiran a la humanidad (justicia, libertad, paz, placer) sean compatibles unos con otros. Por eso, no existe un solo valor que sea el más importante, por eso la existencia de diversos valores no implica la armonía entre ellos (p. 246-249). Tomando en cuenta esto "(...) debemos aceptar la posibilidad del error en nuestras vidas y ser tolerantes para con el de los demás" (p. 250).

Esta apología de la tolerancia con los errores de los demás, pero a un nivel de las relaciones personales más que de las posiciones políticas, fue defendido por el autor de Los gallinazos sin plumas en la prosa apátrida 31:

"No hay que exigir en las personas más de una cualidad. Si les encontramos una debemos ya sentirnos agradecidos y juzgarlas solamente por ella y no por las que les faltan. Es vano exigir que una persona sea simpática y también generosa o que sea inteligente y también alegre o que sea culta y también aseada o que sea hermosa y también leal. Tomemos de ella lo que pueda darnos. Que su cualidad sea el pasaje privilegiado a través del cual nos comunicamos y nos enriquecemos".

Aquí Ribeyro no solo se da cuenta del problema que conlleva que los valores que consideramos importantes puedan ser contradictorios entre sí, sino que además nos da una posible solución a ese dilema: no asumir como primordial un valor sobre otros, sino apreciar el que cada persona tenga.

Parte de la tolerancia es, no solo reconocer que nuestros actos pueden estar equivocados, sino que los valores que defendemos o deseamos encarnar pueden también estar errados. Y, como consecuencia de ello, entender que no se le puede exigir al resto que sigan nuestros valores.

Estas similitudes ¿convierten a Ribeyro en un liberal? En lo absoluto, aunque ya lo quisieran varios de los defensores de estas doctrinas. Pero sí permite descubrir que las ideas liberales son tan amplias que bien uno puede coincidir con algunas de ellas y negar otras. Incluso, alguien podría afirmar que cree en el liberalismo "a su manera". Como con el cristianismo, en suma. 
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miércoles, 6 de junio de 2018

Los errores de la mundialitis: "Camino a Rusia" - Umberto Jara

miércoles, 6 de junio de 2018

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Falta una semana para el esperadísimo Mundial Rusia 2018 y la expectativa se puede casi tocar con las manos, más ahora que, luego de toda una vida, por fin nuestro país clasificó a la máxima competición del fútbol. Han salido tantos libros sobre el tema últimamente que hasta parece oportunismo barato. Este blog no es así, de hecho ya hemos comentado algo sobre fútbol en un mundial anterior, las últimas veces que el mejor equipo nacional salió campeón (en 2009 y 2013), hincha de que equipo eran algunos escritores y hasta en una fecha intrascendente del torneo local). 



De todos los libros publicados este año, sin duda el más popular es Camino a Rusia de Umberto Jara, no solo por ser el primero sino porque era, o al menos se vendía así, el que reflejaba el Zeitgeist del momento, la euforia y la esperanza de treinta millones de personas, sin entrar en estadísticas aburridas, ni explicaciones innecesarias. Era como el Paolo Guerrero de los libros futbolísticos, digamos.

Desconfió de los libros "de actualidad", más todavía tomando en cuenta el paupérrimo nivel del periodismo por estos lares. Sin embargo, debo admitir que tenía grandes ganas de leerlo, sobre todo porque el autor fue director de una revista que, en su época, me encantaba: O11CE. Si ese estilo se mantenía en la obra, sería un golazo. 

Lamentablemente, las expectativas no fueron cumplidas. La campaña de las eliminatorias fue super épica, existían innumerables temas por tocar como los puntos ganados en mesa contra Bolivia, la primera volteada (y victoria) de visita de la historia en Asunción, los empates agónicos contra Venezuela, las desmoralizantes derrotas contra Chile. Sinceramente esperaba un relato, sino partido a partido, por lo menos de los últimos o más importantes. 

De los protagonistas, también hay muy poco. Solo tiene la historia de cinco (Gallese, Araujo, Trauco, Cueva y, por supuesto, Gareca) que es la parte más entretenida del texto, el cual se dedica en buena parte de sus páginas al uso de la tecnología en el fútbol. En todo el libro prácticamente no hay anécdotas, ni mucho humor.

Además tiene varios errores, lo que es curioso porque se supone que el autor tiene un "equipo de investigación". Aquí algunas de las erratas:

página 51: Dice que en la Copa América 2015, el Perú tuvo "seis partidos jugados, tres triunfos, un empate y apenas una derrota". No sé a ustedes, pero a mí me suma 5. Obvio que fueron dos derrotas.

página 53: "Aquella Copa América culminó el 4 de julio de 2015, la selección fue recibida con satisfacción y aplausos. Pasaron varios meses sin competencia y la siguiente convocatoria se dio en marzo de 2016". ¿Ah? Pero si la siguiente convocatoria fue a los 3 meses, para los partidos ante Colombia y Chile y de ahí hubo otra, también en 2015, para los partidos ante Paraguay y Brasil.

página 96: Sobre Perú en las anteriores eliminatorias: "Japón-Corea 2002: antepenúltimo con 16 puntos (técnico Julio César Uribe); Alemania 2006: penúltimo con 18 puntos (técnicos Paulo Autori y Fredy Ternero)". En 2002, el popular Jeta Jeta no fue el único técnico, de hecho el primigenio fue Pacho Maturana. Además el nombre del Mundial es Corea-Japón y no al revés. El nombre de Ternero es "Freddy" con doble "d".

página 105: "se obtuvieron, en 2017, 16 puntos en partidos por eliminatorias, 10 de ellos como locales y 6 como visitantes que, sumados a los 11 logrados en 2016, dieron los 26 puntos clasificatorios". Más allá de que no le sale la suma (16+11 no es 26), los datos también están errados: fueron 11 puntos en 2016 y 12 en 2017.


¿Será que la gente se ha emocionado tanto que no se da cuenta de nada? ¿Que exijo mucho a un libro de fútbol?  ¿Soy antipatriota? ¿Perú jugará la final contra Alemania? No sé, pero a mí no me convencen tan fácil. Ojalá que la decepción se me pase viendo a la blanquirroja. Aunque lo mejor es nunca ilusionarse en demasía. Ni con los libros, ni con el fútbol.
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lunes, 28 de mayo de 2018

La semana tiene siete libros (5)

lunes, 28 de mayo de 2018

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Siempre hay un tiempo para leer. Solo que a veces hay más tiempo. Antes fueron los feriados de Semana Santa o Día del Trabajo, estar enfermo en Fiestas Patrias o viajar solo siete mil kilómetros por tierra. Esta vez fue el desempleo, la enfermedad, la soledad, la preocupación o simplemente que tenía ganas de leer. Hacía años que no tenía una de estas "maratones lectoras" y me he sentido joven de nuevo: (entre paréntesis el puntaje de cada uno)



Domingo 20: La dulce envenenadora- Arto Paasilinna: (6) Autor nuevo para mí. Novelita breve, no tan cómica como dice la contraportada, pero entretenida. Lenguaje sencillo (¿o será una mala traducción?), casi murakamiano pero sin abundar en descripciones intrascendentes como el japonés. Me quedo más con la impresión de la situación social finlandesa - primera vez que leo algo de ese país- que los equívocos chistosos, aunque debo admitir que si me daba curiosidad saber en qué acababa todo. No recordaba a una anciana tan aventurera desde Viajes con mi tía de Graham Greene.

Lunes 21: Triste, solitario y final - Osvaldo Soriano: (5) Otro autor nuevo para mí. Otra novelita corta que trata de ser entretenida. Las frases ingeniosas, las respuestas rápidas e irónicas y las situaciones absurdas son divertidas, mucho más que los continuos golpes y violencia de los protagonistas que, como en una película del Gordo y el Flaco, tratan de hacer una dupla cómica pero que por momentos es más dramática y hasta depresiva. Y como la trama es una farsa, no hay mucha emoción en averiguar el final. Tal vez, para que me guste, debí haber leído a Chandler primero. 

Martes 22: El fútbol: mitos, ritos y símbolos - Vicente Verdú (5) Para variar, otro autor nuevo. En los años 70, no estaba de moda que a alguien de izquierda le gustara el fútbol. Era el "opio del pueblo" y cojudeces por el estilo (todo lo contrario a ahora en que se trata de usar como vínculo con lo "popular"). Eso hace que este libro tenga el mérito de ser precursor en el análisis de este deporte desde la perspectiva de las "ciencias" sociales.

Como se imaginarán, el texto es en gran medida un arroz con mango de interpretaciones marxistas, palabreo, una canción de Perales y hasta citas bíblicas. Ahí les va una muestra imperdible:

"Los jugadores "conectan" sus disparos eléctricos desde sus botas o bournes fluorescentes a una pelota catódica. En torno de cada jugador se crea una campo vectorial donde debe colocarse la pelota que no busca al jugador sino al "hueco", como el jugador deberá aprender a jugar creando campos de fuerza y vacíos en el ámbito total del rectángulo magnético" (p. 49-50)

Solo le faltó mencionar la "curva diagonal". Ni Gualberto Martínez lo hubiera expresado mejor. No negaré que me he reído bastante con párrafos como ese y otros. En ese plan, se analiza "dialécticamente" desde la forma de la pelota hasta las narraciones radiales. No faltan expresiones machistas (p. 29) y hasta racistas: postula que a Brasil le fue mal en el Mundial del 78 porque había muchos rubios (?) (p. 32).

Para que no digan que soy un quejoso, además de las carcajadas, debo reconocer que son interesantes sus teorías sobre el equipo de fútbol como matriarcado (capítulo 4) y la relación entre capitalismo y evolución del fútbol (capítulo 5)

Miércoles 23: El tenis como experiencia religiosa - David Foster Wallace (8): Ajá, autor nuevo, otra vez. No sé nada de tenis y nunca había leído a Foster Wallace. Y a pesar de eso este libro me ha gustado porque tiene elegancia y gracia, a diferencia del libro sobre fútbol que leí un día antes. Metáforas agradables, descripciones acertadas, buen manejo del lenguaje y hasta pies de páginas -algunos-simpáticos. Esa es la distancia entre las ciencias sociales y la literatura. O entre un deportista de élite y el resto de los mortales. Dos artículos sobre distintas finales, épocas y personas: el US Open 1995 y Wimbledon 2006, Pete Sampras y Roger Federer, aunque a ambos los compara con una anguila (págs. 25 y 80). O escuchar y ser, a la vez, Mozart y Metallica.

Jueves 24: Facsímil - Alejandro Zambra (9) ¿Me creerían que este también es un autor nuevo para mí? Pues sí. Este es cosa seria. Se merece su propio post, aunque igual comenté algo aquí.

Viernes 25: La especulación inmobiliaria - Italo Calvino: (5) Novela breve, que más parece un cuento largo, de título no muy motivante y algunas reflexiones innecesarias. Quizás se entendería mejor si conociera más el contexto de la posguerra italiana, pero prefiero al Calvino fantasioso y atemporal de los otros libros que le he leído. Hay algo de ribeyriano, en las frustraciones de un intento condenado al fracaso, que es el centro del libro. Muy en la onda de Los geniecillos dominicales, uno va recorriendo las desgracias y frustraciones de Quinto (una versión italiana de Ludo Tótem), aunque como en la referida novela peruana, creo que falta que la historia llegue a cuajar. 

Sé que suena a exageración esto último, pero no olvidemos que ambos escritores eran muy amigos e incluso Ribeyro le tenía tanta confianza que lo colocó como referencia a contactar cuando postuló a una beca en Estados Unidos la que, por supuesto, tuvo un éxito similar al de la hermanos Anfossi. 

Sábado 26: El nido de los sueños - Rosa Montero (4): Aunque no me convencen mucho ciertas etiquetas como "literatura infantil", podría decirse que este libro es "para niños". Sin embargo, aunque el lenguaje y las situaciones sean de menor complejidad que en otra novelas de la española, mantienen varias de sus características. Por ejemplo, el mundo de fantasía de una niña, que leímos en Bella y oscura. También la protagonista femenina (Gabi) es joven, como las de la novela citada (Baba) y como personajes de otros de sus libros (Leola, Fatma). Y es acompañada por una guía mayor (la silla) que destaca por su experiencia, sus conocimientos y un aura enigmática (también como los personajes de otros de sus libros: Arelai, Nyneve, Cerebro). 

No podía faltar la mascota, un simpática can llamado Bicho. En otros de sus libros también hay de mascota un perro, un basilisco y hasta una criatura extraterrestre. En resumen, un buen libro para que un chico empiece con esta autora que se lee al toque, mientras se ve la final de la Champions.

(Bonus track: el sábado 19 acabé 4, 3, 2, 1 de Auster, la reseña aquí)
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martes, 22 de mayo de 2018

4,3,2,1 - Paul Auster

martes, 22 de mayo de 2018

2 floritos
En la vida uno toma muchas decisiones. Una de ellas es qué libro elegir para leer. Puedes escuchar recomendaciones o seguir planes lectores. Incluso si eliges un libro, estos, a su vez, a veces obligan a tomar decisiones, como en Rayuela, Cien mil millones de poemas o incluso con los MultiAventura que me encantaban de niño (y que no están en goodreads!)



 He leído 7 libros de Auster y todos me han gustado. A pesar de eso, nunca me "envicié" con él. Hay autores que, por alguna razón inexplicable, uno no sigue, aunque le hayan gustado sus obras. A veces, el impacto es muy fuerte y nos deja sin reacción: me pasó con El nombre de la rosa o Crimen y Castigo que me cayó como un rayo y, a pesar de eso, no volví a leer nada de Umberto Eco o de Dostoyevski. Esto también debe ser una decisión. Como decidí arriesgarme al tremendo ladrillo de título poco llamativo que es 4,3,2,1. Y fue una buena decisión.




Lo que empieza con la historia de una familia deriva en la vida de Archibald Isaac Ferguson, primogénito/protagonista de la novela y como la situación del negocio de su padre influye en su destino y, a partir de ahí, surgen posibles futuros, vidas "que hubieran podido pasar". Nuevamente, como en La invención de la soledad, El Palacio de la Luna y, supongo, Creí que mi padre era Dios, la presencia paterna es fuerte. Sin daddy somos nobody en el mundo de Nobodaddy.

Hay en cada capítulo el desarrollo en paralelo de cada uno de los eventuales Ferguson, durante su infancia, adolescencia y juventud, más o menos con una estructura temporal que ocupa siete etapas: inicio de los años 50, finales de los años 50, 1960-62, 1963-65, 1965-66, 1966-1968 y 1969 en adelante. De hecho, hice mi cuadrito de doble entrada, pero me da flojera postearlo. PD: No está de más usar post its en cada sección cuando lean la obra.

Estos mundos alternativos se originan por las decisiones de los personajes. Decisiones como dedicarse más al béisbol, al básquet o a ningún deporte. Viajar a París durante la universidad, después de la universidad, sin ser universitario o no viajar. Escoger entre escribir cuentos, artículos periodísticos o críticas de cine. Optar por Princeton, Columbia o no ser universitario. Hacer una lista de cien libros o leer desordenadamente. Elegir entre entrar al depa del abuelo sin avisar o no. Todo es parte de la educación sentimental y artística del protagonista.

Sí, ya sé que también hay bastante azar (si no colocas esta palabra en una reseña de Auster te borran el artículo); el azar es conocer a Howard Small de niño, de joven o nunca conocerlo. O, por ejemplo, que te caiga literalmente un rayo o que: 

"Crimen y Castigo fue el rayo que cayó de los cielos y lo partió en mil pedazos (...)" (p. 392)

Sin embargo, hay cosas que se mantienen en todas las situaciones como que te guste un verso como Un polvo habitual nunca viene mal. Aunque no es lo mismo que te robes un libro de Dickens (pág. 500) y te atrapen, a que te robes un libro de astronomía (pág. 814) y no te atrapen. O que te hagan juicio por romperle la nariz a alguien (pág. 839) a comparación de que sea solo por hurto (p. 503). 

Personajes entrañables como Amy Schneiderman o Noah Marx, los diálogos sin guiones como intentos de poemas, las páginas en blanco, los juegos de palabras (Jack Lemmon vs. Harry Lime y varias parejas más), sus historias dentro de historias como "Compañeros de suelo y suela" (capítulo 2.4), Cómo Laurel y Hardy me salvaron la vida (que es básicamente el capítulo 2.3) o El cuaderno escarlata (capítulo 6.4). 

Aunque lo mejor es las variaciones en las formas de narrar, cambiando de "estilo": 1) por meses y estaciones (capítulo 6.1), 2) encabezando con participios (págs. 482-486), 3) retroceder en la historia para explicar una lista de hechos desconocidos por el niño Ferguson (capítulo 1.3), 4) argumentar "por causas", con su respectivas refutaciones la conclusión de una relación amorosa (capítulo 7.4) o 5) desarrollar ampliamente la acción "por números" que previamente ha sido comprimida de esta forma: 

"1969 fue el año de los siete enigmas, las ocho bombas, los catorce rechazos, los dos huesos rotos, el número doscientos sesenta y tres y la historia que cambia la vida". (capítulo 7.4)

Todas estas ramificaciones confirman que este libro no es común al tratar de englobar toda una vida (s). Hemos escuchado que:

"(...) la vida era como un libro, una historia que empezaba en la primera página y seguí adelante hasta que el protagonista moría en la página 204 o 926, pero ahora que el futuro que imaginaba para sí había cambiado, su concepción del tiempo también se estaba modificando. El tiempo se movía tanto hacia delante como hacia atrás, según descubrió, y como las historias de los libros solo podían moverse hacia delante, la metáfora del libro no tenía sentido" (pág. 389).

El resultado es una historia cotidiana pero no un libro común, de innumerables situaciones pero también ideas y ese optimismo y rebeldía que dicen que había en los años 60. Luego de tantas cosas, muchas de ellas tristes, en una de los universos paralelos celebran en 1969 en el Moon Palace (p. 947), como un guiño a que una de las más conocidas novelas de Auster fuera un bonus track, una continuación o una quinta historia tal vez.

Y si después de 900 páginas no te queda claro el título del libro, te lo explican textualmente (pág. 954). Hablando de textual, el juego metatextual del final, aunque predecible, se le perdona.

Quizás me equivoqué de decisión y debí leerlo "en desorden" (es decir primero los capítulos 1.1, 2.1, 3.1, 4.1 etc. y luego 1.2, 2.2, 3.2, 4.2 etc.) Tantas opciones. En una vida pienso que esta es la mejor novela de Auster, en otra que además estará entre las mejores novelas de la década, en otra que es el mejor Bildungsroman que he leído. Y en otra escribo esta crítica/comentario y tú lo lees. 
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lunes, 1 de enero de 2018

El inolvidable 2017

lunes, 1 de enero de 2018

0 floritos
Si el año pasado parecía raro, lo de este ya rompe todo los esquemas. Menos en el campo librero donde fue un año anodino hasta el punto que me ha hecho extrañar los años en que comentaba mis lecturas más que los sucesos y las noticias relacionadas a estos temas.

Todo empezó con una desgracia y, no, nos referimos a la repetición adnauseam de la canción de verano "Despacito" (bueno, también a eso)


Nos referimos al Fenómeno del Niño que produjo destrozos en la costa en los primeros meses del año, hasta el punto que incluso llegó muy cerca de Palacio de Gobierno y hubo que salvar varios libros de la Casa de la Literatura, ante el incremento del río. Las pérdidas materiales y humanas motivaron la solidaridad de todos, incluso de escritoras foráneas.



Aunque la naturaleza se tranquilizó con el tiempo, la situación del país no se tranquilizaba. Mientras el presidente Kuczynski daba una entrevista a Clara Elvira Ospina sobre los libros que leía, probablemente ya se estaba gestando cambios radicales a la política del país, específicamente desde el Congreso, controlado por Keiko, la hija del exdictador.

Ese mismo mes y de ese mismo poder del Estado surgiría la frase del año, y quizás de la década, la del congresista Bienvenido Ramírez (no tengo que decir que es fujimorista ¿no?): "El síndrome de Alzheimer se da en las personas que estudiaron mucho y leyeron mucho". Esto causó todo tipo de reacciones, incluidas algunas que traspasaron nuestras fronteras hasta la creación de una cuenta de twitter: @bookbienvenido, una parodia que bueno, no duró mucho.

Y quizás para evitar futuros daños a la salud pública, al mes siguiente cerró la única librería de Barranco: La Libre. Este desafortunado hecho quizás no es tan sorprendente, si recordamos lo que pasó un año antes con Quilca, pero lo que sí podría catalogarse como histórico fue la marcha en solidaridad contra esta clausura, quizás la única vez, que recuerde, que haya sucedido algo similar en el Perú en favor de una tienda de libros.

El que no tuvo tanta solidaridad fue el expresidente Humala cuando lo metieron a la cárcel, en julio. El tiempo libre entre rejas lo aprovechó entre otras cosas, para dedicarse a la lectura. Así, según Hildebrandt en sus Trece, Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar sería uno de sus elegidos.


Parece que no fue el único, pues el otro hijo del exdictador le entregaría algo de Santiago Posteguillo y Ken Follet para hacer más llevaderas las horas encerrado.



En el último trimestre del año, el que suele entregar el Premio Nobel de Literatura, a nadie le importaba dicho galardón, ni siquiera al último ganador, Bob Dylan, que lo recogió seis meses después. Solo diré que en octubre el Perú entero estaba pendiente de las dos últimas fechas de las Eliminatorias para el Mundial Rusia 2018 y luego del repechaje con el que pudimos gritar, después de 36 años: ¡¡¡ESTAMOS EN EL MUNDIAL LA CONCHA DE SU MADRE!!!!

Mientras todos festejábamos, otras noticias pasaron desapercibidas. No solo que Faverón había dejado escuela, esta vez Rodolfo Ybarra sería el acusado de acoso, sino también algo más grande, más horrendo se estaba tramando. Debimos sospechar desde que Kenyi seguía hablando de libros y hasta citaba a Kavafis,


Eso definitivamente no era normal. El plan para la vacancia del Presidente de la República ya estaba en marcha y el día llegó. El 21 de diciembre de 2017 será recordado por ser el día que un escritor francés del siglo XVIII fue lo más buscado en el Perú. En general, en esa maratónica sesión del Parlamento hubo toda clase de referencias literarias, no solo del abogado defensor de PPK, que citó mal a Dante Alighieri, sino también de Vitocho desempolvando La mala hora de Gabriel García Márquez, de Lucio Ávila mencionando al Dr. Jekyll de Stevenson, por ahí alguna de Octavio Paz y otras que ni recuerdo porque estaba ebrio.

Al final, PPK se salvó de ser sacado y, cuando parecía que todo volvía a la normalidad, decidió sacar a alguien y salvarlo: sí, al exdictador. El indulto a Fujimori no solo fue una de las peores cosas que hizo y que le hizo perder el poquísimo apoyo popular que le quedaba, incluyendo el de Vargas Llosa, sino que traería consecuencias para el año siguiente. Esto no ha terminado...
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lunes, 25 de diciembre de 2017

#QuéLibroRegalaríasPorNavidad...

lunes, 25 de diciembre de 2017

0 floritos
Lo que para el jueves 21 empezó con algo de esperanza, para el domingo 24 terminó con indignación. A veces solo queda el humor para pasar el trago amargo de esta Nochemala. Aquí el resumen de los "regalos" que fuimos soltando en redes, antes de que se fueran a la mierda las fiestas.

A Keiko le regalamos el libro de David Trueba, (había que regalárselo hace rato, desde 2011 por lo menos)


A PPK, una novela de Coetzee para que sepa como lo ve el país como presidente (aunque podría ser también Desgracia)


A Ollanta y Nadine, podría regalársele uno para que asuman el futuro de su carrera política


A los angurrientos de Graña y Montero, algo para que recuerden que Odebrecht no es un juego


Al congresista Malvenido "Alzheimer" Ramírez es muy difícil regalarle un libro, quizás lo más adecuado sería este de Zambra.









A Cecilia Chacón, como no terminó sus estudios pero hizo harto billete "misteriosamente" le cae preciso este libro.


Al maestro Gareca deberíamos regalarle cualquier cosa que pida, pero lo que mejor lo resume es la penúltima novela de MVLL.



Al Congreso, aunque Bestiario de Cortázar sería quizás el más adecuado, nos inclinamos por Desgracia impeorable de Peter Handke


A Héctor Imbecerril, no sería muy difícil, También aplica para Daniel Salaburro, Karina Bestieta, Vilcatoma etc.





Aunque más idiotas somos nosotros que les pagamos el sueldo. Infeliz Navidad.

Regalos anteriores, aquí.

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