lunes, 12 de noviembre de 2018

Test: ¿Qué tipo de lector eres?

lunes, 12 de noviembre de 2018

0 floritos


1. Compras libros en...

a) Crisol, Communitas, Ibero.

b) Quilca, Camaná, Amazonas.

c) Ni idea porque todo lo leo en PDF.

d) En la esquina del mercado, donde la tía que vende pirata.

e) ¿Comprar? ¿Para qué?


2. Vas a la FIL para...

a) Comprar las últimas novedades, escuchar a los autores más destacados, que te firmen tus libros y si se puede entrevistarlos.

b) Distraerte un rato y comprar algo por ahí.

c) Transmitir en vivo y tomarte fotos para Instragram.

d) Ver si encuentras algo en esos remates de S/. 5 de El Aleph.

e) Pa robar pe, hay que aprovechar que no hay alarmas ni cámaras.


3. Tu editorial favorita es...

a) Anagrama, Mondadori, Páginas de Espuma...

b) Oveja Negra, Bruguera, Peisa.

c) Ni idea porque todo lo leo en PDF.

d) Mercurio, Chirre, Toribio Anyarin Injante.

e) No tengo.


4. Cuando terminas de leer un libro...

a) Revisas tu lista de pendientes para elegir cual será el siguiente que leerás.

b) Sales a distraerte un rato luego de estar tanto tiempo solo y sentado. 

c) Le haces su respectiva reseña en goodreads, en tu blog y foros.

d) Reaccionas y te das cuenta que te has pasado cuatro paraderos.

e) Piensas a cuanto podrías venderlo.


5. Es Navidad y habrá intercambio de regalos. Pides...

a) Lo último de algún autor rebuscado que solo venden en el extranjero.

b) Cualquier libro que vendan en supermercados o kioskos. 

c) Audífonos nuevos. 

d) Lo que te han pedido a ti en otro intercambio.

e) Trago.


6. Llegas al Banco y hay una colaza...

a) No voy al banco, mando a otros que se encarguen de pagar las cuentas.

b) Aprovecho de avanzar con el libro que llevo en ese rato.

c) ¿Cola? Todo se paga por internet ahora, men.

d) Reniego porque trabajo en el Banco y estoy harto de tener que atender en ventanilla.   

e) A jugar con el celular nomás.


7. Tu autor favorito ha publicado su última obra, pero no tienes plata...

a) Le pides a algunos de tus amigos libreros que me presten o fíen, soy cliente Platinum.

b) Lo sacas de la biblioteca.

c) Siempre hay alguien que te puede pasar el PDF.

d) Lees parado un capítulo todos los días, en tiendas diferentes para que no sospechen. En dos semanas, lo acabas.

e) ¿Autor favorito? Nah. 


8. SI pudieras irte de juerga a lo "¿Qué pasó ayer?", elegirías a...

a) Vila Matas, Pynchon, McEwan.

b) Vargas Llosa, Rosa Montero, Bob Dylan.

c) Renato Cisneros, el Mox, Stephen King

d) Estoy misio así que solo a "Anónimo", total escribió Las mil y una noches y Lazarillo de Tormes.

e) Con Yahaira Plasencia, Tilza Lozano y Milett Figueroa. Ni que fuera gilazo para ir con viejos.


9. El libro que te cambió la vida es...

a) Ulises - James Joyce

b) La palabra del mudo - Julio Ramón Ribeyro

c) Cualquiera de Harry Potter

d) Piense y hágase rico.

e) Ninguno


10. Tu biblioteca personal...

a) Esta organizada por secciones - autores en orden alfabético - editoriales.

b) Es pequeña, pero bonita.

c) Está organizada en carpetas, subcarpetas, PDF o Epub.

d) Era bien chevere, hasta que mi mamá se la regaló al ropavejero.

e) Me la regaló una señora del barrio (soy ropavejero).


Mayoría de a): Lector VIP. Aunque algunos te consideren snob o un friki, si ser lector fuera una profesión, tu tendrías doctorado. En ti confluyen una gran pasión por los libros, el tiempo y los medios económicos para disfrutar de la lectura. pero no olvides que allá afuera también hay un mundo de cosas sin papel y sin letras. 

Mayoría de b): Lector promedio. Disfrutas con la lectura sin llegar a fanatismos, pues tienes muchos otros hobbies. Leer te sirve para relajarte y desconectarte del mundo, no para complicarte la vida. Tal vez podrías arriesgar y buscar lecturas que te saquen de tu zona de confort.    

Mayoría de c): Lector millennial. Complementas bien tu gusto por la lectura con las nuevas tecnologías. No te haces problemas por no tocar, oler o sentir el papel. Pero no es oro todo lo que tiene versión en Netlifx o lo que recomiendan youtubers. Quizás debes abrir tu perspectiva y probar libros aunque no estén de moda.   

Mayoría de d): Lector heroico. Tu eres de los míos, men. Aunque estes quebrado, con sobrecarga laboral y fregado, no dejas de leer ni pierdes el buen humor. La lectura te sirve para aislarte un poco de la realidad cotidiana. No te olvides que existen bibliotecas públicas y vale pedir prestado a tus amigos.

Mayoría de e): ¿Lector? Te gustan los libros, pero no para leerlos. Haces la finta nomás ¿No serás booktuber?

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miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Cuántos libros vale la pena tener en casa?

miércoles, 3 de octubre de 2018

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SPOILER ALERT: No tengo idea de la respuesta, pero creo que vale la pena hacer un ejercicio sobre este tema. 

Todos vamos a morir y no nos llevaremos nada al otro mundo. Solo cuando alguien cercano fallece nos damos cuenta de esto y, pasando a un tema quizás más frívolo, me pregunto si es lógico seguir comprando y comprando libros que se convertirán en polvo como nosotros mismos. 

Por si acaso, aquí somos superhinchas de los libros físicos, así que la pregunta de si vale la pena tener libros en casa (obviamente, me refiero a libros en papel o, por decirlo de una forma "de carne y hueso") está para mí zanjada y no me extenderé mucho en ese tema. Solo diré que los libros digitales son muy útiles pero, al menos yo, y estoy seguro que la mayoría, por un buen tiempo, seguirá prefiriendo los libros que pueden tocarse y olerse.

Entonces, queda claro que hay que tener libros en casa pues, como dice el viejo adagio "una casa sin libros, es como un cuerpo sin alma". La pregunta es ¿cuánto sería lo recomendable? Como para tener, quizás no el alma de la Madre Teresa de Calcuta, pero al menos algo que llevar al purgatorio o al infierno ¿no? Y últimamente hemos comprobado como algunos jueces están obsesionados por la cantidad de "libros".

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Un punto de partida puede ser empezar sabiendo cuántos libros tenemos actualmente en nuestra morada. Aunque parezca extraño, mucha gente no lo sabe. Yo, por ejemplo. Y no soy el único, como se relata en este artículo de Letras Libres. Sin embargo, también eso es complicado. Si bien en aplicaciones como goodreads hay listas de los libros que uno posee, en mi caso esa relación nunca es actual, va cambiando constantemente, con todos los libros que me regalan, algunos que compro y los que vendo, regalo, un constante fluir de entrada y salida. Además está el tema de qué libros "cuentan" y cuáles no, como el caso de las fotocopias o los que están muy desgastados ¿En busca del tiempo perdido cuenta como uno o como siete? ¿Y un tomo de "Obras completas" cuenta como uno o como varios? En mi caso, casi nunca adquiero los volúmenes recopilatorios, prefiero agenciarme los libros sueltos, como comenté hace tiempo. Si revisamos una de las últimas encuestas al respecto, la mayoría de personas en nuestro país no tiene más de 20 libros en los estantes. 

Soslayando algunos de estos casos límite, más o menos se puede tener una idea aproximada de la cantidad de libros que ocupan nuestra vivienda. En mi caso, deben ser unos 300. A veces siento que no son tantos y que me faltan muchos que me gustaron y me gustaría tener, supuestamente, para releerlos o para revisar alguna frase o algo que no me quedó muy claro. También puedo usar la excusa de mi padre que compraba "para el niño", lo que está justificado incluso por algunos especialistas que refieren que un hogar con más de 500 libros da una ventaja escolar de 3 años a los engendros. Como yo no tengo critters, aún no puedo emplear esa salida, pero la tendré en cuenta.

Quizás la mejor forma de decidir cuántos libros tener, sea "preguntándole" a la casa misma, es decir, analizando fríamente el espacio del que se puede disponer. Muchos desearían una habitación especial para la biblioteca, pero en los departamentos cada vez más liliputienses que nos ofrece la vida moderna, esto es casi inviable. Tenerlos en el dormitorio es una opción común o, mejor, en la sala, para pavonearse ante las visitas (las cuáles la tendrán más fácil al momento de "llevarse un recuerdo"). Un amigo tiene tantos libros que los guarda en cajas y bolsas, y se le han perdido algunos o tal vez varios, ni él lo sabe, porque encerrados y lejos de la luz llevar el control es difícil, además que se condena a estos bellos adminículos a la humedad y el deterioro. Un libro no se merece estar prisionero. Si no puedes darle una vivienda digna en un estante medianamente decente o si terminan ocupando rincones de la cocina o hasta el baño, es una señal claro que tienes demasiados.

No puedo dejar de mencionar lo que, en sus Prosas apátridas, reflexionaba Julio Ramón Ribeyro sobre esto (y eso que en esa época no existía el e-book):

“La biblioteca personal es un anacronismo. Ocupa demasiado lugar en casas cada vez más chicas, es oneroso formarlas, nunca realmente se las aprovecha en proporción a su costo o volumen. Un libro leído, además, ¿no está ya en nuestro espíritu, sin ocupar espacio? ¿Para qué conservarlo, entonces? ¿Y no abundan ahora acaso las bibliotecas públicas, en las que podemos encontrar no sólo lo que queremos, sino más de lo que queremos? La biblioteca personal responde a circunstancias de tiempos idos: cuando se habitaba el castillo o la casa solariega, en los que por estar aislados del mundo era necesario tener el mundo a la mano, encuadernado; cuando los libros eran raros y a menudo únicos y era imperioso poseer el codiciado incunable; cuando las ciencias y las artes evolucionaban con menos prontitud y lo que contenían los libros podía conservarse vigente durante varias generaciones; cuando la familia era más estable y sedentaria y una biblioteca podía transmitirse en la misma morada y habitación y armarios sin peligro de dispersión. Estas circunstancias ya no se dan. Y sin embargo hay locos que quisieran tener todos los libros del mundo. Porque son demasiado perezosos para ir a las bibliotecas públicas; porque se cree que basta mirar el lomo de una colección para pensar que ya se ha leído; porque uno tiene vocación de sepulturero y le gusta estar rodeado de muertos; porque nos atrae el objeto en sí, al margen de su contenido, olerlo, acariciarlo. Porque uno cree, contra toda evidencia, que el libro es una garantía de inmortalidad y formar una biblioteca es como edificar un panteón en el cual le gustaría tener reservado su nicho”.

Supongo que llega un momento de la vida en que ya no se puede seguir pensando en comprar libros, sino en comprar una casa más grande donde guardar esos libros. Tal vez eso sea lo que algunos llaman "madurez".
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sábado, 29 de septiembre de 2018

¿Cómo elegir que libro leer? (Parte 2)

sábado, 29 de septiembre de 2018

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Me gustan los libros en que nuestros autores favoritos se convierten en nosotros, es decir, en lectores y por un momento bajan del pedestal en que los tenemos y nos confiesan cuáles son sus preferencias y quiénes son sus ídolos. Como esbocé la semana pasada, esta es una buena forma para elegir que leer o descubrir nuevas lecturas.



Algunos de estos pueden ser libros de crítica, artículos, presentaciones, prólogos y hasta diarios como La tentación del fracaso. En una anotación del 27 de enero de 1978, Ribeyro revela su "lista de convocados" a algo así como una imaginaria selección ideal de todos los tiempos y creo que fue la primera vez que sentía la admiración de un escritor hacia sus colegas, lo que me sorprendió. En general en varias entradas de ese diario hay menciones y recomendaciones indirectas de toda clase de obras. Ribeyro también tiene una compilación de ensayos breves, La caza sutil, con el que descubrí a Perec y el OuLiPo, me animé a leer Ejercicios de estilo, Bajo el volcán, Rojo y negro y hasta La tierra prometida de Sofocleto. ¿No fue el propio Julio Ramón el que dijo algo así como que a uno realmente le gusta un autor cuando trata de seguir sus preferencias literarias?



El que es una auténtica máquina de referencias es Borges, toda su obra lo es. Por él me animé a leer a De Quincey y a Buzzati, que casualmente también están en el equipo titular de Ribeyro. Tanto en Prólogo con un prólogo de prólogos como en Biblioteca personal comenta varios libros, incluso a veces el mismo en ambos volúmenes, como La piedra lunar y Bartleby el escribiente o reincide en autores como Kafka, Schwob y Quevedo. Se puede encontrar más comentarios en  sus libros "por países" como Introducción a la literatura inglesaIntroducción a la literatura norteamericana y Antiguas literaturas germánicas, las compilaciones de sus textos para revistas como Borges en Sur, Borges en El hogar y Textos cautivos. Además las obras que dedicó a comentar a un autor en particular como Evaristo Carriego, El Martín Fierro y Nueve ensayos dantescos. Sin contar sus exposiciones en Siete noches o Borges Oral y sus artículos en Inquisiciones, Otras inquisiciones, Discusión... en fin. Y seguro se me están pasando varias.



Bolaño también es un caso de múltiples (y a veces polémicas) opiniones sobre los integrantes de su propio gremio. No soy un buen hincha del chileno, tal vez lo fui un tiempo pero, luego de devorar muy rápido lo mejor de su producción y ante las innecesarias exhumaciones de sus inéditos sin corregir, solo para seguir explotando al cadáver y a los fans de este escritor, muchos de ellos insoportables; terminaron matando el cariño bolañiano. Sin embargo, digo sin ambagues que, aunque es un conjunto disperso de textos, Entre paréntesis es un libro genial, en el que menciona varios nombres que jamás había escuchado y menos leído (Oswaldo Lamborghini, Rodolfo Wilcock, Antoine Bello y muchos más) y los comenta con un entusiasmo, pasión e inteligencia que conmueve. También tiene algunos ensayos en El gaucho insufrible.

No podemos dejar de mencionar a Vargas Llosa que ha escrito libros exclusivamente para exhibir su fervor por narradores como Gabo (Historia de un deicidio), Flaubert (La orgía perpetua), Víctor Hugo (La tentación de la imposible), además de libros sobre Arguedas o el Tirant lo blanch. Pero su libro de coments por excelencia es La verdad de las mentiras, un auténtico "Plan Lector", mejor que muchos, que he tratado de seguir, he leído de 18 los 35 libros que reseña. Sus opiniones son iluminadoras, nunca spoilea y aunque la selección, como todas, puede ser cuestionada (no aparece Kafka, Musil y solo un latinoamericano) vale la pena. También tiene su ranking de autores favoritos, respecto a ciencias sociales: La llamada de la tribu.

Fernando Iwasaki no se queda atrás con sus Arte de introducir, Desleídos y efervescentes y Nabokovia peruviana. Todos con interesantes puntos de vista de obras de autores conocidos y algunos casi ignotos. Luis Loayza también se luce con Sobre el 900, El sol de Lima y Libros extraños con comentarios elegantes y atinados. 



Existen, obviamente, muchos otros libros de reseñas, opiniones o critica sobre Greatest Hits de la literatura. Aunque no los he leído todos, una buena fuente de info se encuentra en la Obra crítica de Cortázar, El amor de mi vida de Rosa Montero, Último inventario antes de liquidación de Frédéric Beigbeder, La infancia perdida de Graham Greene, entre otros. ¿Aún no sabes cuál elegir? En ellos hay recomendaciones hasta el fin de los tiempos.
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jueves, 20 de septiembre de 2018

¿Cómo elegir que libro leer? (Parte 1)

jueves, 20 de septiembre de 2018

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Hemos hablado antes de los difícil que es recomendar libros y, a pesar de eso, hemos recomendado 10 libros para gente que no le gusta leer. A pesar de eso, existe algo aún más difícil: recomendarse a sí mismo, es decir, la interrogante del título.



Parece una cuestión innecesaria, y de hecho lo es cuando uno aún es joven: hay tanto por leer que lo que menos falta son obras para escoger. Pero cuando pasan los años, el tiempo se vuelve más escaso y uno toma conciencia de que no sabe cuantos libros podrá leer en su vida. Hasta cierta época, uno puede decir que ha leído libros mediocres. Pero llega un tiempo en que los libros no son mediocres, sino que uno es mediocre eligiendo.

En los inicios como lector uno lee lo más accesible, lo que tiene en su casa o lo que le prestan pues, al menos en mi caso, paraba más misio que el Chavo. Es difícil darse el lujo de elegir, se come lo que hay. Mas luego las opciones, tentadoras, nos rodean y van en aumento junto al presupuesto e Internet es un continuo proveedor de nuevos descubrimientos.

Como nadie es millonario -y menos en horas libres para la lectura- debe escogerse cuidadosamente cuáles serán los causantes de nuestros desvelos en las próximas semanas. Hablemos de métodos para elegir:

1. Mismo autor: La forma más común es seguir leyendo libros del mismo escritor que nos gusta, con el riesgo de agotar toda su producción en relativamente poco tiempo. Prefiero ir graduando para evitar sobredosis y sobre todo para no quedarme sin su voz tan pronto. Siento una profunda lástima cuando sé que estoy leyendo el último libro de aun autor y que no volveré a escucharlo nunca más.

2. Recomendaciones de amigos: Otra alternativa es guiarse por recomendaciones de amigos, aunque no todos tenemos muchos que sean lectores y menos con nuestros mismos gustos. Las referencias en la web no siempre son confiables (lo mismo pasa en las películas si nos basamos en imdb).

3. Premios: Un criterio muy común. Hay gente que se anima por los ganadores del Alfaguara, Planeta, Herralde etc. o el más clásico de todos: el Nobel. Y las librerías lo saben y ese mismo días llenan sus vitrinas con el más flamante laureado. Los que confían mucho en ese método se perderán de Joyce, Kafka, Borges y muchos más, supongo.

¿Qué hacer entonces? He usado alguna vez cada uno de esos métodos. Creo que lo mejor para inclinarse por un libro no es confiar en amateurs (es decir, no en mí) sino seguir a los expertos: los propios escritores ¿Cómo? La respuesta, la próxima semana.
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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Las 5 librerías que más me han gustado

miércoles, 12 de septiembre de 2018

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Tantos lugares. Me gustan las librerías de viejo, de libros usados, donde todo es más barato y la atención más personal. Por eso en esta lista no estará ninguna sucursal de cadenas grandes. Son mis gustos :). Creo también que no es lo mismo una "buena librería" o la mejor librería que la librería "más bonita". Esto último a veces me suena algo superficial, como si lo importante es que salga bien para la foto aunque los libros que tenga sean una desgracia, el ambiente incómodo y los precios un robo. Existen criterios menos frivolones y de, hecho, el premio a la mejor Librería del Mundo. Por eso, reconociendo mi subjetividad solo haré un Top de gustos personales. Para que sea más democrático, y de paso darle un sonrojante intento de cosmopolitismo, no repetiré dos de un mismo país.

5. La ciudad - Buenos Aires: Seguramente se esperaban aquí El Ateneo Splendid. Pues no. Es muy difícil elegir una librería en Buenos Aires. De las innumerables que tiene me quedo con la impresión que me causó La ciudad. Encontrarse medio metida en una galería, como con cierto pudor y, a la vez, lucir sus puertas de vidrio, haciendo alarde de exhibicionismo le dan un aire más de tienda indie de vinilos que de librería (esto me ha hecho notar que en todas las demás tiendas que escogí ninguna tiene una una vidriera, todas son cerradas, como si los libros son algo que debe cuidarse y protegerse, no mereciendo ser posados por los ojos de los no iniciados). También me agradó que sentí que había un poquito menos de bulla y multitud que en las librerías de Corrientes o Florida. Llámame pacato o elitista, me da igual. Además era una de las favoritas de Borges, que vivía al frente y aquí celebró sus Dialógos con Sábato. Decidido: me convenció esa mixtura de tradición con frescura.



4. Galileo - Lima: No cuento el Centro Cultural Quilca porque era un conjunto de tiendas y no una librería, además ya no existe. Pero en Galileo, que estaba ubicada en Jirón Camaná antes de mudarse a su actual ubicación, encontré varias primeras ediciones de Ribeyro, Arguedas y otras que nunca más he vuelto a ver a precios que hasta daban ganas de pagar un poco más. Fue la primera librería "grande" o que me pareció así, en la cual sabía que no podría ojear todos los libros ni siquiera en varias visitas. Además creo que es la única librería de viejo en Lima en la que vendían partituras. Aunque haya tenido que reducir su magnificencia desde el cambio de domicilio y tener que ocultar sus tesoros en un rincón medio oscuro y húmedo, siempre tendrá un amplio y fresco espacio en mi corazón. Otras menciones honrosas de mi ciudad: Daniel Rivera (el librero frente a la PUCP) y el local de Abelardo en el pasillo A de Amazonas.







3. Las tres cruces - México D.F: Esos días recorrí las laberínticas extensiones de la FIL de Guadalajara por gusto. La feria de libros en español más grande del mundo no tenía un simple recopilatorio de un conocido autor mexicano vivo que me habían encargado. Y lo mismo me paso en todo tipo de tiendas, en ambulantes del centro y grandes cadenas. Hasta que llegué a Las tres cruces. La primera vez quedé tan impactado - era la librería de libros usados más grande que había visto hasta entonces y eso que había visto otras en esa extraordinaria ciudad- que pensé: "tengo que examinarla con calma". Así que me fui a otro lado, y cuando traté de regresar, me perdí en ese simpático laberinto de chalets de apariencia inofensiva pero llena de historias que es Coyoacán. No podía dejarla. Volví, otro día, era un poco tarde y, tal vez fue mejor porque la tuve enteramente para mí. Y claro, encontré el libro requerido (de hecho dos ejemplares) y bueno, es la única librería en la que he visto que metan una camioneta dentro, como para que se den una idea de su extensión. 


2. Shakespeare and company - París: Poco puedo decir de un lugar del que se ha escrito bastante. De visita obligada para cualquier joyceano que se respete. Mentiría si digo que me parecieron excelentes las ofertas o la atención (cuando entré solo tenía dinero para almorzar el Mcdonald's más barato). Lo que me sobrecogió de esta librería es que es más que eso, su carácter casi divino, como si estuviera nuevamente en Sacre Coeur. Esa sensación de estar en una iglesia donde la gente entra en silencio, está prohibido tomar fotos y casi se puede tocar el amor por la literatura, pisar un suelo donde los que peregrinan hasta allá exudan fe al arte de las palabras. Una experiencia prácticamente religiosa.



1. Merlín - Bogotá: Seguro piensas que exagero, porque solo he ido tres veces pero es la única librería en la que retrocedí a mi infancia y volví a sentir lo mismo que cuando entraba a una juguetería de niño: la magia, la alegría, ese momento en que parecía entrarse a un mundo nuevo y se cruzaban las fronteras entre las realidad y la fantasía. Una auténtica casa tomada de libros, donde hay volúmenes en todas las habitaciones, las escaleras y hasta el baño, existen salas enteras de géneros que ni siquiera se te habían ocurrido, a precios razonables y sabes que puedes obviar el cartel de "prohibido tomar fotos" porque estás como en casa. Una vez le pregunté a un amigo bogotano, que vive lejos del centro, y me dijo que no conocía esta maravilla bibliográfica. Me di cuenta que había encontrado un sitio especial.



Finalmente, supongo que la mejor librería es aquella en la que no tienes que gastar ni un centavo para sentir que eres feliz dentro. O aquella que aún no conozco y está esperando a ser descubierta.
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lunes, 13 de agosto de 2018

Formas de dividir un libro

lunes, 13 de agosto de 2018

2 floritos
Quiérase o no, se necesita orden. En la vida, en la casa, en el trabajo. Este año disfruté mucho La magia del orden de Marie Kondo, un simpático manual para exterminar a los maremagnums del hogar (sí, amigo hipster, se puede disfrutar un libro de autoayuda aunque no le hagas caso a los consejos). 

Como es predecible, en los libros también es importante el orden. No me referiré al orden de una biblioteca y si es una forma sutil de crítica. Yo ordeno por autores, casi siempre, dándoles un sitio de honor en el mejor librero a mis favoritos y colocando a los menos afortunados en unos estantes de fierro medio oxidado. Con algunas excepciones, como los libros de tapa dura, que no se dañan, ni se ensucian las hojas en repisas metálicas, a diferencia de las ediciones rústicas en que el papel entra en contacto directo con la superficie. Para ellas, la eficiencia del melamine se convierte en su más practico hospedaje.



En realidad, estaba pensando más en el orden estructural del libro, la forma en que el autor construye el "esqueleto" de la obra: una de las alternativas del novelista, de las que Ribeyro no discurrió en su artículo del mismo título en La caza sutil, pero no tocó el tema tal vez por falta de orden.

Así como el autor de Los gallinazos sin plumas relata que el escritor debe escoger primero el idioma, luego el lenguaje, el tipo de narrador, la persona gramatical, etc. cuando escribe, me pregunto si además pensará en como dividirá -ordenará- el texto ¿Por capítulos, partes, secciones? ¿Sin necesidad de estos? ¿Cómo serían estas partes?

Parece obvio, pero no lo es tanto. En algunos casos sí, cuando la novela asume ya una forma, por default, por así decirlo. Son los casos de novelas con forma  de diario (como La tregua de Benedetti) o en forma de intercambio epistolar (Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver) o una mezcla de ambos (Drácula). Pero esa ya es una decisión, también.

Una primera opción es simplemente escribir, páginas y páginas, sin ninguna división, como en Jota Erre de William Gaddis. Pero, créanme, es pesadísimo para el lector. Otra es dividirla en partes, aunque no se numeren, a lo García Márquez o Saramago. Ahí es mucho más accesible, o puede ser que se deba a la extraordinaria habilidad de los mencionados maestros.

Por eso lo más común es "repartir" un libro en partes. Pueden ser cantos (como los 24 de la Odisea) o capítulos (como los 24 de Otra vuelta de tuerca). Muchas veces se encabezan con números romanos, aunque claro también con números arábigos que pueden ser escritos en letras, como en algunos libros de Vargas Llosa, o incluso con doble numeración como en 4, 3, 2,1 de Paul Auster. A veces los capítulos tienen cada uno un título como en Redoble por Rancas y en otros casos no, como en varias obras de David Safier. O tienen título pero no número como en Libertad de Jonathan Franzen.

Estas partes o divisiones no necesariamente son arbitrarias o tienen como objetivo solo hacerle más ordenada y fácil la lectura al que está del otro lado, sino que responden a un patrón. Hay libros divididos en estaciones del año como Marcovaldo de Italo Calvino, montos de dinero como en Quien quiere ser millonario, estancias de edificio como La vida, instrucciones de uso, días de la semana como El nombre de la rosa, por entrevistas como en Guerra mundial Z o haciendo combinaciones: por ejemplo Los detectives salvajes tiene partes escritas como diario y otras por testimonios. Y hay infinidad de ejemplos más. El Ulises debe ser el libro en que cada capítulo, al menos en teoría, tiene más significados asignados.

En algunas ocasiones este patrón se va alternando. Son los casos en que, por decir, los capítulos impares corresponden a una parte del relato y los pares a otra. Ejemplo de esto lo encontramos en capítulos divididos por personajes como 1Q84, por ciudades como en Windows of the World de Beigbeder o líneas temporales como en El pez en el agua. Sé que esta última no es una novela, pero su autor suele usar esta técnica.

Pareciera que no eso fuera suficiente, pero para algunos escritores no es suficiente solo dividir una obra en capítulos, sino que se agrega una segunda categoría. Muchos libros se dividen en partes (primera parte, segunda parte, etc.) y luego en capítulos como Expiación de Ian McEwan. Otros a su vez agregan un tercera categoría, que puede estar numerada como en El Anatomista de Federico Andahazi o no estarlo, como en La ciudad y los perros. A veces me he encontrado también con un capítulo dividido en "titulares" como algunos de Las correcciones, La maravillosa vida breve de Oscar Wao o el capítulo VII de la obra más famosa de Joyce. Y el que creo que es el récord de la materia debe ser Graham Greene que en varias de sus obras "filetea" el texto en partes, secciones, libros y capítulos, y hasta más, mezclando números romanos y arábigos.

Más allá de estas múltiples posibilidades, queda pendiente la pregunta de como deben ser cada uno de estos capítulos. Aunque lo parezca, no necesariamente todos tienen la misma extensión o intensidad. Es conocida la anécdota sobre El mundo es ancho y ajeno que, aunque contaba con veinticuatro capítulos, los primeros son más largos y complejos y los últimos se van reduciendo pues, supuestamente, el autor tenía que entregar la obra a un concurso y estaba contra el tiempo.

Aunque normalmente, los capítulos suelen tener una extensión de varias páginas en que se describen escenarios, acciones y personajes, esto no tiene que ser así siempre. Hay libros en los que los capítulos son muy breves, a veces de dos hojas y tan dísimiles como Seda de Baricco o los superventas de Dan Brown.

¿Cuál es el mejor método? No existen reglas al respecto. Creo que si escribo una novela, alguna vez trataré de que los capítulos sean breves porque 1) te hacen sentir que estás avanzando rápido y eso motiva a la gente que siempre está apurada y 2) Te dejan con ganas de más, en la parte más interesante. Me parece que un cliffhanger funciona mejor en un capítulo corto que en uno extenso. Pero ese es otro tema. Es hora de ponerle fin a esta parte, capítulo o lo que sea. Para mantener el orden.
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martes, 7 de agosto de 2018

Mi FIL favorita en mucho tiempo

martes, 7 de agosto de 2018

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En realidad, ya desde hacía un par de años la Feria Internacional del Libro de Lima venía cambiando, aunque no me daba cuenta. Como comenté en 2016, el solo hecho de que venga por primera vez un premio Nobel a una, la hacía diferente. Asumir el reto de hacer algo que implique libros y a que la vez sea popular es difícil en el Perú. Novedades constantes y ventajas de acceso al público son la mejor arma para vencer la resistencia de enfrentarse a la incomodidad de las bulliciosas multitudes y la desgastante rutina repetitiva del mismo lugar, las mismas empresas y a veces hasta los mismos títulos. Este año, sin duda, se logró.

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Desde hace años propuse crear un abono que permita entrar a la Feria todos los días. Y en esta edición, mi clamor fue escuchado y, lo que es mejor, quedó demostrado que era una buena idea. Ojalá que el FanFIL se siga manteniendo ¿Será casualidad que este año es la primera vez que no escucho quejas por el precio de las entradas? Tal vez no. 

El país elegido este año fue España y la exposición "Objetos con historia (s)", una serie de efectos personales de 14 escritores nacionales y extranjeros.

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Sobre los invitados, quizás sea la mejor FIL que recuerde: traer a un escritor de la calidad y prestigio de Jonathan Franzen no es fácil y además estuvieron también Rosa Montero, Ray Loriga, Santiago Posteguillo, Paolo Giordano, Jorge Volpi, Margo Glantz entre otros. Pensar que antes los invitados más renombrados eran Pedro Suárez Vertiz o el Dr. Pérez Albela.

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Si en 2015 se destacaba la llegada de Random House al Perú, ahora no se puede menos que celebrar el regreso de El Aleph, donde suelen están las mejores ofertas y al que se aconseja ir primero.

También hubo otros momentos para recordar como el espontáneo aplauso a Gustavo Gorriti (del que comentamos Sendero); la protesta en la presentación de Gustavo Faverón (del que comentamos El anticuario) y la queja de Marco Avilés (del que comentamos No soy tu cholo) por el retiro intempestivo de su presentación, en la que incluso era ponente un congresista.

He recuperado un poco la fe en la FIL, la cual había ido perdiendo últimamente, Supongo, que habrá que hacer lo mismo con el país. Aunque a los jueces les guste hablar de otros libros.

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viernes, 15 de junio de 2018

¿Pensaban muy distinto Vargas Llosa y Ribeyro?: La llamada de la tribu

viernes, 15 de junio de 2018

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Aunque no soy muy aficionado a los libros de crítica especializada, disfruté El flaco Julio y el escribidor: Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa cara a cara, larga serie de ensayos del español Ángel Esteban, el cual contiene nuevas perspectivas y datos de la obra ribeyriana y además, un interesante análisis y contrapunto con la figura de Vargas Llosa. Si bien por momentos se repite, pues parece una compilación de artículos publicados anteriormente, valió la pena por muchos datos que desconocía. Una idea central del trabajo es la gran diferencia existente entre ambos autores, por lo menos en su estilo de narrar y en su bibliografía en general.

Esta distinción podría ampliarse a su manera de pensar o posición política, en la que, sin duda, existieron discrepancias. Julio Ramón, un poco siguiendo su estilo teñido de escepticismo, nunca escribió una obra orgánica sobre su forma de ver el mundo. Pero tenemos sus Prosas apátridas en el cual encontramos buena parte de su filosofía de vida, por llamarlo de alguna manera.

Mario, por su lado, si ha sido muy enfático en su ideología, la cual es bien conocida, puede definirse como liberalismo y rastrearse a varios autores. Este año ha publicado La llamada de la tribu, conjunto de textos en el cual, a través de las ideas de siete pensadores liberales, refleja sus propias creencias.

Sin embargo, luego de leer los libros mencionados, me quedé pensando que, involuntaria y quizás hasta irónicamente, ambos autores terminaron coincidiendo en algunos puntos, llegando a conclusiones similares, por distintos caminos.



1. Popper y la falta de reglas de la historia

El premio Nobel 2010 refiere, en el capítulo sobre Karl Popper, que para este autor "(...) la historia no tiene orden, lógica, sentido y mucho menos una dirección racional que los sociólogos, economistas o ideólogos podrían detectar por anticipado, científicamente" (p. 174). Aquí se describe el grave error del historicismo. Por eso, afirma Popper, y Vargas Llosa con él: "History has no meaning" (p. 175).

Esto es muy similar a lo que expresa Ribeyro en una de sus prosas apátridas (la 12):

"La historia es un juego cuyas reglas se han extraviado. Filósofos, antropólogos, sociólogos y poIíticos las buscan, cada cual por su lado, de acuerdo a sus intereses o a su temperamento. Pero solo encuentran retazos de ellas (...) Lo terrible sería que después de tantas búsquedas se llegue a la conclusión de que la historia es un juego sin reglas o, lo que sería peor, un juego cuyas reglas se inventan a medida que se juega y que al final son impuestas por el vencedor".

Se advierte como, por dos vías distintas, el liberalismo y el escepticismo, los narradores peruanos obtienen el mismo resultado para determinar su postura frente a las reglas de la historia.

Como precisión, en la cita completa, Ribeyro postula que el marxismo es "una tentativa" de explicación, pero "no la única ni la definitiva". Esta sería una diferencia a lo planteado por Vargas Llosa, aunque este ultimo también confió, en una época, de las bondades de esta doctrina.

2. Raymond Aron y El opio de los intelectuales

Vargas Llosa también relata como Raymond Aron ironizaba sobre ciertos intelectuales que "(...) no habían visto un obrero en su vida, difundiendo el mito del proletariado luchador y revolucionario en países donde la mayoría de los obreros aspiraba a cosas menos trascendentes y más prácticas: tener casa propia, un coche, seguridad social y vacaciones pagadas, es decir, aburguesarse" (p. 215).

Esta ironía es compartida por Ribeyro, en su prosa apátrida 11, en la que relata como se ha encontrado a ese tipo de personajes:

"(...) En los pasillos del metro, el primero de mayo, millares de obreros endomingados, jóvenes y viejos, con sus familias se desbordan alegres, despreocupados, rumbo a la feria de París, al Campo de Marte o al Bois de Boulogne, todos con su ramillete de muguet en la mano. Están felices, han almorzado bien, es su feriado, su festividad. Sentados en el suelo de un corredor, dos estudiantes hirsutos y barbudos con guitarras, cantan un aire marcial y revolucionario, del que sólo percibo al pasar esta estrofa: “Obreros, levanten sus barricadas”. Los proletarios, sin detenerse, les pasar una mirada de reprobación, se sienten chocados, casi ofendidos. Nada más fuera de lugar que esos mozalbetes hablando de barricadas, luchas y conflictos en un día de esparcimiento entre tantos días de trabajo (...)". 

Este desfase entre los que estudian la historia y los que la sufren, este aparentemente insalvable abismo entre la ideología y la realidad es luego desarrollado también por el arequipeño en la sección dedicada a Jean-François Revel.

Pero, además, hay un tópico de Aron que se destaca: el capítulo de El opio de los intelectuales titulado "Hombres de iglesia y hombres de fe" que estudia al comunismo como una religión secular, con sus ortodoxias y heterodoxias, sus sectas, sus desviaciones y su inquisición. En esta parte se justifica los juicios estalinistas "(...) en nombre de la "verdad esencial" de la lucha de clases" (p. 216).

Este paralelismo entre discusiones heréticas pretéritas y políticas presentes también fue esbozado por Ribeyro en su prosa apátrida 132:

"Emerjo de mis lecturas sobre el Jansenismo para hojear los diarios del día y me pregunto qué relación puede haber entre esas querellas teológicas que duraron siglos, imbricándose cada vez más con problemas políticos y económicos y lo que pasa en el mundo actual: Portugal, Angola, Líbano, Argentina, etc. Y me digo que hay un lazo secreto entre las luchas antiguas y las presentes, que estas no son sino la continuación de las pretéritas, bajo diferentes nombres, ideales y pretextos. A priori podrá decirse que los problemas de la gracia, del libre arbitrio, de la predestinación no tienen ahora ninguna vigencia. Pero, ¿la tendrá dentro de algunos siglos conceptos como libre empresa, lucha de clases, sistema parlamentario, medios de producción, elecciones democráticas? Probablemente sí, pero dentro de un contexto tan diferente que habrá que ser adivino para darse cuenta que el combate sigue siendo el mismo". 

Aquí, incluso, el cuentista limeño va más allá y compara los debates teológicos con la ideología de la democracia liberal la cual, aunque predica la tolerancia, tiene también algunos márgenes no negociables. 

3. Isaiah Berlin y las verdades contradictorias

El autor de La casa verde enfatiza que para Berlin es falso que los más nobles ideales que inspiran a la humanidad (justicia, libertad, paz, placer) sean compatibles unos con otros. Por eso, no existe un solo valor que sea el más importante, por eso la existencia de diversos valores no implica la armonía entre ellos (p. 246-249). Tomando en cuenta esto "(...) debemos aceptar la posibilidad del error en nuestras vidas y ser tolerantes para con el de los demás" (p. 250).

Esta apología de la tolerancia con los errores de los demás, pero a un nivel de las relaciones personales más que de las posiciones políticas, fue defendido por el autor de Los gallinazos sin plumas en la prosa apátrida 31:

"No hay que exigir en las personas más de una cualidad. Si les encontramos una debemos ya sentirnos agradecidos y juzgarlas solamente por ella y no por las que les faltan. Es vano exigir que una persona sea simpática y también generosa o que sea inteligente y también alegre o que sea culta y también aseada o que sea hermosa y también leal. Tomemos de ella lo que pueda darnos. Que su cualidad sea el pasaje privilegiado a través del cual nos comunicamos y nos enriquecemos".

Aquí Ribeyro no solo se da cuenta del problema que conlleva que los valores que consideramos importantes puedan ser contradictorios entre sí, sino que además nos da una posible solución a ese dilema: no asumir como primordial un valor sobre otros, sino apreciar el que cada persona tenga.

Parte de la tolerancia es, no solo reconocer que nuestros actos pueden estar equivocados, sino que los valores que defendemos o deseamos encarnar pueden también estar errados. Y, como consecuencia de ello, entender que no se le puede exigir al resto que sigan nuestros valores.

Estas similitudes ¿convierten a Ribeyro en un liberal? En lo absoluto, aunque ya lo quisieran varios de los defensores de estas doctrinas. Pero sí permite descubrir que las ideas liberales son tan amplias que bien uno puede coincidir con algunas de ellas y negar otras. Incluso, alguien podría afirmar que cree en el liberalismo "a su manera". Como con el cristianismo, en suma. 
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miércoles, 6 de junio de 2018

Los errores de la mundialitis: "Camino a Rusia" - Umberto Jara

miércoles, 6 de junio de 2018

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Falta una semana para el esperadísimo Mundial Rusia 2018 y la expectativa se puede casi tocar con las manos, más ahora que, luego de toda una vida, por fin nuestro país clasificó a la máxima competición del fútbol. Han salido tantos libros sobre el tema últimamente que hasta parece oportunismo barato. Este blog no es así, de hecho ya hemos comentado algo sobre fútbol en un mundial anterior, las últimas veces que el mejor equipo nacional salió campeón (en 2009 y 2013), hincha de que equipo eran algunos escritores y hasta en una fecha intrascendente del torneo local). 



De todos los libros publicados este año, sin duda el más popular es Camino a Rusia de Umberto Jara, no solo por ser el primero sino porque era, o al menos se vendía así, el que reflejaba el Zeitgeist del momento, la euforia y la esperanza de treinta millones de personas, sin entrar en estadísticas aburridas, ni explicaciones innecesarias. Era como el Paolo Guerrero de los libros futbolísticos, digamos.

Desconfió de los libros "de actualidad", más todavía tomando en cuenta el paupérrimo nivel del periodismo por estos lares. Sin embargo, debo admitir que tenía grandes ganas de leerlo, sobre todo porque el autor fue director de una revista que, en su época, me encantaba: O11CE. Si ese estilo se mantenía en la obra, sería un golazo. 

Lamentablemente, las expectativas no fueron cumplidas. La campaña de las eliminatorias fue super épica, existían innumerables temas por tocar como los puntos ganados en mesa contra Bolivia, la primera volteada (y victoria) de visita de la historia en Asunción, los empates agónicos contra Venezuela, las desmoralizantes derrotas contra Chile. Sinceramente esperaba un relato, sino partido a partido, por lo menos de los últimos o más importantes. 

De los protagonistas, también hay muy poco. Solo tiene la historia de cinco (Gallese, Araujo, Trauco, Cueva y, por supuesto, Gareca) que es la parte más entretenida del texto, el cual se dedica en buena parte de sus páginas al uso de la tecnología en el fútbol. En todo el libro prácticamente no hay anécdotas, ni mucho humor.

Además tiene varios errores, lo que es curioso porque se supone que el autor tiene un "equipo de investigación". Aquí algunas de las erratas:

página 51: Dice que en la Copa América 2015, el Perú tuvo "seis partidos jugados, tres triunfos, un empate y apenas una derrota". No sé a ustedes, pero a mí me suma 5. Obvio que fueron dos derrotas.

página 53: "Aquella Copa América culminó el 4 de julio de 2015, la selección fue recibida con satisfacción y aplausos. Pasaron varios meses sin competencia y la siguiente convocatoria se dio en marzo de 2016". ¿Ah? Pero si la siguiente convocatoria fue a los 3 meses, para los partidos ante Colombia y Chile y de ahí hubo otra, también en 2015, para los partidos ante Paraguay y Brasil.

página 96: Sobre Perú en las anteriores eliminatorias: "Japón-Corea 2002: antepenúltimo con 16 puntos (técnico Julio César Uribe); Alemania 2006: penúltimo con 18 puntos (técnicos Paulo Autori y Fredy Ternero)". En 2002, el popular Jeta Jeta no fue el único técnico, de hecho el primigenio fue Pacho Maturana. Además el nombre del Mundial es Corea-Japón y no al revés. El nombre de Ternero es "Freddy" con doble "d".

página 105: "se obtuvieron, en 2017, 16 puntos en partidos por eliminatorias, 10 de ellos como locales y 6 como visitantes que, sumados a los 11 logrados en 2016, dieron los 26 puntos clasificatorios". Más allá de que no le sale la suma (16+11 no es 26), los datos también están errados: fueron 11 puntos en 2016 y 12 en 2017.


¿Será que la gente se ha emocionado tanto que no se da cuenta de nada? ¿Que exijo mucho a un libro de fútbol?  ¿Soy antipatriota? ¿Perú jugará la final contra Alemania? No sé, pero a mí no me convencen tan fácil. Ojalá que la decepción se me pase viendo a la blanquirroja. Aunque lo mejor es nunca ilusionarse en demasía. Ni con los libros, ni con el fútbol.
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