lunes, 2 de marzo de 2015

Esa pesada mochila...

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Lo malo de tener un blog es que te quita tiempo para leer. Al igual que el colegio que, además, te puede quitar hasta las ganas. Todos hemos pasado por eso. La falta de comprensión lectora e interés en una forma clave de aprendizaje como la lectura es una carga pesada en la educación nacional, como esas mochilas gigantes que le malogran la postura a los chibolos.

Y aunque suele culparse a la escuela de ser una de las causantes del escaso interés en la literatura, no debe olvidarse que en muchas ocasiones, contadas sí, sucede todo lo contrario. De hecho, eso ocurrió en el caso de escritores canónicos para el Perú.

El primer caso es el de Ciro Alegría, que tuvo en César Vallejo un maestro de escuela que supo guiarlo por sus primeros recorridos en el mundo de las letras y que le dejó una huella imborrable, como desarrollamos largo y tendido en este post.

El segundo caso es el de Jorge Eduardo Eielson, que gozó de la suerte de contar como docente a José María Arguedas, uno de los narradores más renombrados en de la literatura peruana, como también les contamos en este post.

El tercer caso es el de Mario Vargas Llosa que en sus sórdidos años en el Leoncio Prado conoció, aunque no supo valorar hasta años más tarde, que su profesor de la secundaria era uno de los más grandes exponentes de la poesía peruana: César Moro, como relatamos en este post.

El cuarto caso lo comentaremos, tal vez, la próxima semana.

Debe ser por eso que, quizás, la escuela y la adolescencia tienen una presencia tan fuerte en la literatura peruana (como también lo comentábamos en este post). Sabiendo esto, lo que se lea en los colegios puede ser clave para el desarrollo, la curiosidad o el interés en los libros que puede tener cualquier persona. De hecho, puede ser la única vez que alguien lea literatura en su vida (aunque sea contra su voluntad).

Precisamente por eso, debe intentarse brindar la mayor cantidad de opciones a los critters (y no tan chicos) para que elijan algo que más o menos les motive. No está mal mandar leer "clásicos universales" como Corazón o La metamorfosis; o peruanos como La serpiente de oro, Conversación en La Catedral, Todas las sangres o incluso Trece mentiras cortas. Pero con límites porque, en medio de intereses comerciales de editoriales o simple improvisación de los responsables, hay Planes Lectores bien, pero bien maleados. Y esa es una mochila que no te deformará la columna, pero si la mente.
 
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lunes, 23 de febrero de 2015

De noche andamos en círculos - Daniel Alarcón

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Si en el 2013 Contarlo todo, fue la novela peruana más comentada, en el 2014, esa publicidad se la hubiera merecido De noche andamos en círculos de Daniel Alarcón.

De noche andamos en círculos es una mezcla de crónica y novela con tintes de road movie, lo que no nos debe sorprender, pues el mix de géneros es algo que le gusta al autor, como lo dijo en nuestra entrevista.

Al ser la crónica de una historia que llegó a las manos de alguien, así como Memorias de una dama de Roncagliolo, se lo podría colgar esa frase de algunos posters de películas: "Basada en hechos reales". Esa inspiración surgida de personas y sucesos verdaderos, puede ser tal vez algo que le ha dado a la novela ese carácter convincente, pues existe mucha verosimilitud en su ficción.

Alguien podría pensar "¿otra vez una historia sobre la violencia política?" No es así. En esta obra el tema del conflicto armado interno es solo tangencial, como un decorado, porque el principal conflicto es el interno de los personajes.

En Los provincianos, la novela anterior del autor, Nelson es un actor que trabaja sacando fotocopias, que espera viajar a Estados Unidos como su hermano Francisco. Inicia un viaje a provincias acompañando de su padre, un viaje en el que aprende cosas, surgen revelaciones y tiene que interpretar un papel.

En De noche andamos en círculos, es exactamente igual solo que esta vez irá de de viaje a provincias, acompañando de una figura paternal: Henry Núñez, el mítico fundador del grupo teatral Diciembre, y de su amigo Patalargam en el que interpretarán la obra titulada "El presidente idiota" (mismo título de uno de los cuentos del autor de su libro El rey está por encima del pueblo). Un viaje en el que también hay aprendizaje y revelaciones, pero tendrá que interpretar un papel más difícil. 

No es casualidad que ni a Henry, ni a Patalarga, ni a Nelson le va bien en su situación sentimental. Tampoco en sus carreras. Ese fracaso es quizás algo que los acerque y el largo recorrido los ayude a crear una especie de intimidad o complicidad, pero difusa, ambigua en constante cambio, como los continuos cambios de tiempo de la novela (tanto de la narración de los hechos, como del proceso de investigación de éstos pues el narrador nos cuenta también algunos detalles de su investigación).

En Los provincianos, en las primeras página presenciamos una pelea entre dos mototaxistas, que Nelson toma como un acto, como una escena y es así como Nelson entiende su vida y el mundo. Nelson nació para actor porque es la única forma que tiene de interpretar (y olvidarse) de la realidad, haciéndola apoyarse en la ficción mezclando ambos planos y actuando fuera de las tablas con los pies bien plantados en el suelo, como lo hizo en Los provincianos y también en De noche..., particularmente una escena que nos hizo acordar un poco a "La salud de los enfermos" de Cortázar.

Es una historia de pérdida, de destrucción, de descenso a un situación cada vez peor: como puede dañarse una familia, una relación, una vocación, un proyecto o una vida hasta hacerse totalmente irreconocible. Y le encuentro algo de parecido a Nelson con el Luder de Los geniecillos dominicales; un protagonista que puede estar en un cine porno, en una cantina, en su centro de estudios, en un trabajo alienante, en un pueblito de provincia o simplemente frente al mar, pero por más que cambie de locación la sensación es la misma: no tiene idea qué hacer con su vida.

Lo más importante es que es una novela que te deja enganchado, en la que uno sufre pero también se divierte con los personajes, a los que llega a sentir cercanos y casi de carne y hueso. En resumen, De noche andamos en círculos es, de lejos, lo mejor que ha escrito Alarcón.

Si quieren una reseña con haaaaartos spoilers, pueden leerla en La Mula.
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lunes, 16 de febrero de 2015

Alabardas - José Saramago

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Hay libros que compramos porque son bonitos. Claro, también para leerlos, pero como hemos mencionado varias veces, comprar un libro no necesariamente implica leerlo. Por ejemplo Finnegans Wake, que nunca sabré para que me la compré. De cierta forma, por su particular edición, Alabardas (2014) es casi un (libro) objeto, casi un recuerdo o un testamento para su autor. Pero también algo más.



Habíamos comentado que las últimas novelas que escribió Saramago, El viaje del elefante (2008) y Caín (2009), no fueron de sus mejores obras. Pero en el caso de Alabardas, creo que es (o hubiera sido) diferente. 

El portugués, como punto de partida de varias de sus obras, parece haberse hecho varias preguntas (y nosotros con él): ¿Qué pasaría si en una ciudad todos se vuelven ciegos? ¿O si todos votan en blanco? ¿O si desaparece la muerte? ¿O si aparece una persona idéntica a otra? Esta vez la pregunta es ¿Por qué nunca hay huelgas en las fábricas de armas? ¿Qué pasaría si un trabajador decide oponerse a este negocio de muerte? 

Y así, como Tertuliano Máximo Afonso en El hombre duplicado, que viendo la película "Quién no se amaña no se apaña" tiene una revelación o epifanía (la existencia de su doble idéntico), en Alabardas al protagonista Artur Paz Semedo le sucede algo similar mientras ve la película "Espoir" (o Sierra de Teruel en español) de André Malraux.

Lamentablemente, la novela solo tiene tres capítulos, pero en ellos ya se delinea con habilidad la estructura y los personajes. Además, se aprecian muchas de sus marcas registradas, las largas frases, la fina ironía, el cuidado del lenguaje, un protagonista solitario (se había separado de su mujer Felícita que, al igual que en otras novelas del portugués es la reserva moral en la historia).

Hay libros que nos apena que se acaben, este me apena que que no se acabe. Si bien hay muchos obras que quedaron incompletas, como El proceso de Kafka o Lamiel de Stendhal; esas novelas ya estaban bastante avanzadas hasta su interrupción. En el caso de Alabardas, es mucho más breve y debe ser por eso que nos deja con más ganas de saber que hubiera pasado.

Nos quedará la duda si el protagonista en un acto de rebeldía, renunciaría o se opondría a los designios de su centro de trabajo, un poco en la onda del personaje de Historia del Cerco de Lisboa o de Todos los nombres.

Es un libro sobre la muerte y escrito contra la muerte, en los últimos meses de vida del Premio Nobel 1998. La edición incluye un mini-diario de sus apuntes sobre la obra. Con los dibujos del Premio Nobel del año siguiente, Gunther Grass. Y sí, de haberse terminado hubiera sido mucho mejor que sus dos libros anteriores.

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jueves, 12 de febrero de 2015

Por el Día de San Valentín: Las 5 mejores parejas literarias

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Ya casi es 14 de febrero y te han choteado todas las personas a las que has invitado. Aquí hay algunas sugerencias para que lo superes. ¿Crees que tienes mala suerte? You have no idea. 

Pero al menos puedes tener una idea de que hay más parejas además de Ron y Hermione y que existen libros que no se vuelven películas. Para que seas un poco menos pulpín, traje este super especial con un ranking de cinco de las más memorables parejas de la literatura.



1. Claudia y Hans - La montaña mágica.

El amor en medio de una enfermedad incurable. ¿Bajo la misma estrella? Este tiene unas cuantas páginas más. Vivir encerrado en un sanatorio para enfermos de tuberculosis (en esa época no habían tratamientos efectivos) en lo alto de una desolada montaña no parece la mejor situación para que dos personas se enamoren. 

En la obra maestra de Thomas Mann, Hans Castorp luego 
de haber mirado de lejos durante meses a Claudia Chauchat se acerca con el viejo truco de pedirle prestado un lápiz (?), aprovecha para conversar con ella, entre tragos y música, y termina declarándose casi de rodillas y recibiendo una buena dosis de burlas de parte de su musa, en un diálogo muy gracioso. Aunque después, las cosas cambian. Y, claro, nada más romántico que leer como intercambian radiografías de su enfermedad como recuerdo.

"Oh, el amor no es nada si no es locura, una cosa insensata, prohibida y una aventura en el mal. Si no es así, es una banalidad agradable, buena para hacer cancioncitas tranquilas en las llanuras" (Capítulo Quinto, Noche de Walpurgis)

2. Julia y Winston - 1984

Si piensas que el amor prohibido e incomprendido es algo
como Crepúsculo, no has leído la novela de George Orwell. Este libro, normalmente recordado por el clima opresivo y cruel de una sociedad distópica (¿Los juegos del hambre? ¿Divergente? bitch, please) tiene cantidad de escenas y diálogos extraordinarios, pero la relación entre Winston Smith y Julia es una de los mejores partes de la novela. 

Qué genial es su primera cita. En un claro en el bosque, riéndose de los poderosos, de la policía y de sus micrófonos, compartiendo una simple tableta de chocolate que sabe a gloria y haciendo el amor entre pajaritos y flores.

Un romance muy difícil, en que las esperas se hacen eternas, en que hay que evitar a los miembros del Partido y a los esbirros del Gran Hermano, solo pudiendo verse en la calle, apurados, cambiando de lugar siempre. Y créeme, este libro tiene algunas escenas de tortura más hardcore que Cincuenta sombras de Grey. Tienes que leer el final...

- ¿Quieres creer - dijo - que hasta este momento no sabía de qué color tienes los ojos?- Eran castaños, bastante claros, con pestañas negras -. Ahora que me has visto a plenaluz y cara a cara, ¿puedes soportar mi presencia?
- Sí, bastante bien.
- Tengo treinta y nueve años. Estoy casado y no me puedo librar de mi mujer. Tengo várices y cinco dientes postizos.
- Todo eso no me importa en absoluto - dijo la muchacha. (Segunda parte, Capítulo II)

3. Alejandra y Martín - Sobre héroes y tumbas

El amor atormentado, versión Sábato y más extremo que en
El Túnel. Este debe ser uno de los casos más heavy de amigos cariñosos. La eterna inseguridad y los celos enfermizos de él (celoso de Marcos, de Juan Carlos, de Fernando, sí, Alejandra era medio candy), los demonios y el cinismo de ella, suicidios y amenazas de suicidio. Peleas en cada capítulo, y acordar "no verse más" (para volver a hacerlo al día siguiente).

Es desesperante como no pueden ser felices a pesar de sus esfuerzos y ver siempre a Martín con la esperanza de un encuentro, una llamada telefónica, para que luego termine llorando a cada rato. 

"¿Qué te sucede? —preguntó ella con violencia, porque intuía que Martín se sentía agraviadopor alguna cosa que había pasado. Y eso la enardecía porque, como varias veces se lo repitió, él no tenía ningún derecho sobre ella, nada le había prometido y en nada por lo tanto le debía explicaciones. Sobre todo ahora, en que habían decidido terminar. Martín negó conla cabeza, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—Decime qué te pasa —le dijo ella, sacudiéndolo de los brazos. Esperó unos instantessin dejar de mirarlo a los ojos.
—Sólo quiero saber una cosa, Alejandra: quiero saber quién es Fernando." (Segunda parte, capítulo XXIV)

4. Lidia y Ricardo - El año de la muerte de Ricardo Reis

En realidad podrían ser varias parejas de Saramago, por
ejemplo el viejo y la mujer de las gafas oscuras en Ensayo sobre la ceguera, Don José y la mujer desconocida en Todos los nombres o Tertuliano que terminó dobleteando (nunca mejor dicho) en El hombre duplicado. Los personajes solitarios en sus novelas suelen terminar conociendo el amor, o algo así.

En El año de la muerte de Ricardo Reis, el protagonista del mismo nombre es un poeta dizque médico bueno para nada que se la pasa leyendo y sonseando en un hotel donde conoce a una de las empleadas, Lidia, que le limpia, le tiende la cama, y se la destiende también (una especie de "pensión Soto"). Pero Ricardo nunca la toma en serio y encima a la vez invita a salir a Marcenda, otra chica mas (era un maestro). A pesar de eso Lidia siempre se conforma, y le ofrece su amor sencillo  sacrificado, aunque en la ¿relación? luego pasan varias cosas. Moraleja: chicas, no salgan con heterónimos.

"oh Dios mío, hablará, no hablará, quizá no diga nada, quizá me toque sólo el brazo como el otro día, y si lo hace qué voy a hacer yo, otras veces otros huéspedes me pusieron a prueba, por dos veces cedí, porque, por ser esta vida tan triste, Lidia, dijo Ricardo Reis, ella dejó la bandeja, levantó los ojos asustados, quiso decir Señor doctor, pero la voz quedó prendida en su garganta, y él no tuvo valor, repitió, Lidia, luego, casi con un murmullo, atrozmente trivial, seductor ridículo, Es usted muy guapa, y se quedó mirándola sólo un segundo, no aguantó más que un segundo, se volvió de espaldas, hay momentos en que sería mejor morirse"

5. Marijana y Paul - Hombre lento

En la novela de Coetzee, Paul Rayment, es un anciano que
sufre un accidente y pierde una pierna (esto pasa en el primer capítulo así que no estoy spoileando nada). Ante esto, contrata a una enfermera para que lo atienda (Marijana Jókic) y se produce un síndrome de Florence Nightingale pero al revés.

La situación es ridícula: Paul es un anciano lisiado sin mucho que ofrecer y Marijana es joven y activa (además de casada y con hijos) Y Paul es consciente de su situación y de que se va a ganar la friendzoneada más grande de la historia. Pero a pesar de eso no puede olvidar sus sentimientos y esa sencillez en algo sin esperanza me pareció algo conmovedor y hermoso, además que mantiene el interés en la historia.

- Usted debe saberlo, Marijana-susurra él. Tiene la boca seca, siente latir su corazón, todo tan emocionante y tan horrible como cuando tenía dieciséis años- Una mujer siempre lo sabe.(...)
- Venga- dice Marijana- Dígamelo.
- La amo. Eso es todo. La amo y quiero darle algo, Déjeme. (capítulo 12)

¿Cuáles más se te ocurren?
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lunes, 9 de febrero de 2015

My Bloody Valentine

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Este sábado es el Día de San Valentín, conocido también como el Día de los Enamorados o San Trampín. Y desde este humilde espacio queremos ayudarlos a superar esas dudas que ustedes, queridos forever alone, deben estar teniendo al acercarse la fatídica fecha.

Todos tiene su propia visión del 14 de febrero (a algunos les parece un estupidez, a otros les es indiferente, etc.), como todos tienen su propia visión del amor. Es cierto que es un día asquerosamente comercial, plagado de tarjetas, corazones rojos, flores, etc., pero también lo es el Día de la Madre (lo que también fue motivo de un post) y que yo recuerde, nadie se queja.

Pareciera que este tipo de celebraciones están radicalmente alejadas del goce de la lectura y hasta son incompatibles: una de las pocas cosas que no se puede hacer bien en pareja es leer un libro juntos a la vez, no es nada cómodo (a menos que seas un capo como Lennon, claro).



Paradójicamente, aunque parezca difícil de creer, los libros parecieron tener cierto grado de culpa en la aparición de esta celebración. Así, para algunos todo empezó con una poesía que escribió Carlos Duque de Orleáns y para otros fue un poema de Geoffrey Chaucer donde aparece la primera referencia al tema.

¿Qué se puede hacer ese día? Hay de todo. Desde firma de libros del archiromantiquisímo Federico Moccia hasta fiestas Anti San Valentín en una biblioteca (?). La Casa de la Literatura Peruana, como el año pasado, también ha organizado una actividad ese día, por si tienes un poema, pero no tienes a quién recitárselo.

En todo caso, a falta de planes, siempre hay un libro que puede hacer que te olvides de buscar un regalo o de buscar a alguien a quién regalarlo. Hay tantas sugerencias y listas de los mejores libros para regalar por San Valentín (como las que pueden ver acá) que me abstendré de hacer una más. Aunque debo reconocer que algunas sugerencias, como ésta, son algo raras: ¿Regalarle 50 sombras de Gray a tu pareja no es un poco hardcore? Y no entiendo como aquí recomiendan El héroe discreto ¿Alguien sería tan desabrido de obsequiarlo? (no está ni entre las diez mejores de MVLL) Travesuras de la niña mala, todavía pasa. En fin.

Sin embargo, tampoco es necesario gastar dinero y como mencionamos antes, comprar un libro es muy distinto a leerlo. Y la idea no es cambiar el consumismo desenfrenado de rosas y chocolates por el de gruesos volúmenes para pasarla bien ese día (o hacernos olvidar que nadie nos da bola). 

Aunque, es sabido lo difícil que es recomendar libros, si te gusta lo "romántico" existen muchas grandes parejas literarias y escenas de amor memorables. Cuando hablo de parejas literarias no me refiero a parejas como Simone de Beauvoir y Sartre o Paul Auster y su esposa que no recuerdo su nombre, sino a parejas de ficción, obviously.

Hay varios rankings sobre esto, pero no quiero caer en los nombres clásicos: Romeo y Julieta, algo de Jane Austen, García Márquez o Tokio Blues. Y menos en la "literatura juvenil" o romántica como Bajo la misma estrella, Sagas vampíricas, Divergente o Los Juegos del Hambre que monopolizan casi todos los recuentos que he encontrado (solo coloquen "parejas literarias" en el buscador de su preferencia y verán de qué les hablo). Pero este post se está haciendo muy largo y ya haré mi top de escenas de amor y parejas un día de estos.
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lunes, 2 de febrero de 2015

Viajar libros (10): México D. F. (2)

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"México, para intentar  comprenderlo –porque es imposible hacerlo- hay que verlo. Para el caso de Nueva York o de París o de Londres, incluso las simplificaciones del Hollywood más ingenuo y banal te alcanzan para darte una noción de estas ciudades. No para el D.F."

Regresé al DF. Camino por el Centro Histérico. Ahora estoy en el Zócalo y voy en dirección a la Alameda Central. Paso por la Cámara de Diputados o algo así. Encuentro cerca este cartelito:


Pero estaba pensando más en otra novela de Carlos Fuentes y en otro lugar: Donceles 815, la dirección de la casona de Aura, que aparece en el primer párrafo de su celebre novela. No encontré la casona o, mejor dicho sí lo hice pero de otra forma: encontré una librería llamada precisamente "La casona de Aura", una de las más grandes librerías de viejo que he visto. Al costado había otra con un nombre digno de un bar: "La última y nos vamos".  







En realidad, hay muchísimas librerías más en toda la zona del Centro, fácil unas 20, principalmente en esa calle. ¿Donceles=Quilca? Puede ser, pero en ninguno de los locales encontré los libros que me habían encargado y que tampoco encontré en la FIL Guadalajara: uno era un libro en inglés y el otro una primera (y única edición) nunca reeditada.

Giré a la derecha cerca del Correo Postal y llego al pasaje Condesa, donde se encuentra la gente de Libros rodantes. Muy buenas ofertas, libros de todo tipo, incluso Anagrama o Mondadori a precios muy baratos. Pero tampoco encontré lo que estaba buscando. 



Tampoco los encontré en las sucursales de El sótano, Gandhi o Porrúa de la Avenida Juárez frente a la Alameda Central. Incluso encontré la galería de cómics más grande que he visto, pero de los encargos nada. Cansado y frustrado me senté frente al Palacio de las Bellas Artes. 


Al día, siguiente traté de despejarme un poco, en el Bosque de Chapultepec. Nada mejor que visitar el zoológico gratuito, ver al oso panda y caminar cerca de las lagunas para no tener que pensar en libros, ni encargos.



Lo curioso es que incluso en el parque también hay librerías. Y en el Museo de Antropología ver los antiguos códices mayas y aztecas me hizo pensar de nuevo en mis encargos.
En México, la cantidad de libros es asfixiante, creo que nunca había visto un lugar donde puedas encontrar tantos.




La tercera es la vencida así que fui a Coyoacán. Entré a otra sucursal de Gandhi (debe haber más Gandhis que Mcdonalds en el DF) y encontré que tenían hasta el 80% de descuento. Y mejor aún, encontré uno de los libros que me encargaron. 


Caminando sin rumbo llegué hasta la librería de viejo más alucinante que he visto en mi vida, mejor que cualquiera de las de Donceles: la librería Las Tres Cruces. Y no defraudó: encontré el otro libro que me habían encargado.





Habían motivos para celebrar y por Coyoacán sobran. Me hizo acordar a Barranco, por la plaza, los bares, la honda hipster. Debe ser por eso que ahí vivió Frida Kahlo y murió Trotsky. Y también Octavio Paz dirigió su revista Vuelta.


Era de noche, cuando estaba por regresarme y, cerca de la Avenida Quevedo, por el Jardín de La Bombilla, encontré frente al parque (¡qué novedad!) varios puestos ambulantes de libros. Casi no me acerco, total, ya había cumplido los encargos. Y ahí estaban, uno junto a otro Memorial del convento y Lucien Leuwen, dos libros que vengo buscando hace ¿cinco? ¿siete años?. Como si me hubieran estado esperando toda la vida. Naturalmente, no dejé que se me note la emoción y apliqué los tips para comprar libros. Precio regalado.


Regresé tranquilo a casa.

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lunes, 26 de enero de 2015

Viajar libros (9): La Feria Internacional del Libro de Guadalajara

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Creo que he visto pocos paisajes tan lindos como los enormes bosques que se ven al salir del DF por la autopista que va rumbo a Toluca. Alucinante. Lástima que, según las noticias, talarán más de 37 mil árboles en esa zona. Luego, salimos del Estado de México, y cruzamos Michoacán, pasando por Morelia. No es tan peligroso como dicen o al menos no lo fue para nosotros (felizmente).  Luego de eso, y de cruzar algunos interminables lagos al lado de la carretera, seguir por el estado de Jalisco hasta llegar a su capital: Guadalajara.



La FIL de Guadalajara es impresionante, un lugar por el que
vale la pena pagar entrada. Felizmente no tuvimos que hacerlo porque conseguimos esos pases para entrar gratis todos los días. Algunos días la feria abre recién a las 5 de la tarde al público en general, pero con el pase puedes entrar desde las 9am. Así que, pude visitar los stands sin sufrir las aglomeraciones que suelen ocurrir en este tipo de eventos.

El primer día fue de exploración. Debe ser unas cuatro veces más grande que la FIL a la que estoy acostumbrado. Muchos stands nuevos para mí. Random House, los de Harvard y Columbia, Porrúa. Un generoso stand de Tusquets. Varios lugares de libros antiguos. El lindo módulo del país invitado, Argentina. Una amplia sección sólo de libro electrónico. 








Y hasta hay lugares para echarse a leer:



Pero lo mejor es la gran cantidad de actividades que hay. El segundo día no sabía si ir a ver a Ken Follet, el homenaje por los 100 años de Octavio Paz, la presentación Alabardas, el último libro de Saramago presentado por su viuda o a Rodrigo Fresán presentando también su más reciente obra, La parte inventada. Todos eran más o menos a la misma hora, así que ya se imaginarán.

El tercer día estuvo copado por las protestas por la masacre de 43 estudiantes en Ayotzinapa, tragedia que seguía ocupando las primeras planas, incluso el día de la muerte de Chespirito. En general, la feria tiene bastante cobertura de medios.





La policía cercó las inmediaciones de la FIL desde temprano y no precisamente con ánimo lector. Las protestas paralizaron el tráfico y duraron hasta la noche


A diferencia de los otros días, no fue el mejor momento para pasear, así que aproveché para hacer las respectivas compras. Libros que casi no encuentro en Quilca como 1984, El maestro y Margarita o Esperanto, a precios bastante razonables. Sin contar la gran cantidad de libros que te regalan, yo me traje como veinte (no se preocupen, los venderé barato).

El cuarto día dudaba si ver a Arturo Pérez Reverte o el conversatorio de Borges realizado por María Kodama. No recuerdo si ese día fue el Homenaje por los 100 años de Bioy Casares. Si recuerdo que la presentación más llena fue la del nuevo libro de Oppenheimer. No solo no se podía entrar, sino que ni siquiera se alcanzaba a ver la gigantesca pantalla que retransmitía la charla por el gentío.



El quinto día fui a la Exposición por los 100 años de Julio Cortázar, en el local de la Universidad de Guadalajara. Pude ver varias fotos del maestro, todas sus primeras ediciones e incluso varias de las películas basadas en sus libros. 











Aunque parezca increíble, los días siguientes traté  de encontrar unos libros que me habían encargado,  ambos bastante disímiles: un texto en inglés y una primera (y única) edición, nunca reeditada. No los encontraba en ningún stand. Probablemente mis solicitantes no me iban a creer si les digo que a pesar de estar en la feria del libro más grande en español del continente, con casi dos mil editoriales de 43 países, no pude ubicar sus pedidos. Pero en serio, nadie los vende.





Pero más increíble, me pareció ver como Promperú, con el dinero de todos nosotros, presentaba el libro de Mónica Cabrejos, la cual estuvo representando al Perú en la referida Feria. Nadie duda de sus altas cualidades pero, solo por curiosidad ¿no habrá gente con más trayectoria o experiencia al respecto? Digo, nomás, porque en general el stand de la Marca Perú estaba bieeeeen tela.

Pero bueno, peores cosas pasan. Así que preferí por un momento olvidarme de los libros no encontrados, de la suerte de los "famosos", de los desaparecidos. Y que mejor forma para olvidar que que tomarse unos tequilas en la misma fábrica de José Cuervo.



Próxima parada: Coyoacán, Chapultepec, el centro histórico...

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