lunes, 27 de julio de 2015

¿Qué libros recomendarías para conocer más al Perú?

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Para conocer un país, o quizás el mundo, probablemente solo haya dos opciones: viajarlo o leerlo. O ambos. El Perú tiene muchos lugares hermosos como el Cuzco, Abancay, las playas del norte o Arequipa

Pero si nos preguntarían que libros le recomendarías a un extranjero (e incluso a un peruano) para que conozca más este país, las sugerencias, para hacerlo más sencillo, serían solo tres:

Vargas Llosa y el Premio Nobel que dedicó a su país: “Yo soy el Perú”

1. Conversación en La Catedral - Mario Vargas Llosa: Nos guste o no, el Premio Nobel 2010 es una de las cosas que más conocen de nuestro país en el exterior y es altamente probable que alguien interesado en la literatura peruana, empiece por este autor. Aunque La ciudad y los perros o La casa verde también podrían ser una buena opción, el que muestra un panorama más completo de estas tierras, es quizás también su obra más compleja.

"¿En qué momento se jodió el Perú?" es una de sus frases iniciales y que todo peruano ha escuchado alguna vez.  En esta obra se encuentra toda la nación: la costa, la sierra, la selva, militares, estudiantes, prostitutas, pobreza, falta de trabajo, desigualdad, tráfico, lustrabotas, perros callejeros, partidos del "Muni", crímenes, accidentes de auto, chantajes, hospitales, drogas. Todo.

2. Todas las Sangres - José María Arguedas: Mucho se ha dicho que el Perú es un país de "todas las sangres". A pesar de eso, el mundo andino sigue siendo poco conocido para muchos de nosotros y esta novela es una excelente forma de tratar de acceder un poco a él.

Luego de medio siglo de publicación, parece más actual que nunca, al reflejar el conflicto entre campesinos y una gran empresa minera, el del capital extranjero vs. el nacional, además de la tremenda desigualdad social y desconocimiento que existe en el Ande. En realidad, muchas otras obras de Arguedas podrían servir para adentrarnos en nuestra cultura originaria, como Yawar Fiesta, Los ríos profundos o varios de sus cuentos. Pero Todas las sangres debe ser la más completa.

3. La palabra del mudo - Julio Ramón Ribeyro: Creo que no conozco a nadie que haya leído cuentos de Ribeyro y no le hayan gustado. Más allá de eso, sus relatos nos muestran de manera breve, una mirada íntima a la desolación de la clase media, al fracaso, a la soledad de la ciudad. Y no solo nos muestran eso en Lima, sino también en otras partes del país. Incluso, uno de sus mejores libros es Tres historias sublevantes en el cual cada uno de los relatos corresponde a las regiones del Perú: Costa, Sierra y Selva.

Vargas Llosa afirmaba en un carta que "Todos sus cuentos y novelas son fragmentos de una sola alegoría sobre la frustración fundamental de ser peruano: frustración social, individual, cultural, psicológica y sexual".

Existen otros dos libros muy importantes para el país: Comentarios reales de los Incas de Garcilaso y Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma. ¿Qué otro libro agregarían?

¡Felices Fiestas Patrias!
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lunes, 20 de julio de 2015

5 presentaciones a las que ir en la #FilLima2015

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Es un poco pesado leerse todo el programa de la Feria Internacional del Libro de Lima para buscar las actividades y presentaciones más interesantes. Pero bueno, ya lo hicimos, así que para evitar que ustedes lo tengan que hacer nuevamente, les comento 5 presentaciones que me llaman la atención de esta #FilLima2015:


1. Mesa redonda Renovación de la Ley del Libro (Viernes 24, 20:00 - Sala José María Arguedas): Después que Vargas Llosa choteó a Luciana León el día de una firma de autógrafos en Larcomar, porque ella le pidió apoyo por el tema de la Ley del Libro, el debate  no parece haber avanzado mucho. Han pasado 10 años desde que se promulgó la norma y es momento del balance para decidir si este régimen debe continuar o no.

2. Presentación de libros de Vallejo y Arguedas en braille (Sábado 25, 15.00 - Sala Eielson): Hay tan pocos libros en braille en el Perú, que este tipo de iniciativas en beneficio de gente con discapacidad visual, son de las que más se necesitan. Quizás algún día los principales autores peruanos puedan estar disponibles en este sistema. Como lo dijimos antes, la falta de visión no es excusa para no poder disfrutar de la buena literatura.

3. El Mox en la FIL (Sábado 25, 18:00 - Sala César Vallejo): El popular Mox de What da faq show, debuta como escritor presentando su libro titulado "Historia del Internet según el Mox", todo un hito en lo que a libros (que provienen del mundo virtual) se refiere. Aunque ya existen algunos precedentes, como el libros del blog de Claudia Ulloa, Séptima madrugada, esto es algo completamente diferente. Y si no lo sabes... ahora lo sabes!!!

4. Presentación de Marginalias de Carlos Yushimito (Domingo 26, 19:00 - Sala José María Arguedas): El año pasado me perdí la presentación de Los bosques tienen sus propias puertas. Este año no pasará. Y es mejor que este tipo de eventos se den en la FIL y no solo en una librería, porque estamos hablando de una los mejores exponentes jóvenes de la literatura peruana actual. Participan Victor Ruiz y Juan Pablo Mejía.

5. Mesa redonda Booktubers en Perú (Martes 29, 16:00 - Sala Blanca Varela): El boom de las video-reseñas en Youtube ya no es nada nuevo. Pero es interesante que se siga consolidando como una alternativa en la difusión de libros, aunque parezca paradójico que la mejor forma de incentivar la lectura sea con medios audiovisuales.
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lunes, 13 de julio de 2015

10 consejos/recomendaciones para ir a la FIL

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Encuentre las siete diferencias:


Sí, hasta el slogan es el mismo del año pasado ("Leer está en tus manos"). Lo bueno de tener una Feria del Libro tan predecible como la de Lima, es que uno no necesita ni siquiera ir para más o menos imaginar y pronosticar, con bastante acierto, que es lo que hallará. Y como procastinando en una página bastante penosa como peru.com, encontré un "artículo" con 4 cosas que debes tener en cuenta para ir a la FIL (básicamente el mismo artículo del año pasado, aunque antes eran solo 3 cosas), pensé que también podría yo mandarme con algunos tips para pasarla bien en el tradicional evento. Total, ya son casi diez años yendo y como la página oficial no tiene el programa ni la lista de expositores, a pesar que ya empieza en cuatro días (este viernes 17) habrá que hacer algo ¿no?

1. Hay que ir el primer día, máximo el segundo. Hay ofertas que solo duran o se encuentran los primeros días. A veces los expositores recién están instalando los stands y como andan medio desorganizados pueden rematar algo por error. Además que los otros días son los que se llenan de gente porque van escritores renombrados como Pedro Suárez Vertiz o el ex-novio de Bayly.

2. No pierdas tu tiempo en el sorteo ese. Todos los años con tu entrada te dan un ticket para el sorteo de una biblioteca/canasta de libros/algo así. Y en la puerta se ve a un montón de virgos parados, incómodos tratando de llenar todos su datos en un papel del tamaño de un boleto de ómnibus. Es sabido no solo que no vas a ganar, sino que probablemente nunca nadie ha ganado. Una vez me quedé hasta las 10 de la noche esperando el resultado del sorteo (que es el día del cierre de la feria) y el ganador no se apareció. ¿Casualidad? 

3. Hay dos lugares a los que TIENES que ir: Uno es Riguse y el otro es El Aleph. Son los únicos lugares donde podrás encontrar libros buenos (y a veces hasta nuevos) desde 5 soles. Y son ediciones, sobretodo en El Aleph, que difícilmente encontrarás en otro stand. Ahí si vale la pena invertir tiempo y paciencia en revisar uno por uno todos sus productos. Además, no es tan fácil visitarlos cuando no hay ferias. Si quieres perder tu tiempo en Crisol, Ibero, Zeta, SBS, etc. y otros lugares que tiene tiendas por todo sitio, a las que puedes ir todo el año, y que todas venden los mismos libros al mismo precio, allá tú. 

4. No te emociones con todas las ofertas: Libros "baratos" (o aparentemente) hay en varios sitios: BCR, Congreso, etc. Que sean buenos, es otra cosa. Disbook tiene una gran variedad de libros que van desde los 10 soles creo, pero lo cierto es que te los dará mas barato en su local del Quilca (y no te cobran entrada por mirar). Los remates de 2 x 20 de PEISA, pueden ser una opción, aunque temo que casi todo lo bueno ya se lo llevaron (hace como siete años que existe la misma oferta).

5. Pero tampoco seas tan lento con las ofertas. Porque sino se te van a escapar. Hay ofertas que sí valen la pena como algunas de Santillana, donde se encuentran buenos Alfaguara y Puntos de Lectura. Supongo que es una especie de compensación por todo lo que ganan en concertación con los directores de colegio por los libros de texto durante la época escolar (de hecho por eso los sacaron de la FIL 2012) Ese puede ser un tercer lugar al que tienes que ir. También hay algunas ofertas de Salamandra en el stand de Época creo.

6. Hay un evento que vale la pena, a veces hasta dos. Aunque nuestra FIL no se caracterice por traer mega estrellas, viendo el vaso medio lleno suele haber por lo menos una buena presentación y a veces más si se lee con calma la programación. El 2013 fue Claudia Ulloa, el 2014 fue Antonio Skármeta. Y no, no vendrá Paul Auster, ni Stephen King, ni Sasha Grey, confórmate con Mónica Cabrejos.

7. Ten cuidado si vas a robar: Aunque ante el robo de algunos precios, den ganas de pagarles a ciertos stands con la misma moneda, teniendo en cuenta que no hay sensores en la feria, hay que pensarlo dos veces. Sobre todo en Crisol: aunque parezca que no hay nadie, a veces hay vigilantes vestidos de civil que se hacen pasar por clientes. Ten cuidado  si quieres robar, además piensa que es la librería de Alan y Chang ¿en serio crees que sabes más de robar que ellos?

8. Trata de meterte gratis. Teniendo en cuenta que es estúpido pagar y hacer la cola varias veces cuando quieres ir más de un día (lo que podría solucionarse con un simple abono) puedes intentar meterte gratis algún día. Aunque no lo creas todos tenemos algún conocido en la FIL: es solo cuestión que te preste su carnet o que entres cargando algunas cajar haciéndote pasar por trabajador. Meterte por el baño de atrás donde están las canchitas de fulbito ya no funciona.

9. El mito del último día. Es cierto que hay más remates los dos últimos días. Por ejemplo, los descuentos de Océano (Anagrama) llegan al 50% el último día, cuando los días anteriores están en 20-30%. Pero si te esperas al último día puede ser que el libro que querías ya se lo hayan llevado. En todo caso tienes que revisar si hay varios ejemplares del mismo. Si hay solo uno, mejor asegúrate o escóndelo bien. Además que hay tanta gente el último día que no dan ganas ni de entrar.

10. Anda a Quilca antes que se la bajen (dizque este mes es el desalojo). En días de feria suele estar vacía. Es mi mejor consejo.

Me cuentan como les fue.
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lunes, 6 de julio de 2015

Más preguntas (y mitos) sobre los libros y la lectura.

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En las últimas semanas, comentamos que respecto de los libros y la lectura, a veces se asumen o surgen muchas creencias, que pueden ser arbitrariedades, algo así como "mitos libreros" que es algo distinto a mitos literarios (los cuáles comentamos en este post).



Hubo cinco entradas #FilosofoRaptorModeOn sobre el tema. Recapitulando:

MITO 1. "Difundir la lectura = difundir los libros". FALSO. La lectura es algo muy amplio: solo una parte de ella es la lectura voluntaria y activa de libros.

MITO 2. "En nuestro país se leen bastantes libros, como demuestran las ventas": FALSO. Comprar un libro no es igual a leerlo.

MITO 3. "En nuestro país no se lee libros": POSIBLE. Este tipo de lectura es muy volátil, es difícil precisar si en el país se practica o no. Aunque todo indica que no.

MITO 4. "Hay que hacer campañas a favor de la lectura de libros". RELATIVO. Sinceramente, nunca he visto una que funcione. Y dudo mucho que un "Gastón Acurio de los libros" ayude.

MITO 5. "Es buena la lectura de libros". VERDADERO. Pero hay que desarrollar por qué (en nuestro caso, por fastidiar, preferimos decir porqué no). 

Pero hay un tema que falta y lo recordé leyendo una "noticia" (?) de hace unos días que me dejó pensando en eso: En un programa hispano, a una de las concursantes le preguntaron por algo tan comentado y manoseado como el último romance de nuestro Premio Nobel con Isabel Preysler. La concursante dijo que no sabía quien era Vargas Llosa. Y parece que no es la única con esa duda, pues el autor es una de las principales búsquedas en Google por los españoles en los últimos días, lo que quizás no sea por ignorancia, sino solo por chisme.



¿Sorprendido? Ante tantas notas sobre escándalos, farándula, memes, virales, etc. etc., este tipo de hechos son los que producen una afirmación clásica que se viene repitiendo en todo tipo de lugares y debates: la del fin del libro.

Es un tópico que suele confundirse con otro: el fin o la crisis de la lectura de libros, fin que incluso se postula de la cultura escrita, pues supuestamente estaríamos regresando a la oralidad, de acuerdo a la teoría del "Paréntesis Gutenberg", que señala que los 500 años de vigencia de la imprenta en el mundo son solo un paréntesis entre los miles de años de oralidad anterior y las nuevas tecnologías actuales basadas en lo audiovisual más que en el texto.

Todo este rollo da para otro post. En realidad para varios. Pero la pregunta es obvia: ¿Desaparecerán los libros? ¿O la lectura?

La respuesta quizás la próxima semana.
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lunes, 29 de junio de 2015

Viajar libros (11): Arequipa

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¿Qué es ser patriota? Como comentábamos en un post anterior, no es alentar a la selección en los partidos de la Copa América o pensar que el país siempre tiene la razón frente a tribunales internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ahora que ha salido la sentencia sobre el caso Chavín de Huántar. Para ser patriota hay que querer a un país, y para eso primero hay que conocerlo.

Y ante tanto barullo mediático, a veces es mejor viajar para despejar la mente. Aunque ya habíamos estado en algunos lugares como Cuzco, Apurímac o Piura, esta vez fui a la ciudad más librera del país, después de la capital: Arequipa. Mi opinión quizás no sea la más objetiva (3 de mis 4 abuelos son de ahí) y además esta es la quinta vez que llego a la Ciudad Blanca, pero la pasé muy bien.

Arequipa tiene algo que no tiene Lima y que es ideal para los libros: el clima. La falta de humedad hace que se conserven muy bien. Y es probablemente la ciudad peruana con más librerías, descontando Lima, que recuerde.

De la Plaza de Armas, camino por la calle San Francisco y encuentro los locales de la SBS y de la librería El lector, que solo tiene sede en esta ciudad. Cara, pero simpática. 



Me dirijo a la Biblioteca del Gobierno Regional, llamada como el arequipeño más célebre de todos: Mario Vargas Llosa. 


Es un local con gran variedad de ejemplares y un ambiente muy acogedor, mucho mejor que la deprimente sede de la Biblioteca Nacional, entre el smog y la bulla de la Avenida Abancay en Lima.





Desde el año pasado, el autor de Conversación en La Catedral, ha ido donando paulatinamente varios de los 30 mil libros de su biblioteca personal que pasarán a este local. Me pregunto si esta donación no se verá afectada por el divorcio del escritor, ahora que se repartirán varios de sus bienes. Estos libros se trasladaron a una casona, que está al costado de la Biblioteca, para que puedan ser de acceso público. Sin embargo, hasta ahora no pueden ser disfrutados. Y aparentemente no lo serán pues, parece que la biblioteca será virtual, es decir, no habrá acceso físico a los ejemplares.


  

Hay muchos otros lugares más para conseguir buenos ejemplares, como la librería Aquelarre, o las librerías de viejo de la calle Tristán, que me hicieron recordar las de Quilca. Incluso fui a merodear un poco por La Cachina Arequipeña, donde se pueden encontrar algunas cosas interesantes.

Todo esto gracias a un amigo arequipeño que usa un nick de una célebre novela de ciencia ficción (Neuromancer), el que, al igual que Vargas Llosa, ha sido muy generoso con parte de su biblioteca, de la cual ha regalado varios ejemplares no solo a mí, sino a otros amigos. Saludos si lees estas líneas y la próxima vez que vaya por allá, espero quedarme más tiempo.

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lunes, 22 de junio de 2015

Top 6 Mitos literarios

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Esta es de alguna forma, una versión corregida y aumentada de un post antiguo. Parte de la idea de que la literatura o las novelas tienen un fondo de "verdad" y cualquier interpretación distinta es un "mito". Pero al margen de eso, comentar estos "mitos" (como comentar los ¿errores? de diversos autores) puede ser divertido. E incluso puede servir para quedar bien con algún little known fact en una reunión/conversación. Juzguen ustedes.

1. Sherlock Holmes no era como lo pintan

En los textos de Conan Doyle nunca tuvo sombrerito raro ni
pipa. Ni dijo "Elemental, mi querido Watson". Lo más aproximado  esa frase aparece en un relato titulado “El jorobado” que se publicó en 1893. 

El sombrero de cazador de gamos tampoco se menciona  es un añadido del ilustrador de The Strand Magazine, Sidney Paget (que usó a su hermano como modelo para plasmar el aspecto final de Holmes). La pipa tan característica tampoco figura: no apareció hasta que fue usada en una dramatización de teatro de uno de los relatos en la década de 1920.

2. En La vuelta al mundo en ochenta días nunca viajan en globo

En esta novela de 1873, durante todo el viaje se usan
diversos medios de transporte, principalmente barco y tren, aunque también elefante, pero nunca globo. La confusión se debe probablemente a otro libro del mismo autor muy cercano: Cinco semanas en globo (1863) que también versa sobre un inglés sin nada que hacer que, acompañado por su criado, se dedica a viajar. Aunque es probable que también se deba a la célebre película de Cantinflas.

3. En La ciudad y los perros nunca dicen la célebre frase

"¿Qué me mira cadete? ¿quiere una fotografía mía calato?"
debe ser la frase vargallosiana más famosa junto a "¿En qué momento se jodió el Perú?" (otra frase no textual) de Conversación en La Catedral. El problema es que nunca la escribió. Tuve un amigo que se sintió estafado luego de soplarse toda la novela para no encontrar la célebre pregunta del Teniente Gamboa y que solo apareció en la versión fílmica de hace treinta años.

4. En Yawar fiesta nunca hay un cóndor encima de un toro.

La primera novela de José María Arguedas no tiene mucho
que ver con la carátula de varias de sus ediciones. Mucha gente que no ha leído la novela piensa que trata de la costumbre andina del mismo nombre en el que hay un cóndor encima de un toro. No pues. Eso nunca pasa en el libro. Si bien hay un toro (Misitu) este es toreado pero a dinamitazos (mucho más hardcore). Aunque creo que Arguedas, por su profesión, escribió un ensayo antropológico de esta costumbre con el mismo título de la obra. De ahí, tal vez, la confusión.

5. Don Quijote nunca dice "Ladran Sancho, señal que cabalgamos"

Una frase que se supone que está en Don Quijote de la
Mancha, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte del libro. El origen, según Arturo Ortega Morán es el poema Labrador (1808) de Goethe: "Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos". La adición del nombre Sancho se produjo, por error, en algún momento de la primera mitad del siglo XX. Esta frase la han usado muchos de nuestros connotados políticos, como Esther Saavedra y la hija del dictador, Keiko.

6. Frankenstein no era un monstruo verdoso medio mongo

Como muestra un botón: "La piel amarilla apenas le cubría la
musculatura y las arterias; el pelo era abundante y de un negro intenso; los dientes de una blancura perlada".

O sea que hasta tenía bonita sonrisa (?). Nada de cabeza plana ni tornillos en el cuello. Estas ideas surgieron de la adaptación cinematográfica, los cómics y las series. Aunque la película se rodó en blanco y negro, los carteles promocionales lo presentaban de color verde, al igual que en los cómics y en la serie La familia Monster.

Frankenstein tampoco era un grandote monse, a lo zombi sino ágil y rápido. Y para empezar ni siquiera se llamaba así (nunca le ponen nombre). Además podía hablar, y hasta le gustaba leer, disfruta mucho con El paraíso perdido de Milton, Werther y Vidas paralelas de Plutarco. Encantador.

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lunes, 15 de junio de 2015

Top 5 padres literarios

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Me pregunto como le celebrarán a Mario Vargas Llosa el día del padre este año. Si se siente mal, puede consolarse pensando que hubieron papis que la pasaron mucho peor. 

El primer padre importante de la literatura fue probablemente Odiseo y como buen padre, se hace buscar por su hijo, como sucedería en Pedro Páramo y en El Palacio de la Luna. Otros padres clásicos son los de los libros de Kafka.

Ya habíamos hablado de algunos libros que enfocan el tema de la relación entre hijos y sus progenitores, y también hecho un pequeño ranking de las 5 madres literarias más célebres. Así, que ahora era turno de homenajear (?) a los viejos. Con ustedes, algunos célebres padres de la literatura universal (que recordamos):



Atticus Finch - Matar a un ruiseñor: Realmente heroico soportar a dos joyitas como Jem y Scout, sin la ayuda de una esposa y encima tener que lidiar con los problemas de la chamba y que medio pueblo lo quiere linchar por defender al negrito Tom Robinson. A pesar de ello, sin perder la seriedad, pero tampoco la complicidad con sus hijos, suele aconsejarlos siempre en sus típicos problemas infantiles, con la palabra justa. Un capo realmente. La novela la comentamos aquí.

David Lurie - Desgracia: De todos los padres, el de la novela del Coetzee es el más salado. Aunque su hija ya es adulta e independiente, sucedería lo que describe el título de la obra. Lo peor no es solo descubrir que no puedes cuidar a tu hija, sino que no puedes cuidar ni de ti mismo. Y que no solo no entiendes a la niña de tus ojos, sino que no entiendes ya como funciona el mundo. Que ya no puedes enseñarle nada. Y que quizás ella te tenga que enseñar algunas cosas a ti. Quizás la novela más famosa del Premio Nobel 2003.

El Padre - La carretera: Corrección, hay un padre con más mala suerte que el anterior. Es éste, el de la novela de Cormac McCarthy. Porque peor que perder a la esposa, es perder a toda la civilización conocida. De todos los padres, es el más warrior, un auténtico padre coraje que, a pesar de la vicisitudes, se da tiempo para darle algunas lecciones a su hijo. Tan austero y sencillo, que ni siquiera necesita de un nombre propio. Hablamos algo de este libro aquí.

Fermín Zavala - Conversación en La Catedral: Si suele decirse que los libros del Premio Nobel 2010 suelen tener un rollo paterno complicado, esta debe ser su obra en la que se mezcla de forma más compleja todo el amor/odio de una relación patriarcal, porque va más allá del "padre cruel" como en La fiesta del Chivo o la vida del propio autor, que describe bien en El pez en el agua. Lo curioso es que, a diferencia del resto de padres que comentamos, tiene esposa a su lado y una familia "normal". También la reseñamos aquí. 

Jim Wormold - Nuestro hombre en La Habana: Escrita en 1958, es más antigua que todas las anteriores. Y a pesar que, como en el caso de Finch y del padre de The road, tiene que cuidar a su hij@ solo, atender su tienda y tratar de no ser descubierto por los servicios secretos de la dictadura donde vive, la novela transcurre con bastante humor, como muchas obras de Graham Greene. Y además, de todos, creo que tiene a la hija más insoportable y en el peor momento: la adolescencia, siempre tratando de comprarle cosas y pasar por alto sus comentarios.
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lunes, 8 de junio de 2015

Decálogo del lector (sí, otro más)

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Hay muchos decálogos relacionados a la escritura. Por ejemplo, el de Ribeyro, el de Quiroga, el de Bolaño, el de Monterroso, el de Onetti, entre tantos otros.


Decálogos, ya no de los escritores, sino de los lectores, no hay tantos pero también existen. El más conocido es el de Daniel Pennac, que forma parte de su libro Como una novela, aunque es bastante elemental para mi gusto, pues tiene cosas obvias como el derecho a estar callado (que es el que suelen decir lo policías cuando arrestan a alguien) y además no parece tanto un decálogo que, si nos guiamos por los 10 mandamientos, es un conjunto de 10 reglas a obedecer, más que de 10 derechos que podemos disfrutar.

Además de eso hay muchos más decálogos para obsesos de la lectura. Tenemos el decálogo del buen lector, el del mal lectorunos que dicen que no puedes saltarte páginas, otros que dicen que sí (el de Pennac), el decálogo del lector profesional que trabaja en editoriales, etc., etc.

Así que, por qué no esbozar uno ¿no?

Decálogo del lector

 1. Eres libre de leer lo que quieras.

 2. Por ende, uno es libre también de no leer si no quiere. Leer no debería ser una obligación.

3. El libro puede desaparecer. La lectura jamás.

4. Lee porque te gusta, no para “ser más culto”, “estar al día” o idioteces por el estilo.

5. Los libros siempre son un buen regalo. No tienen tallas y a todos le queda uno. Si no encuentras aún el tuyo no te desanimes.

6. El tiempo no es excusa. Hay gente que dio la vida por sus libros. Puedes dar diez minutos al día.

7. El dinero no es excusa. Hay libros más baratos que una chela. Además, siempre te puedes prestar un libro de alguien (o el dinero).

8. La profesión no es excusa. No hay trabajo que no te deje un espacio para leer.

9. La educación no es excusa. Puedes leer teniendo primaria o Doctorado. ¿Qué eres analfabeto? ¿Y cómo estás leyendo este decálogo?

10.Ser ciego tampoco es excusa. Por algo existe el sistema Braille.

Otras listas:





- Los libros de la década (2001-2010).

- Por el Día de San Valentín: 5 parejas literarias.

- Por el Día de la madre: 5 madres literarias.
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lunes, 1 de junio de 2015

¿Es buena la lectura de libros?

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Hace dos semanas, comentábamos que antes de plantear campañas a favor de la lectura, hay que tener claro porqué la lectura es buena y, para empezar, si realmente es buena. Parecería algo obvio, sobre esto, existen un montón de convencidos: hay webs que te dan 5 razones, beneficios o ventajas de leer, otras te dan 10, otras 70 y otras hasta 100. Hay de todo, para el gusto del cliente, casi.


No es necesario, sin embargo, deshacernos en loas repetitivas. Podríamos para cambiar de óptica, mostrar lo contrario. Es mejor darle una oportunidad de expresarse a los que tienen una opinión negativa, oportunidad que no siempre se da. Es decir, resaltar todo lo que se ha dicho y hecho en contra de los libros. El libro ha tenido y tiene poderosos enemigos. La biblioclastia es una práctica antiquísima [1]. Incluso, en 1995, MTV lanzó una campaña contra los libros acusándolos de provocar guerras y el exterminio de los bosques que ponen en peligro el equilibrio medio ambiental[2].

Por otro lado no podemos ocultar ciertas desventajas físicas de la lectura como el ser una actividad bastante sedentaria, que a veces quita el sueño y a uno lo vuelve (solo en ocasiones) un poco arisco en las relaciones con ciertas personas, acostumbrado como una ya está, a la silenciosa y entretenida compañía de un buen conjunto de páginas. Tema aparte es el problema visual. La miopía, que afecta a la sexta parte de la población, aumenta al 24 por ciento en el caso de los lectores y son innumerables los que dañaron su vista por nuestros adorados objetos: Aristóteles, Lutero, Samuel Pepys, Samuel Johnson, Alexander Pope, Quevedo, Wordsworth, Yeats, Unamuno, Tagore, Joyce tuvieron graves dolencias y peor es el caso de Homero, Milton o Borges que terminaron ciegos[3].

En la red he leído frases como: “leer es trabajo después del trabajo”, “leer sale carísimo”, “Stalin también leía”. Y la mejor es esta “nadie ha podido demostrar que leer hace mejor, más eficiente, más compasivo a una persona: ¿para qué leer?, ¿quién puede demostrarme que leer va a darme algo que no me dé un programa de televisión, una película de cine o la simple observación del mundo?, ¿tendremos que preocuparnos porque nadie lee o sentirnos satisfechos de pertenecer a una secta subversiva de gente que lee para que nadie pueda molestarlo durante algunas horas?, ¿no es cierto que la televisión, el cine, las canciones son literatura?”[4].

Pareciera que los libros, que siempre fueron de gran trascendencia en los cambios sociales y en las revoluciones por ser el espíritu de todo tipo de ideologías, se pueden volver perfectamente contingentes: Fidel Castro reconoce sin problemas que con las justas leyó las primeras páginas de El capital [5].

¿Leer relaja? Habría que preguntárselo a los chicos que leyeron Werther de Goethe y terminaron suicidándose. O a los que tranquilos en sus casas, escucharon la transmisión radial de la obra de H.G. Wells, La guerra de los mundos que produjo histeria colectiva.

A pesar de todos los argumentos a favor o en contra, podría decir una sola cosa: leer ficción te enseña que no eres el centro del mundo, que en realidad no debes tomarte en serio, porque no eres tan importante. Y eso, mis queridos amigos, es una lección invaluable.




[1] Bàez, Fernando. Historia Universal de la destrucción de libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak. Barcelona, Destino, 2004.
[2] Hildebrandt, César. “Balando una sola nota” en La República, 18 de abril de 1995.
[3] Mangel, Alberto. Una historia de la lectura. Bogotá, Norma, 1996, p. 377-378.
[4] http://www.ricardosilvaromero.com/htmls/noticias/lasnoticias2005.html (ya no funciona el link)
[5] Zaid, Gabriel. Los demasiados libros. Barcelona, Anagrama, 1996, p. 47.

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lunes, 25 de mayo de 2015

Premios Nobel de Literatura que también vinieron al Perú

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Me imagino que los mismos que le creyeron a Iván Thays (si, Mónica, tú no fuiste la única) que vendría Paul Auster hace unos años y los que creyeron que Stephen King iría a la Feria de Huancayo, y Sasha Grey a la FIL y Tarantino al Festival del Cine PUCP, se ilusionaron pensando que vendría el Premio Nobel de Literatura 2012, el chino Mo Yan a dar una conferencia en San Marcos. Lamentablemente, se canceló por decisión de la embajada china. Sin embargo, sí llegó a venir y estuvo en el Museo en Pueblo Libre

Además de él, y obvio, del Premio Nobel 2010, otros galardonados también han visitado estas tierras. No perdamos la esperanza. Quizás algún día, como aquicito nomás en Colombia, lleguen Coetzee o Le Clezio.

1. Ernest Hemingway (Premio Nobel 1954): Es bastante conocido que el escritor norteamericano, que además fue soldado en la Primera Guerra Mundial, cazador y fanático de los toros e incluso tiene su propia figura de acción, arribó a Cabo Blanco, Piura, el 16 de abril de 1956, cuando ya había ganado la famosa distinción de la Academia Sueca. Creo que fue el único que no dio ninguna conferencia ni nada de esas cosas. Solo vino para pescar algunos merlines, tomar whisky y pasarla chilling, los que eran algunos de sus tantos hobbies. Se quedó 36 días acá y le regalaron un pisco que se lo chupó ahí mismo.

2. Pablo Neruda (Premio Nobel 1971): El poeta chileno llegó a Lima en 1966, gracias a las gestiones de Ciro Alegría y estuvo en la Universidad Nacional de Ingeniería. Fue condecorado con la Orden del Sol por Fernando Belaúnde. De él dijo, en su libro de memorias titulado Confieso que he vivido: "(...) el presidente peruano de ese tiempo, Fernando Belaúnde, era mi amigo y mi lector sigo creyendo que el arquitecto fue un hombre de intachable honestidad". Y claro, no podía dejar de visitar el Cuzco, especialmente Machu Picchu, que le inspiraría una de sus más célebres obras.

3. Gabriel García Márquez (Premio Nobel 1982): El novelista colombiano nos caería al poco tiempo, del 5 al 7 de setiembre de 1967, y también estuvo en a la Universidad Nacional de Ingeniería, en la cual daría una conferencia junto a Mario Vargas Llosa. La revista Amaru de dicha universidad había publicado algunos extractos de Cien años de soledad. De la conversa entre los dos ex-amigos se publicaría el libro La novela en América Latina. Diálogo, que fue reeditado el año pasado.

4. José Saramago (Premio Nobel 1998): El narrador portugués llegó a Lima el 15 de diciembre de 2000 y también se dio tiempo para visitar Machu Picchu y opinar de la difícil situación política, donde "valientemente" el ¿presidente? de la época renunció por fax y se refugió muy lejos del Perú, en vez de afrontar los problemas que dejaba en el país. Algunas de las preguntas que le hicieron en su conferencia, y sobre todo las respuestas, fueron muy curiosas. Diez años después, le diríamos adiós.   
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lunes, 18 de mayo de 2015

¿Vale la pena hacer campañas a favor de la lectura?

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Ya habíamos hablado antes de Mónica Cabrejos en este blog. De como nos sorprendió verla en el stand de Perú -pagado con dinero de todos- en la última FIL Guadalajara, a pesar que deben haber varias personas con más experiencia y libros bajo el brazo. Qué suerte tener amigos en Promperú. De Iván Thays sí creo que nunca habíamos hablado.



Sin embargo, plumas más alturadas que las hormonadas de esta humilde ave de corral, seguramente se pronunciarán con mayor elegancia y precisión respecto a su ventilado affaire. Nosotros trataremos de seguir con el tema de la semana pasada.

A veces me pregunto si la relación entre estos próceres de nuestras letras  no será una jugada mediática para promover la lectura (?) digna de la maquiavélica mente de algún Favre librero que aún desconocemos.

¿Exagero? Para nada. Las campañas para difundir/ promocionar la lectura son innumerables, algunas ingeniosas y otras algo lisérgicas. Así tenemos desde algunas con la participación directa de estrellas de Hollywood como Nicole Kidman, otras con la participación de dos integrantes de Combate y hasta otras que, bueno, mejor véanla ustedes mismos:




La campaña "Perrea un libro" finalmente fue anulada por la UNAM, que terminó retractándose. Si lo que querían era relacionar el sexo con libros, quizás debieron ser más directos, no sé, chicas en topless leyendo, ah, no, eso ya se hizo. O, para que no digan que soy sexista, debieron poner chicos guapos leyendo, ah perdón, eso también se hizo.

El problema de estos intentos es que se parte de la premisa que la lectura de libros es aburridísima y que solo se aguanta con gente atractiva al costado. Pero en general, debo confesar que nunca he entendido las campañas o promociones “a favor de la lectura”. Me parecen mal enfocadas y hasta innecesarias. No entiendo porque habría que “difundirla”. Creo que todo el mundo sabe que existe. Si a pesar de eso no la practican, por algo será ¿no? ¿Por qué se publicita entonces? En todo caso habría que difundir también el gusto por la música, el cine, la pintura y otras manifestaciones culturales igualmente válidas.

La insistencia en frases como “el libro es cultura” o “read to achieve” (como se usa en USA) solo va a provocar actitudes similares a la de la Chilindrina, el Chavo y los demás alumnos del salón en ese capítulo en el que el profesor Jirafales les dijo que lean. Y no sólo, como muchas veces se malentiende, se produce esta reacción en los sectores socioeconómicos más bajos o de menor acceso a la educación. Lo mismo pasa entre personas que han tenido mejores oportunidades, no sólo en nuestro país, sino incluso en el extranjero. Un buen ejemplo de esto fue el artículo publicado en El País –uno de los periódicos más prestigiosos de España–  con el rótulo “Yo no he leído el Ulises ¿y qué?”[1].

Como vemos, la sacralización de algo, en este caso de leer, tiene como correlato exactamente lo contrario de lo que se busca y despierta cierta vocación iconoclasta hacia lo defendido como positivo. Este problema se incrementa si los partidarios de las campañas pro-lectura no articulan una política coherente o, al menos, comparten ciertos criterios en común respecto al por qué la lectura es saludable. Es decir, todos asumen que la lectura es positiva y es por eso que hay que difundirla. Pero, antes de asumirlo, previamente habría que tener algo claro: ¿por qué la lectura es positiva?

La respuesta, quizás, la próxima semana.



[1] El País, 15 de mayo de 1993. Extraído de García Tortosa, Francisco. “Introducción” en Joyce, James. Ulises. Madrid, Cátedra, 1993, p. XXII.

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lunes, 11 de mayo de 2015

¿En el Perú se lee (libros)?

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Hace dos semanas, comentábamos como, en muchas ocasiones, cuando se estaba aparentemente difundiendo o promoviendo la lectura, en realidad solo se estaba promoviendo un tipo particular de lectura, que es la lectura de libros.



Al respecto, existen estadísticas que señalan que, al menos en Lima, el 79% de la población lee periódicos, de hecho según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), somos el país que más lee diarios en Latinoamérica

Sin embargo, respecto a la lectura de libros, no solo estamos lejos de la cima en la región sino que, de acuerdo a otra investigación, un 26% de peruanos nunca en su vida ha leído un libro.

Este tipo de datos son importantes en el tema de la difusión de la lectura. Parece lógico que, antes de iniciar cualquier acción a favor de algo, sería pertinente preguntarnos cual es la situación al respecto en nuestro país. Partimos del supuesto que, si una actitud es moneda corriente en la población, es probable que no sea necesaria su difusión masiva. Es decir, así como en ciertos países nórdicos se fomenta la natalidad entre las parejas, este tipo de promociones serían impensables en  nuestro país por razones obvias. Si en el Perú se lee, entonces no es necesario difundir la lectura. Quizás no sería necesario tampoco escribir esto.

Creo que en nuestro país adolecemos al respecto de un claro “estado de la cuestión”. En términos generales, los números nacionales al respecto son bastante desalentadores, como comenté en este post. Según los resultados obtenidos por el estudio “Hábitos de lectura y ciudadanía informada en la población peruana-2004” (Biblioteca Nacional del Perú-Universidad Nacional de Ingeniería) del total de población en capacidad de leer (alfabetos), 26% manifiesta no hacerlo. El resto (74%) alcanza a leer en promedio poco más de un libro al año. Un libro al año es nada comparado con los promedios internacionales. Este 74% de "lectores" se reduce a 55% de acuerdo a los criterios de CERLALC. Estamos en los últimos puestos en libros leídos por persona (click en el capítulo 2). Y eso, asumiendo que la gente entiende lo que lee, porque estamos antepenúltimos en eso.

En resumen, estamos en la cola. Ojo que los datos son sobre lo que la gente lee, no sobre lo que compra, y es que si hay una diferencia.  

Sin embargo, a pesar de la desfavorecedora estadística, un gran número de editores, especialistas o vendehumo postulan lo contrario. A su favor mencionan la mayor producción de libros, el aumento en las ventas y la cantidad de piratería.  “¡Pero, claro que se lee!” me responde un amigo “si no, no existirían Quilca o Amazonas”.

Otro ejemplo que se suele mencionar es el de las promociones de los periódicos. Son baratos y de regular calidad, por lo que se venden como pan caliente (la tirada a veces bordea los cuarenta mil ejemplares). Además se presentan como colección, por lo que muchas personas compran libros que originalmente no les interesaban, para tener el listado completo. Resumiendo: se compran un montón de volúmenes. ¿Cuántos se leen? He ahí la cuestión.

Creo que el error radica, como mencionamos en otro post, en confundir el comprar un libro con leerlo. Son dos cosas muy distintas y no necesariamente relacionadas. Muchas veces se compra libros porque se considera un buen regalo, porque nos han obligado en la universidad o el colegio, porque lo necesitamos para la oficina. Pero no quiere decir que lo leamos. Probablemente sólo consultemos una parte y luego lo olvidemos. Algunas personas hasta consiguen obras por motivos estéticos: “¡Qué linda se vería la sala si en esa repisa ponemos algunos libros!”.

Y es que parecería difícil para algunos pensar en leer como una diversión popular e incuestionable con la extraordinaria gama de opciones para distraernos que tenemos en la actualidad. Internet, playstation, películas y series, música en todos los formatos, televisión por cable, etc., ventajas de las que no gozaban los lectores de hace cincuenta años.

Pero si nos vamos a la otra posición –la que indica que en nuestro país la lectoría de libros es bajísima o inexistente– el dilema se mantiene. No se puede afirmar tan fácilmente el rechazo a la lectura. Por ejemplo, en los colegios, más de un alumno podría callarse o mentir ante una encuesta para evitar las burlas de sus amigos y quedar como nerd (en otro contexto alguien podría mentir en una encuesta para “no quedar mal”). Y al margen de las encuestas, y a diferencia de los que compran libros, una persona que nunca compra y nunca ha sido encuestada podría leer muchísimo simplemente prestándose de amigos o yendo a una biblioteca, sin dejar mayores rastros de su proceder con lo que no habría manera de contabilizarlo en las filas de lectores. Y si a esto le sumamos la escasez  en nuestro país de espacios de diálogo sobre estos temas podemos concluir que es difícil saber, con total certeza, si nuestra nación es lectora de libros o no.

Hay que tener en cuenta que incluso las estadísticas y encuestas en esta materia son bastante desactualizadas, lo que demuestra que el estado de la cuestión sigue siendo poco claro.

En resumen, es relativamente arbitrario inclinarse por una respuesta o la otra. En la actualidad, no podemos todavía afirmar algo al respecto con total seguridad. Esperemos que en el futuro se puedan hacer investigaciones rigurosas que nos lleven a mejor puerto. Al margen de esto, aun en el caso en que en el Perú se lea bastante, en teoría siempre se podría alentar más esta conducta. La pregunta sería ¿para qué?

La respuesta, tal vez, la próxima semana.
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