lunes, 23 de septiembre de 2019

Consejos para NO comprar libros (3): Prestar libros es bueno

lunes, 23 de septiembre de 2019

En el número anterior, comentábamos las ventajas de los libros electrónicos, incluso de los que son bajados gratuitamente. Colgar el PDF de un libro en la web para su descarga es básicamente prestarlo a alguien anónimo, sin recibir nada a cambio. Casi como dejarlo en un parque, como en "Libera un libro" u otras campañas de bookcrossing. Aunque pueden existir algunas dudas sobre la legalidad de esto en el mundo virtual, en el mundo real nadie diría que debe prohibirse prestarle un libro a un amigo o conocido. Curiosamente, esto es visto a veces, como algo peor, pero por las razones opuestas.



Coloca "prestar libros" en google y te encontrarás con auténticos monumentos a la idiotez, ya no diré literaria, sino de simple sentido común. Supuestas "razones" por las que no se debe prestar ningún ejemplar de tu biblioteca (como si fuera la gran cosa). No solo el clásico "Tonto quien presta un libro, pero más tonto quien lo devuelve", que no tiene ningún sentido porque, o te burlas de la honradez o de su ausencia, pero no de ambas ¿o no estás conforme con nada? Veamos algunas otras citas leídas en este artículo.  

"Quien presta un libro, pierde un amigo". En serio, ¿puede existir una frase más estúpida? Despierta, ese tipo nunca fue tu amigo, no le eches la culpa a, no sé, Los detectives salvajes de tu mediocridad para conocer a una persona y darte cuenta de su manifiesta cleptomanía. Además, no es tan difícil "asegurarse": el trueque mutuo, sinalagma que garantiza, sino la recuperación y un método bastante explícito para hacerle recordar al otro que te debe algo, por lo menos una indemnización material y simbólica de que le causas el mismo "dolor" al uña larga.

Y en otra perla de la imbecilidad, el autor dice que no es necesario prestar una obra porque "no estamos hablando de la patente de un medicamento esencial para evitar una pandemia". Precisamente por eso es que se puede prestar, porque nada de lo que tienes en tus estantes es tan importante, no pasará nada si se pierde.

"Los libros son como los auriculares, las jeringuillas, los zapatos, las esponjas de baño, el cepillo de dientes y la férula de bruxismo: no se deben compartir". Por Dios ¿Donde te metes los libros? ¿Sabes? no gracias, creo que en tu caso está bien que no los compartas, pero por salud pública.

El premio se lo gana este: "Prestar libros es un crimen". Como si la solidaridad fuera delito. Pareciera que en el fondo no les importa la cultura ni su difusión, sino solo que la sala se vea rebosante para impresionar a las visitas. A veces creo que estas frases son inventadas por librerías o editoriales, a las que, quizás, no les hace tanta gracia la idea de que exista una situación en la que no ganan nada. 

No crean que vivo en las nubes: también he prestado y varias veces no me han devuelto. Pero, por favor, uno debe superar los traumas. Si te sigue doliendo, anda a un sicólogo. Más de una ves me ha mordido un perro y no por eso voy a juzgar al pelotudo que piensa que es feliz por gastar una fortuna un animal que no sirve para nada. 

Nadie dice que debes prestárselo a cualquiera. Obvio que a alguien de confianza. Y que tenga ella su biblioteca también, para el canje de rehenes. No tienes que prestar precisamente la primera edición autografiada de tu autor favorito. Existen muchos otros que puedes ofrecer (se supone que tienes una "gran biblioteca" ¿no?). 

Me gusta prestar libros porque es una forma bonita de decirle a alguien, sin palabras, "¿quieres ser mi amigo?". Porque me los devuelven forrados. Porque te da automáticamente un tema de conversación con alguien y, a veces, hasta un gusto en común. Porque cuando me prestan un libro y me gusta, ya sé que iré a comprarlo con la seguridad de que no me decepcionará y de que estoy invirtiendo bien. Porque, cuando se lo presto a alguien, sé que, le guste o no, saldrá de la duda y no comprará por gusto. Por eso hay que prestar libros. Porque, entre otras cosas, es la única forma de que te los presten a ti. Y así ganan ambos.

Si tienes siempre miedo a lo que le pase a tus libros, la solución es simple: solo ten libros electrónicos. O, sino, relájate, anda a dar un paseo por el parque y tómate un café. Tal vez esa sea la solución, como veremos, en la próxima entrega.

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