
Pocas cosas tan chéveres en la vida como tomarse unas chelas. ¿Quien no ha estado en un huarique asqueroso de esos que se caen a pedazos, abstraido por completo de las preocupaciones, donde por un momento los problemas desaparecen conversando frente a un par de vasos de cerveza? Así, de manera espontánea, no con idioteces como el "Día del amigo".
Esa es una de las tantas razones por las que esta novela es tan bacán, pues el...