martes, 13 de agosto de 2019

FIL 2019: Este post no cumple con la paridad

martes, 13 de agosto de 2019

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Esta FIL no estuvo dedicada a un país. Estuvo dedicada a un hombre. Cualquiera que hubiera sido, a alguien no le iba a gustar.



Me pregunto si la FIL del 2049 se la dedicarán a una mujer (y si, para empezar, habrá feria o al menos un planeta habitable). O, si al menos, existirá una mayor igualdad entre géneros. Este debate también ha afectado la literatura, sobre todo desde hace unos meses en un manifiesto contra la Bienal del mismo homenajeado en esta FIL, la que se criticó por haber sido organizada sin perspectiva de género y con "machismo subyacente". Luego vino la respuesta, dimes y diretes y, como era fácil de prever, estalló en la misma feria, específicamente en la inauguración en la que solo había hombres. Y después las decisiones de no presentar libros, las peleas por redes, etc. Lo de siempre. Como el machismo. Es innegable que existe en la sociedad, aunque muchos no quieran reconocerlo, pero no es lo único que nos cuesta percibir.

Tal vez podríamos empezar por reconocer lo obvio: que la FIL es un evento privado organizado por un gremio de empresarios, la Cámara Peruana del Libro. Su principal objetivo siempre será mejorar su actividad económica. Por eso, parte importante de esta Feria son las "jornadas profesionales" que, básicamente, son una oportunidad de negocios.

Es cierto, que también es en parte, una actividad cultural, en que se ofrecen presentaciones y conversatorios (de lo contrario sería absurdo comprar una entrada solo para ingresar a stands, nadie paga para ver tiendas, ni siquiera para las librerías más hermosas). Pero festival cultural, con ese nombre, es el Hay Festival. Podría decirse que esa es la justificación para que se cobre derecho de ingreso. No recuerdan que hasta el 2005, la FIL era gratis. Es verdad que no tenía tantos invitados de renombre como ahora, pero también es cierto que solo en los últimos años han llegado un par de premios Nobel y autores novedosos (antes la situación era penosa). Y a los que pagan por tener un stand que son, finalmente, los que sostienen la FIL seguramente les importará más que su inversión sea rentable más allá de otra cosa. Créanme, si no les es rentable no lo van a hacer (acuérdense de la Feria del Libro de Lima Norte). Y están en todo su derecho.

Por eso, es ingenuo pretender adjudicarle a un evento privado la obligación de tener un número de mujeres determinado en una mesa de inauguración. A diferencia de un organismo estatal, que deben acatar directivas inspiradas en políticas públicas, los privados no pueden ser forzados a cumplir algo no previsto en la ley. Una cosa es una lista para el Congreso y otra un panel. Existe el derecho a la participación política, pero no a ser invitado a una presentación.

Distinto es cuando las empresas que decidan solidarizarse con algún movimiento u optar por alguna postura voluntariamente, como por ejemplo el apoyo a una mayor paridad o visibilización de las mujeres. Aunque, siendo realistas, es fácil concluir que, en muchos casos, colocarse la insignia pro-algo es más estrategia de imagen que compromiso sincero. 

La paridad y la igualdad son importantes, pero es algo que, como un abrazo, no se pueden forzar en ciertos ámbitos. En Como ser mujer de Caitlin Moran, con un feminismo tan lúcido como divertido y que nos convence lo necesario que es, la autora nos cuenta como, en sus inicios como periodista musical en los 90, veía con sorpresa como casi todos los rockstars eran hombres y, ahora, sucede todo lo contrario: las más vendedoras y reconocidas son mujeres. Y todo eso sucedió sin cuotas ni boicots sino naturalmente. Finalmente, los lectores son siempre los que deciden. Y nadie puede obligarlos a leer la misma cantidad de mujeres que de hombres, porque (¡oh, sorpresa!) hay cosas que no se pueden obligar, por más buenas que sean.



Quizás lo que necesitamos es más espacios para la visibilización de las mujeres en literatura, una feria sin fines de lucro como principal motivación. No solo la AntiFIL, sino tal vez un evento de carácter público, organizado por el Ministerio de Cultura y que no sea todos los años en la capital (de esa invisibilización pocos hablan). Podría ser en febrero o marzo, para aprovechar el impulso de las compras escolares. Librerías y editoriales estarían felices de tener otro espacio más, porque a muchas les importa más que compres libros aunque no los leas, lo que venimos diciendo hace años. Si un Ministerio gasta millones en un evento como PerúModa, no veo porque no puede hacerlo en "PerúLibros". Lo importante es encontrar soluciones.  No tiene sentido convertir esto en una guerra con bandos irreconciliables. Total, por el mismo tema Marisa Glave se abrazó con Luz Salgado ¿no?

Recuerdos de otras FIL:










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miércoles, 27 de marzo de 2019

Los tiempos del odio - Rosa Montero

miércoles, 27 de marzo de 2019

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Como diría Sprite, es temporada de haters. Vivimos los tiempos del odio. Pero hay que mantenerse fresco. Y este libro vaya que lo logra.



Debo admitir que quizás me puse también un poco hater con Rosa Montero y ya le estaba perdiendo un poco la fe por sus dos últimas entregas. Su última novela, La carne, creo que no es tan buena como la mayoría de las que le hemos disfrutado. Y la anterior a ella, El peso del corazón, la segunda parte de la saga de Bruna Husky, no mantuvo el interés de la primera, Lágrimas en la lluvia.

Sin embargo, sin amor no vale la pena vivir. Y algunos personajes (y algunas autoras) nos son tan queridas que es difícil no volver a ellas. Sobre todo si vemos que en este tercer volumen, no solo hay la cuota necesaria de aventuras y acción de la saga – que pide a gritos una película – sino también una nueva evolución física y sicológica en la protagonista. Eso es probablemente lo más interesante de esta última historia: la transformación tanto del personaje de Bruna Husky como de la niña rusa e incluso, la contraparte masculina, Paul Lizard.

Como en toda buena trama con tintes policiales, nada es lo que parece y ahora el mundo de la protagonista se enfrenta a una triple amenaza: los Ins, la guerra con Cosmos y la misteriosa incursión en política del millonario Lago. Además vemos a la tecnohumana en varias situaciones inesperadas (una al estilo de la película Gravedad) y distintas a la de sus peripecias anteriores, incluida una en la que tiene que adaptarse a una época muy antigua para ella, un poco en la onda de la también tercera entrega de Volver al futuro.

Pero lo más interesante, es que por fin se descubre el origen de la replicante, con un guiño quijotesco, y las últimas páginas son las mas conmovedoras, que te dejan el corazón latiendo agitado. Definitivamente esta es la más trepidante y la mejor de la trilogía (y hemos reseñado todas).

Creo que, como en Toy Story o Indiana Jones, la franquicia debería acabar aquí, en su tercer episodio. Sin embargo, la escritora tiene entre sus planes, escribir una cuarta parte. Tal vez valdría la pena si matan brutalmente al bubi Bartolo, esa mala copia del mordelón de Futurama.
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lunes, 18 de marzo de 2019

Americanah - Chimamanda Ngozi Adichie

lunes, 18 de marzo de 2019

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¿Por qué la gente preguntaba "De qué trata" como si una novela tuviera que tratar de una sola cosa? (p. 255)

Hace casi diez años, cuando empecé con este blog, me preguntaba si era machista por haber leído tan pocas mujeres (y que no me haya gustado ninguna). Muchas cambios han sucedido desde entonces, personales y del rol de las mujeres en el mundo. Puede ser incómodo hablar de temas de género, como también lo puede ser de la raza o de la clase social. De esto y mucho más va esta novela.



Americanah es la visión del mundo principalmente a través de los ojos de dos grandes personajes como Ifemelu y Obinze, los dos pilares que sostienen la obra a través del relato de varias generaciones y tres continentes. Son más de 600 páginas, en tercera persona, en la que buena parte de la historia se narra en una peluquería, así como Conversación en La Catedral se relata en un bar.

"(...) leyó una novela tras otra y se sintió defraudado: nada era solemne, nada era serio, nada era perentorio, y casi todo se disolvía en la nada de la ironía" (p. 339)
La profundidad sicológica, las reflexiones atinadas, la filuda ironía y la desconcertante lucidez de la autora hacen de este libro uno destinado a cuestionar muchas de nuestras creencias y prejuicio y darnos cuenta lo parecidos que somos: no pensé que seríamos tan similares a Nigeria, tenemos los mismos desalojos violentos a ambulantes, la misma obsesión por el pollo con papas fritas, la costumbre de limpiar los cubiertos con servilletas, la huachafería.    

La novela incluye muchas reflexiones, algunas surgen del blog de la protagonista, que analiza el racismo de forma muy interesante (o al menos más que algunos que se dedican al tema como Marcos Avilés) A pesar de ello, no se pierde el interés por la historia, que empieza in media res: queremos saber como  Ifemelu llega a establecerse en Estados Unidos y si llegará o no a encontrarse con Obinze.
"Ni siquiera puedes leer narrativa estadounidense para formarte una idea de como es la vida real hoy en día. Lees narrativa estadounidense para enterarte de cosas que hacen los blancos disfuncionales y son extrañas para los blancos normales" (p. 439)
Aquí no sucede eso. Como pasa con Jonathan Franzen, el libro es una potente radiografía de nuestros tiempos. Al igual que en Libertad o Pureza, la narración en tercera persona tiene algunas "islas" en las que los personajes hablan sobre sí mismos en primera persona, en este caso, Ifemelu mediante sus blogs. Y me imagino la sonrisa burlona de la autora, al compararla con un hombre blanco norteamericano pero, por ahora, es el referente más cercano que tengo. ¿Ombliguismo machocéntrico? Tal vez lo sean también las precisas referencias que hace la autora de otra novela de un varón blanco anglosajón: El revés de la trama de Graham Greene

El revés de la trama puede parecer una Americanah, al revés. Es la historia de un hombre blanco anglosajón en África, sus dudas, su hastío, su sentido de lo que es correcto o no, de su vida vacía. Y sobre todo es un libro sobre lo difícil de la elección: elegir a una persona, elegir su amor; temas que también son importantes en la novela de Chimamanda. Escoger el amor puede ser tan difícil como escoger el país donde vivir o nuestra verdadera identidad. O el cabello ideal.

(A partir de aquí hay algún spoiler, pero muy suave)

En la primera parte del libro, cuando los dos miembros de la pareja son aún solo niños en la escuela, oímos la queja de Obinze a Ifemelu porque su mamá le obliga a que le guste la novela del británico, a pesar que él prefiere leer lo que viene de Estados Unidos aunque sea "ligero" (p. 104). 

En la mitad de la historia, luego que Obinze ya ha pasado por la "experiencia occidental", cambia de opinión y desdeña las obras que no pueden "abordar la complejidad real y profunda de la vida humana (...) Greene es el polo opuesto, demasiado taciturno" (p. 355).

En la parte final, Ifemelu confiesa que leyó el libro por la madre de Obinze, que le encanta y que es "(...) auténtica literatura, la clase de historia humana que leerá la gente dentro de doscientos años" (p. 565). Obinze se da cuenta que Ifemelu es como su madre, es como él, sienten lo mismo. El círculo parece cerrarse.       

Incluso, luego que la novela parece una sucesión de varios hechos, recién en las últimas 60 páginas se da un auténtico "revés de la trama" y la intensidad de lo que pasa conmueve y apesadumbra, aunque el final es algo apresurado.

Americanah es una obra que refleja la complejidad real y profunda de la vida humana y que espero que se lea en doscientos años. Y que puede ser un reto, si estamos acostumbrados a leer siempre lo mismo. Pero el libro se abre y te repite la misma palabra con la que termina: "Entra".  

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martes, 1 de enero de 2019

Recuento 2018

martes, 1 de enero de 2019

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Si el 2019 va a ser la secuela del 2018 (el año pasado nos malograron la Navidad, ahora el Año Nuevo) quizás no sean tan mala idea hacer un recuento del año para saber lo que nos deparará el futuro.

No hay que perder el optimismo. El 2018 tampoco se perdió. Parte de ello se debió, en los primeros meses, al espíritu mundialista. Buena cantidad de los libros más publicitados a inicios del 2018, fueron los relacionados al fútbol. Incluso los libros de Peredo, tuvieron un segundo debut, por el efecto Rusia y la temprana muerte del relator deportivo.


Incluso, se llego al caso, inédito, de llevar a un exmundialista a un evento como el Hay Festival (chúpate esa Salman Rushdie!): Julio César Uribe no lo pensó dos veces en Arequipa y dijo dijo "pa' bravo yo".

¡Ah, también vacaron a PPK! Pero, volviendo a lo importante, al final el campeón fue Francia y no importó que no tenga un juego agradable a la vista, lo esencial es invisible a los ojos. (además me agradan porque mi tío está en su escudo).


Terminado el sueño futbolístico, volvimos a nuestra pesadilla: algo peor incluso que cuando un amigo no te devuelve el libro que le prestaste hace meses:


La corrupción de un grupo de jueces y demás integrantes del sistema judicial dominó el escenario político y lo haría hasta ahora. Escucharíamos a estos personajes hablar de sus gustos "bibliográficos" y hasta quejarse del precio de las "obras".   



Mas allá de precios, la FIL de 2018, fue la mejor en años: tuvo momentos para recordar como la protesta durante la presentación del libro de Faverón, los aplausos a Gorriti y las quejas de Marco Avilés porque los sacaron a media presentación. Pero lo mejor fueron los invitados como Jonathan Franzen, Rosa Montero, Ray Loriga, o Santiago Posteguillo.

Y las denuncias ese año no serían solo contra el autor de El anticuario, sino también contra Rodolfo Ybarra, Reynaldo Naranjo, Domingo de Ramos. Ya parece que el acoso es un subgénero de la literatura nacional.

En setiembre se prorrogó por un año más la ley que exonera de impuestos al libro, gracias al Congreso. Y una integrante de esa banda tuvo una curiosa expresión respecto a una conductora de un programa de libros


Pareciera que para ella tener mucho tiempo para leer fuera malo XD. Uno siempre puede hacerse un espacio en la agenda, el problema es estar Chihuán.

Contrario a lo afirmado por Oswaldo Reynoso, en octubre sí hubo milagros, empezando y terminando ese mes con la prisión de dos personas, padre e hija, apellidadas Fujimori, a pesar de los esfuerzos de sus abogados.



Ese octubre, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, no hubo Premio Nobel de Literatura, y el "Nobel alternativo" tampoco tuvo como ganador a Murakami, que se retiró de la nominación.

Finalmente, por más referéndums o finales de Copa Libertadores entre Boca y River, este año me vuelve a dejar la sensación de que no hay nada mejor que un buen libro.






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lunes, 12 de noviembre de 2018

Test: ¿Qué tipo de lector eres?

lunes, 12 de noviembre de 2018

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1. Compras libros en...

a) Crisol, Communitas, Ibero.

b) Quilca, Camaná, Amazonas.

c) Ni idea porque todo lo leo en PDF.

d) En la esquina del mercado, donde la tía que vende pirata.

e) ¿Comprar? ¿Para qué?


2. Vas a la FIL para...

a) Comprar las últimas novedades, escuchar a los autores más destacados, que te firmen tus libros y si se puede entrevistarlos.

b) Distraerte un rato y comprar algo por ahí.

c) Transmitir en vivo y tomarte fotos para Instragram.

d) Ver si encuentras algo en esos remates de S/. 5 de El Aleph.

e) Pa robar pe, hay que aprovechar que no hay alarmas ni cámaras.


3. Tu editorial favorita es...

a) Anagrama, Mondadori, Páginas de Espuma...

b) Oveja Negra, Bruguera, Peisa.

c) Ni idea porque todo lo leo en PDF.

d) Mercurio, Chirre, Toribio Anyarin Injante.

e) No tengo.


4. Cuando terminas de leer un libro...

a) Revisas tu lista de pendientes para elegir cual será el siguiente que leerás.

b) Sales a distraerte un rato luego de estar tanto tiempo solo y sentado. 

c) Le haces su respectiva reseña en goodreads, en tu blog y foros.

d) Reaccionas y te das cuenta que te has pasado cuatro paraderos.

e) Piensas a cuanto podrías venderlo.


5. Es Navidad y habrá intercambio de regalos. Pides...

a) Lo último de algún autor rebuscado que solo venden en el extranjero.

b) Cualquier libro que vendan en supermercados o kioskos. 

c) Audífonos nuevos. 

d) Lo que te han pedido a ti en otro intercambio.

e) Trago.


6. Llegas al Banco y hay una colaza...

a) No voy al banco, mando a otros que se encarguen de pagar las cuentas.

b) Aprovecho de avanzar con el libro que llevo en ese rato.

c) ¿Cola? Todo se paga por internet ahora, men.

d) Reniego porque trabajo en el Banco y estoy harto de tener que atender en ventanilla.   

e) A jugar con el celular nomás.


7. Tu autor favorito ha publicado su última obra, pero no tienes plata...

a) Le pides a algunos de tus amigos libreros que me presten o fíen, soy cliente Platinum.

b) Lo sacas de la biblioteca.

c) Siempre hay alguien que te puede pasar el PDF.

d) Lees parado un capítulo todos los días, en tiendas diferentes para que no sospechen. En dos semanas, lo acabas.

e) ¿Autor favorito? Nah. 


8. SI pudieras irte de juerga a lo "¿Qué pasó ayer?", elegirías a...

a) Vila Matas, Pynchon, McEwan.

b) Vargas Llosa, Rosa Montero, Bob Dylan.

c) Renato Cisneros, el Mox, Stephen King

d) Estoy misio así que solo a "Anónimo", total escribió Las mil y una noches y Lazarillo de Tormes.

e) Con Yahaira Plasencia, Tilza Lozano y Milett Figueroa. Ni que fuera gilazo para ir con viejos.


9. El libro que te cambió la vida es...

a) Ulises - James Joyce

b) La palabra del mudo - Julio Ramón Ribeyro

c) Cualquiera de Harry Potter

d) Piense y hágase rico.

e) Ninguno


10. Tu biblioteca personal...

a) Esta organizada por secciones - autores en orden alfabético - editoriales.

b) Es pequeña, pero bonita.

c) Está organizada en carpetas, subcarpetas, PDF o Epub.

d) Era bien chevere, hasta que mi mamá se la regaló al ropavejero.

e) Me la regaló una señora del barrio (soy ropavejero).


Mayoría de a): Lector VIP. Aunque algunos te consideren snob o un friki, si ser lector fuera una profesión, tu tendrías doctorado. En ti confluyen una gran pasión por los libros, el tiempo y los medios económicos para disfrutar de la lectura. pero no olvides que allá afuera también hay un mundo de cosas sin papel y sin letras. 

Mayoría de b): Lector promedio. Disfrutas con la lectura sin llegar a fanatismos, pues tienes muchos otros hobbies. Leer te sirve para relajarte y desconectarte del mundo, no para complicarte la vida. Tal vez podrías arriesgar y buscar lecturas que te saquen de tu zona de confort.    

Mayoría de c): Lector millennial. Complementas bien tu gusto por la lectura con las nuevas tecnologías. No te haces problemas por no tocar, oler o sentir el papel. Pero no es oro todo lo que tiene versión en Netlifx o lo que recomiendan youtubers. Quizás debes abrir tu perspectiva y probar libros aunque no estén de moda.   

Mayoría de d): Lector heroico. Tu eres de los míos, men. Aunque estes quebrado, con sobrecarga laboral y fregado, no dejas de leer ni pierdes el buen humor. La lectura te sirve para aislarte un poco de la realidad cotidiana. No te olvides que existen bibliotecas públicas y vale pedir prestado a tus amigos.

Mayoría de e): ¿Lector? Te gustan los libros, pero no para leerlos. Haces la finta nomás ¿No serás booktuber?

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miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Cuántos libros vale la pena tener en casa?

miércoles, 3 de octubre de 2018

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SPOILER ALERT: No tengo idea de la respuesta, pero creo que vale la pena hacer un ejercicio sobre este tema. 

Todos vamos a morir y no nos llevaremos nada al otro mundo. Solo cuando alguien cercano fallece nos damos cuenta de esto y, pasando a un tema quizás más frívolo, me pregunto si es lógico seguir comprando y comprando libros que se convertirán en polvo como nosotros mismos. 

Por si acaso, aquí somos superhinchas de los libros físicos, así que la pregunta de si vale la pena tener libros en casa (obviamente, me refiero a libros en papel o, por decirlo de una forma "de carne y hueso") está para mí zanjada y no me extenderé mucho en ese tema. Solo diré que los libros digitales son muy útiles pero, al menos yo, y estoy seguro que la mayoría, por un buen tiempo, seguirá prefiriendo los libros que pueden tocarse y olerse.

Entonces, queda claro que hay que tener libros en casa pues, como dice el viejo adagio "una casa sin libros, es como un cuerpo sin alma". La pregunta es ¿cuánto sería lo recomendable? Como para tener, quizás no el alma de la Madre Teresa de Calcuta, pero al menos algo que llevar al purgatorio o al infierno ¿no? Y últimamente hemos comprobado como algunos jueces están obsesionados por la cantidad de "libros".

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Un punto de partida puede ser empezar sabiendo cuántos libros tenemos actualmente en nuestra morada. Aunque parezca extraño, mucha gente no lo sabe. Yo, por ejemplo. Y no soy el único, como se relata en este artículo de Letras Libres. Sin embargo, también eso es complicado. Si bien en aplicaciones como goodreads hay listas de los libros que uno posee, en mi caso esa relación nunca es actual, va cambiando constantemente, con todos los libros que me regalan, algunos que compro y los que vendo, regalo, un constante fluir de entrada y salida. Además está el tema de qué libros "cuentan" y cuáles no, como el caso de las fotocopias o los que están muy desgastados ¿En busca del tiempo perdido cuenta como uno o como siete? ¿Y un tomo de "Obras completas" cuenta como uno o como varios? En mi caso, casi nunca adquiero los volúmenes recopilatorios, prefiero agenciarme los libros sueltos, como comenté hace tiempo. Si revisamos una de las últimas encuestas al respecto, la mayoría de personas en nuestro país no tiene más de 20 libros en los estantes. 

Soslayando algunos de estos casos límite, más o menos se puede tener una idea aproximada de la cantidad de libros que ocupan nuestra vivienda. En mi caso, deben ser unos 300. A veces siento que no son tantos y que me faltan muchos que me gustaron y me gustaría tener, supuestamente, para releerlos o para revisar alguna frase o algo que no me quedó muy claro. También puedo usar la excusa de mi padre que compraba "para el niño", lo que está justificado incluso por algunos especialistas que refieren que un hogar con más de 500 libros da una ventaja escolar de 3 años a los engendros. Como yo no tengo critters, aún no puedo emplear esa salida, pero la tendré en cuenta.

Quizás la mejor forma de decidir cuántos libros tener, sea "preguntándole" a la casa misma, es decir, analizando fríamente el espacio del que se puede disponer. Muchos desearían una habitación especial para la biblioteca, pero en los departamentos cada vez más liliputienses que nos ofrece la vida moderna, esto es casi inviable. Tenerlos en el dormitorio es una opción común o, mejor, en la sala, para pavonearse ante las visitas (las cuáles la tendrán más fácil al momento de "llevarse un recuerdo"). Un amigo tiene tantos libros que los guarda en cajas y bolsas, y se le han perdido algunos o tal vez varios, ni él lo sabe, porque encerrados y lejos de la luz llevar el control es difícil, además que se condena a estos bellos adminículos a la humedad y el deterioro. Un libro no se merece estar prisionero. Si no puedes darle una vivienda digna en un estante medianamente decente o si terminan ocupando rincones de la cocina o hasta el baño, es una señal claro que tienes demasiados.

No puedo dejar de mencionar lo que, en sus Prosas apátridas, reflexionaba Julio Ramón Ribeyro sobre esto (y eso que en esa época no existía el e-book):

“La biblioteca personal es un anacronismo. Ocupa demasiado lugar en casas cada vez más chicas, es oneroso formarlas, nunca realmente se las aprovecha en proporción a su costo o volumen. Un libro leído, además, ¿no está ya en nuestro espíritu, sin ocupar espacio? ¿Para qué conservarlo, entonces? ¿Y no abundan ahora acaso las bibliotecas públicas, en las que podemos encontrar no sólo lo que queremos, sino más de lo que queremos? La biblioteca personal responde a circunstancias de tiempos idos: cuando se habitaba el castillo o la casa solariega, en los que por estar aislados del mundo era necesario tener el mundo a la mano, encuadernado; cuando los libros eran raros y a menudo únicos y era imperioso poseer el codiciado incunable; cuando las ciencias y las artes evolucionaban con menos prontitud y lo que contenían los libros podía conservarse vigente durante varias generaciones; cuando la familia era más estable y sedentaria y una biblioteca podía transmitirse en la misma morada y habitación y armarios sin peligro de dispersión. Estas circunstancias ya no se dan. Y sin embargo hay locos que quisieran tener todos los libros del mundo. Porque son demasiado perezosos para ir a las bibliotecas públicas; porque se cree que basta mirar el lomo de una colección para pensar que ya se ha leído; porque uno tiene vocación de sepulturero y le gusta estar rodeado de muertos; porque nos atrae el objeto en sí, al margen de su contenido, olerlo, acariciarlo. Porque uno cree, contra toda evidencia, que el libro es una garantía de inmortalidad y formar una biblioteca es como edificar un panteón en el cual le gustaría tener reservado su nicho”.

Supongo que llega un momento de la vida en que ya no se puede seguir pensando en comprar libros, sino en comprar una casa más grande donde guardar esos libros. Tal vez eso sea lo que algunos llaman "madurez".
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sábado, 29 de septiembre de 2018

¿Cómo elegir que libro leer? (Parte 2)

sábado, 29 de septiembre de 2018

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Me gustan los libros en que nuestros autores favoritos se convierten en nosotros, es decir, en lectores y por un momento bajan del pedestal en que los tenemos y nos confiesan cuáles son sus preferencias y quiénes son sus ídolos. Como esbocé la semana pasada, esta es una buena forma para elegir que leer o descubrir nuevas lecturas.



Algunos de estos pueden ser libros de crítica, artículos, presentaciones, prólogos y hasta diarios como La tentación del fracaso. En una anotación del 27 de enero de 1978, Ribeyro revela su "lista de convocados" a algo así como una imaginaria selección ideal de todos los tiempos y creo que fue la primera vez que sentía la admiración de un escritor hacia sus colegas, lo que me sorprendió. En general en varias entradas de ese diario hay menciones y recomendaciones indirectas de toda clase de obras. Ribeyro también tiene una compilación de ensayos breves, La caza sutil, con el que descubrí a Perec y el OuLiPo, me animé a leer Ejercicios de estilo, Bajo el volcán, Rojo y negro y hasta La tierra prometida de Sofocleto. ¿No fue el propio Julio Ramón el que dijo algo así como que a uno realmente le gusta un autor cuando trata de seguir sus preferencias literarias?



El que es una auténtica máquina de referencias es Borges, toda su obra lo es. Por él me animé a leer a De Quincey y a Buzzati, que casualmente también están en el equipo titular de Ribeyro. Tanto en Prólogo con un prólogo de prólogos como en Biblioteca personal comenta varios libros, incluso a veces el mismo en ambos volúmenes, como La piedra lunar y Bartleby el escribiente o reincide en autores como Kafka, Schwob y Quevedo. Se puede encontrar más comentarios en  sus libros "por países" como Introducción a la literatura inglesaIntroducción a la literatura norteamericana y Antiguas literaturas germánicas, las compilaciones de sus textos para revistas como Borges en Sur, Borges en El hogar y Textos cautivos. Además las obras que dedicó a comentar a un autor en particular como Evaristo Carriego, El Martín Fierro y Nueve ensayos dantescos. Sin contar sus exposiciones en Siete noches o Borges Oral y sus artículos en Inquisiciones, Otras inquisiciones, Discusión... en fin. Y seguro se me están pasando varias.



Bolaño también es un caso de múltiples (y a veces polémicas) opiniones sobre los integrantes de su propio gremio. No soy un buen hincha del chileno, tal vez lo fui un tiempo pero, luego de devorar muy rápido lo mejor de su producción y ante las innecesarias exhumaciones de sus inéditos sin corregir, solo para seguir explotando al cadáver y a los fans de este escritor, muchos de ellos insoportables; terminaron matando el cariño bolañiano. Sin embargo, digo sin ambagues que, aunque es un conjunto disperso de textos, Entre paréntesis es un libro genial, en el que menciona varios nombres que jamás había escuchado y menos leído (Oswaldo Lamborghini, Rodolfo Wilcock, Antoine Bello y muchos más) y los comenta con un entusiasmo, pasión e inteligencia que conmueve. También tiene algunos ensayos en El gaucho insufrible.

No podemos dejar de mencionar a Vargas Llosa que ha escrito libros exclusivamente para exhibir su fervor por narradores como Gabo (Historia de un deicidio), Flaubert (La orgía perpetua), Víctor Hugo (La tentación de la imposible), además de libros sobre Arguedas o el Tirant lo blanch. Pero su libro de coments por excelencia es La verdad de las mentiras, un auténtico "Plan Lector", mejor que muchos, que he tratado de seguir, he leído de 18 los 35 libros que reseña. Sus opiniones son iluminadoras, nunca spoilea y aunque la selección, como todas, puede ser cuestionada (no aparece Kafka, Musil y solo un latinoamericano) vale la pena. También tiene su ranking de autores favoritos, respecto a ciencias sociales: La llamada de la tribu.

Fernando Iwasaki no se queda atrás con sus Arte de introducir, Desleídos y efervescentes y Nabokovia peruviana. Todos con interesantes puntos de vista de obras de autores conocidos y algunos casi ignotos. Luis Loayza también se luce con Sobre el 900, El sol de Lima y Libros extraños con comentarios elegantes y atinados. 



Existen, obviamente, muchos otros libros de reseñas, opiniones o critica sobre Greatest Hits de la literatura. Aunque no los he leído todos, una buena fuente de info se encuentra en la Obra crítica de Cortázar, El amor de mi vida de Rosa Montero, Último inventario antes de liquidación de Frédéric Beigbeder, La infancia perdida de Graham Greene, entre otros. ¿Aún no sabes cuál elegir? En ellos hay recomendaciones hasta el fin de los tiempos.
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jueves, 20 de septiembre de 2018

¿Cómo elegir que libro leer? (Parte 1)

jueves, 20 de septiembre de 2018

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Hemos hablado antes de los difícil que es recomendar libros y, a pesar de eso, hemos recomendado 10 libros para gente que no le gusta leer. A pesar de eso, existe algo aún más difícil: recomendarse a sí mismo, es decir, la interrogante del título.



Parece una cuestión innecesaria, y de hecho lo es cuando uno aún es joven: hay tanto por leer que lo que menos falta son obras para escoger. Pero cuando pasan los años, el tiempo se vuelve más escaso y uno toma conciencia de que no sabe cuantos libros podrá leer en su vida. Hasta cierta época, uno puede decir que ha leído libros mediocres. Pero llega un tiempo en que los libros no son mediocres, sino que uno es mediocre eligiendo.

En los inicios como lector uno lee lo más accesible, lo que tiene en su casa o lo que le prestan pues, al menos en mi caso, paraba más misio que el Chavo. Es difícil darse el lujo de elegir, se come lo que hay. Mas luego las opciones, tentadoras, nos rodean y van en aumento junto al presupuesto e Internet es un continuo proveedor de nuevos descubrimientos.

Como nadie es millonario -y menos en horas libres para la lectura- debe escogerse cuidadosamente cuáles serán los causantes de nuestros desvelos en las próximas semanas. Hablemos de métodos para elegir:

1. Mismo autor: La forma más común es seguir leyendo libros del mismo escritor que nos gusta, con el riesgo de agotar toda su producción en relativamente poco tiempo. Prefiero ir graduando para evitar sobredosis y sobre todo para no quedarme sin su voz tan pronto. Siento una profunda lástima cuando sé que estoy leyendo el último libro de aun autor y que no volveré a escucharlo nunca más.

2. Recomendaciones de amigos: Otra alternativa es guiarse por recomendaciones de amigos, aunque no todos tenemos muchos que sean lectores y menos con nuestros mismos gustos. Las referencias en la web no siempre son confiables (lo mismo pasa en las películas si nos basamos en imdb).

3. Premios: Un criterio muy común. Hay gente que se anima por los ganadores del Alfaguara, Planeta, Herralde etc. o el más clásico de todos: el Nobel. Y las librerías lo saben y ese mismo días llenan sus vitrinas con el más flamante laureado. Los que confían mucho en ese método se perderán de Joyce, Kafka, Borges y muchos más, supongo.

¿Qué hacer entonces? He usado alguna vez cada uno de esos métodos. Creo que lo mejor para inclinarse por un libro no es confiar en amateurs (es decir, no en mí) sino seguir a los expertos: los propios escritores ¿Cómo? La respuesta, la próxima semana.
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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Las 5 librerías que más me han gustado

miércoles, 12 de septiembre de 2018

2 floritos
Tantos lugares. Me gustan las librerías de viejo, de libros usados, donde todo es más barato y la atención más personal. Por eso en esta lista no estará ninguna sucursal de cadenas grandes. Son mis gustos :). Creo también que no es lo mismo una "buena librería" o la mejor librería que la librería "más bonita". Esto último a veces me suena algo superficial, como si lo importante es que salga bien para la foto aunque los libros que tenga sean una desgracia, el ambiente incómodo y los precios un robo. Existen criterios menos frivolones y de, hecho, el premio a la mejor Librería del Mundo. Por eso, reconociendo mi subjetividad solo haré un Top de gustos personales. Para que sea más democrático, y de paso darle un sonrojante intento de cosmopolitismo, no repetiré dos de un mismo país.

5. La ciudad - Buenos Aires: Seguramente se esperaban aquí El Ateneo Splendid. Pues no. Es muy difícil elegir una librería en Buenos Aires. De las innumerables que tiene me quedo con la impresión que me causó La ciudad. Encontrarse medio metida en una galería, como con cierto pudor y, a la vez, lucir sus puertas de vidrio, haciendo alarde de exhibicionismo le dan un aire más de tienda indie de vinilos que de librería (esto me ha hecho notar que en todas las demás tiendas que escogí ninguna tiene una una vidriera, todas son cerradas, como si los libros son algo que debe cuidarse y protegerse, no mereciendo ser posados por los ojos de los no iniciados). También me agradó que sentí que había un poquito menos de bulla y multitud que en las librerías de Corrientes o Florida. Llámame pacato o elitista, me da igual. Además era una de las favoritas de Borges, que vivía al frente y aquí celebró sus Dialógos con Sábato. Decidido: me convenció esa mixtura de tradición con frescura.



4. Galileo - Lima: No cuento el Centro Cultural Quilca porque era un conjunto de tiendas y no una librería, además ya no existe. Pero en Galileo, que estaba ubicada en Jirón Camaná antes de mudarse a su actual ubicación, encontré varias primeras ediciones de Ribeyro, Arguedas y otras que nunca más he vuelto a ver a precios que hasta daban ganas de pagar un poco más. Fue la primera librería "grande" o que me pareció así, en la cual sabía que no podría ojear todos los libros ni siquiera en varias visitas. Además creo que es la única librería de viejo en Lima en la que vendían partituras. Aunque haya tenido que reducir su magnificencia desde el cambio de domicilio y tener que ocultar sus tesoros en un rincón medio oscuro y húmedo, siempre tendrá un amplio y fresco espacio en mi corazón. Otras menciones honrosas de mi ciudad: Daniel Rivera (el librero frente a la PUCP) y el local de Abelardo en el pasillo A de Amazonas.







3. Las tres cruces - México D.F: Esos días recorrí las laberínticas extensiones de la FIL de Guadalajara por gusto. La feria de libros en español más grande del mundo no tenía un simple recopilatorio de un conocido autor mexicano vivo que me habían encargado. Y lo mismo me paso en todo tipo de tiendas, en ambulantes del centro y grandes cadenas. Hasta que llegué a Las tres cruces. La primera vez quedé tan impactado - era la librería de libros usados más grande que había visto hasta entonces y eso que había visto otras en esa extraordinaria ciudad- que pensé: "tengo que examinarla con calma". Así que me fui a otro lado, y cuando traté de regresar, me perdí en ese simpático laberinto de chalets de apariencia inofensiva pero llena de historias que es Coyoacán. No podía dejarla. Volví, otro día, era un poco tarde y, tal vez fue mejor porque la tuve enteramente para mí. Y claro, encontré el libro requerido (de hecho dos ejemplares) y bueno, es la única librería en la que he visto que metan una camioneta dentro, como para que se den una idea de su extensión. 


2. Shakespeare and company - París: Poco puedo decir de un lugar del que se ha escrito bastante. De visita obligada para cualquier joyceano que se respete. Mentiría si digo que me parecieron excelentes las ofertas o la atención (cuando entré solo tenía dinero para almorzar el Mcdonald's más barato). Lo que me sobrecogió de esta librería es que es más que eso, su carácter casi divino, como si estuviera nuevamente en Sacre Coeur. Esa sensación de estar en una iglesia donde la gente entra en silencio, está prohibido tomar fotos y casi se puede tocar el amor por la literatura, pisar un suelo donde los que peregrinan hasta allá exudan fe al arte de las palabras. Una experiencia prácticamente religiosa.



1. Merlín - Bogotá: Seguro piensas que exagero, porque solo he ido tres veces pero es la única librería en la que retrocedí a mi infancia y volví a sentir lo mismo que cuando entraba a una juguetería de niño: la magia, la alegría, ese momento en que parecía entrarse a un mundo nuevo y se cruzaban las fronteras entre las realidad y la fantasía. Una auténtica casa tomada de libros, donde hay volúmenes en todas las habitaciones, las escaleras y hasta el baño, existen salas enteras de géneros que ni siquiera se te habían ocurrido, a precios razonables y sabes que puedes obviar el cartel de "prohibido tomar fotos" porque estás como en casa. Una vez le pregunté a un amigo bogotano, que vive lejos del centro, y me dijo que no conocía esta maravilla bibliográfica. Me di cuenta que había encontrado un sitio especial.



Finalmente, supongo que la mejor librería es aquella en la que no tienes que gastar ni un centavo para sentir que eres feliz dentro. O aquella que aún no conozco y está esperando a ser descubierta.
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