
La ausencia de Ribeyro se siente más en días como estos, cercanos a la fecha de su partida. Esta sensación aumenta cuando parecería que no queda nada más por leer de él, ante la improbable idea, al menos a corto plazo, de que se publiquen las partes faltantes de sus diarios, cartas u otros escritos póstumos.
Sin embargo, de vez en cuando se puede encontrar algo. Por ejemplo, sus Cartas a Luchting (1960-1993) editadas...