
Qué puedo decir. Hasta ayer todos mis autores de cabecera estaban muertos menos uno. Hoy no puedo decir lo mismo. Ya no podré pedirle un autógrafo, como algún día pensé. Y es que la muerte solo tiene intermitencias en sus maravillosas ficciones, pero no en la realidad que vivimos.
Ahí están sus libros. Es suficiente para decir que no falleció. Qué tiene cuerda para rato. De hecho estaba escribiendo una nueva novela, sobre el...