"¿A quien le importa la política cuando hay llamas ardiendo en su interior? ¿A quien le importa la política cuando uno arde de ganas de vivir? ¿De ganas de todo lo que está vivo? A mí por lo menos no." (p. 183) ¿El spoiler viene desde el título? Solo si se considera la muerte, algo que todos sabemos que tarde o temprano sucederá, como algo imprevisible. Casi, casi como las segundas vueltas en el Perú que son, aunque parezca un oxímoron, un albur predecible. Mi lucha de Karl Ove Knausgård tiene 6 partes, la nuestra (contra el mal mayor) ya va en la cuarta, por lo menos. Ambos candidatos tienen su padre a cuestas: en el caso de una, es literal; en el otro, es más simbólico: es su creador, o al menos el creador del look con sombrero encima (y con Pedro Francke como ministro de economía). Uno de los padres ya murió, pero curiosamente es el que está más vivo en las promesas de gestión. Como en esta segunda vuelta, la novela también se mueve entre los dos extremos: el de la infancia-adolescencia del autor, etapa ridícula e inmadura, y el de la vejez del padre y de la abuela, decrépita y deprimente, ambas distintas formas de expresar el inevitable paso del tiempo y ese momento que llegará por más que cerremos los ojos o votemos en blanco, inexorable como el 7 de junio. La novela tiene su propio ritmo que puede ser muy lento. Hay que tener paciencia con los adolescentes, con los Bildungsroman, con los hijos, con la vida, con la política, con la situación del país, y a veces vale la pena. También con este libro (la primera parte me hizo pensar en Boyhood). Hay grandes reflexiones, como la que se plantea en las primeras páginas u otras sobre el lenguaje y su relación con nuestra cosmovisión del mundo o de la muerte (p. 252-255), por ejemplo: El lenguaje lo cambia todo, nos hace ver distorsionada la realidad, se nos ocultan las muertes (las de los 90 y las actuales). La muerte existe aunque no se pueda expresar con el lenguaje, nadie puede decir que se siente estar muerto, pero eso no significa que ello no exista. Incluso si no puedo expresar porqué votaré como lo hago, no quiere decir que necesariamente no tenga argumentos, supongo. Lamentablemente, como con los debates, no podemos negar lo innegable y aburridísimo de muchas páginas: todas las veces que relata cuando se sirve café o mira por la ventana, descripciones de la calle y el cielo, los detalles del vuelo de una mosca (p. 322) o recuerdos del mundial Francia 98 (p. 300) (había olvidado que Noruega le ganó a ese Brasil de leyenda, quizás no debió sorprendernos tanto que en la final luego les metieran tres pepas). Uno de los clichés de las campañas electorales y de los políticos es el clásico "Piensen en sus hijos", como si uno no lo hiciera, quiera o no, todos los días. Algo muy presente en este libro, con algunos de los mejores testimonios sobre el tema (p. 41-47), mucho más realista y sentido que tantos libros sobre la paternidad como Literatura infantil, Algún día te mostraré el desierto, Demasiada responsabilidad etc. Antes tener un hijo era diferente: Cada paternidad es distinta y no hay forma de conocerla por completo, aunque nos metamos a vivir a una casa: Aunque existe "una tercera posibilidad" en una segunda vuelta, eso en la práctica es no optar por ninguna. Todo porque es más "práctico", porque así no nos sentiremos mal, ni queremos asumir el peso de nuestras decisiones. A veces, ni pesos muchísimo menores, cuando los candidatos tienen tremenda mochila encima y ni les importa: Habrá que asumir el maleteo o, al menos, la carga de lo que marquemos: yo votaré por Roberto Sánchez. Otras elecciones: Elecciones 2011: Vida y destino - Vasili Grossman Elecciones 2016: Historia de la corrupción en el Perú - Alfonso W. Quiroz Elecciones 2021: Jardines de Kensington - Rodrigo Fresán feat El Quijote"Esta parte de la muerte que pertenece al cuerpo y es concreta, física, material, esa muerte se esconde con un esmero tan grande que roza con la obsesión, y funciona. Basta con oír cómo se expresan las personas que sin querer han sido testigos oculares de accidentes mortales u homicidios. Siempre dicen lo mismo, fue completamente irreal ,aunque quieren decir lo contrario. Fue muy real. Pero ya no vivimos en esa realidad. Todo se nos ha puesto patas arriba, para nosotros lo real es irreal, lo irreal real. Y la muerte, la muerte es lo último grande del exterior. Por eso hay que ocultarla. Porque la muerte está fuera del nombre y fuera de la vida, pero no está fuera del mundo" (p. 259)
"(...) así era mi padre y muchos otros padres, porque eso era a finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando lo de ser padre implicaba algo distinto y menos extenso, al menos en lo práctico, que hoy en día" (p. 284).
"(...) siempre me había gustado pasar la noche en casa de otras familias, tener una cama hecha, llena de cosas desconocidas, toallas amablemente colocadas, y luego introducirme en la vida privada de esa familia, a pesar de que siempre, independientemente de qué familia se tratara, había en ella algo desagradable, porque aunque cuando hay huéspedes se intenta mantener a raya las tensiones que pueda haber, estas se perciben siempre, y no puedes saber si han surgido debido a tu presencia, o si es algo que simplemente flota en el aire, y tu presencia, al contrario, contribuye a disminuir. Una tercera posibilidad era, claro está, que todas esas tensiones simplemente fueran "tensiones" que vivían su vida en mi cabeza" (p. 288)
"Odiaba las ruedecitas de las maletas, en primer lugar porque eran femeninas, y por ello indignas de un hombre, un hombre tenía que cargar cosas, no hacerlas rodar, y en segundo lugar porque proporcionaban la idea de algo fácil, del atajo, del ahorro, de la sensatez, algo que yo aborrecía y a lo que me oponía siempre que podía, incluso cuando se trataba de algo nimio e insignificante. ¿Por qué íbamos a vivir en un mundo sin sentir el peso de ese mundo?" (p. 270)
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5 jun 2026
"La muerte del padre" - Karl Ove Knausgård
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