
Antes todo era más fácil. Al menos ir al cine si lo era. No se necesitaba casi nada, ni compañía. Ir al cine solo es una de mis manías. No me da roche, ni me siento mal, al contrario. Es más fácil que ir con alguien. Con otra persona hay que coordinar horarios, fechas, lugar (que sea en un punto medio del domicilio de ambos) y, lo más difícil, que ambos quieran ver la misma película. Y eso, sin contar las costumbres de cada...